Un reciente análisis publicado en la revista científica PLOS One ha puesto en evidencia que los relojes inteligentes tienden a exagerar las calorías quemadas, con un margen de error que oscila entre el 15 % y el 25 %. La investigación, realizada con 58 adultos en un entorno de laboratorio, advierte sobre los riesgos de confiar ciegamente en estos datos para planificar comidas o entrenamientos.
El equipo, encabezado por Jason Kostrna, doctor y profesor asociado de psicología del deporte en la Universidad Internacional de Florida (FIU), empleó la técnica de calorimetría indirecta —que mide el intercambio de gases durante la actividad física— para calcular el gasto energético real. Luego contrastó esos valores con las estimaciones de los dispositivos. Un dato relevante: el error se incrementaba conforme aumentaba el porcentaje de grasa corporal de los voluntarios.
Los dispositivos no miden calorías directamente, sino que las estiman mediante algoritmos

Los smartwatches no cuentan con un sensor directo para las calorías. Adam Lepley, doctor y director del laboratorio en la Facultad de Kinesiología de la Universidad de Míchigan, explicó que estos equipos “registran señales como el movimiento, las ondas ópticas del pulso o la ubicación, y luego usan algoritmos para estimar variables como las calorías quemadas”. El especialista agregó que los errores pueden acumularse por factores como el ruido del sensor, la posición de la muñeca o las diferencias fisiológicas entre las personas.
Kostrna complementó esa idea señalando que “aunque el reloj mida bien la frecuencia cardíaca o el movimiento, eso no garantiza que pueda traducir esas mediciones en una estimación igualmente precisa de calorías quemadas”. En cuanto al tono de piel, el estudio no encontró incidencia en los resultados, aunque los autores aclararon que la muestra abarcaba un rango limitado de tonalidades y condiciones de ejercicio.
Tratar el dato calórico como exacto puede resultar contraproducente

El mayor riesgo se presenta cuando los usuarios interpretan el número de calorías como una cifra infalible. “Me preocupa que alguien use esa estimación como un sistema contable: ‘Mi reloj dice que quemé 600 calorías, entonces puedo comer 600 calorías adicionales’. La tecnología aún no admite ese nivel de precisión”, advirtió Kostrna.
Por su parte, Amanda Velazquez, doctora y directora de medicina para la obesidad en el Centro Médico Cedars-Sinai, subrayó que el conteo calórico en general —ya sea digital o no— puede ser problemático. “Aconsejo a mis pacientes dar un paso atrás y ver la nutrición de forma más integral, centrándose en la calidad de los alimentos”, indicó, según recogió Prevention. En personas con trastornos alimentarios, ese seguimiento puede intensificar la ansiedad y provocar una ingesta insuficiente de nutrientes.
Especialistas recomiendan usar estos dispositivos para observar tendencias, no cifras aisladas

A pesar de las imprecisiones detectadas, los expertos no desaconsejan el uso de relojes inteligentes. Lepley, quien emplea uno para su propio monitoreo, destacó que ofrecen valor real cuando se usan para observar patrones en el tiempo. “Son muy útiles para rastrear comportamientos y monitorear evoluciones, especialmente en actividad diaria, conteo de pasos y frecuencia cardíaca”, dijo.
Kostrna sugirió complementar los datos del dispositivo con la percepción subjetiva del esfuerzo: prestar atención a la frecuencia cardíaca, la duración del ejercicio, la distancia y el ritmo, y preguntarse cómo evolucionó el rendimiento a lo largo de las semanas. “Un reloj inteligente puede aportar información útil a ese panorama, pero no debería reemplazarlo”, sintetizó.
El estudio se inscribe en una línea creciente de investigaciones que cuestionan la precisión de los rastreadores de actividad física. Según datos del Centro de Investigación Pew —organización de estudios de opinión pública con sede en Washington D.C.—, al menos el 21% de los adultos estadounidenses ya utilizaba estos dispositivos en 2019, cifra que ha seguido en aumento.
Fuente: Infobae