Madre costarricense logra casa propia con 850 bloques de plástico reciclado

En el barrio Lámparas de Alajuelita, una localidad cercana a San José, Costa Rica, una vivienda de apariencia común esconde una característica excepcional: sus paredes se levantaron con 850 bloques elaborados a partir de siete toneladas de plástico reciclado. La casa fue entregada en mayo de 2018 a Cindy Mora y su hijo Fabrizio, dentro de un proyecto que buscaba convertir residuos en soluciones habitacionales.

Cindy Mora, empleada doméstica y madre soltera, había ahorrado durante nueve años con la meta de adquirir un terreno propio. Su hijo Fabrizio tenía seis años cuando el proyecto comenzó. Consiguió un préstamo para comprar un pequeño lote en el barrio, pero la deuda consumió los fondos que habría destinado a construir.

La situación se transformó tras contactar a Hábitat para la Humanidad Costa Rica. La organización evaluó su situación socioeconómica y verificó que el terreno cumplía con los requisitos para iniciar la obra. Se aliaron con Procter & Gamble, Urbarium y Ekojunto para edificar una vivienda permanente en el lugar que Mora había logrado tras casi una década de esfuerzo.

Los desechos se convierten en muros

Las paredes se fabricaron con módulos llamados Bloqueplas, desarrollados por Ekojunto. Estas piezas se ensamblan entre sí como si fueran bloques de Lego, lo que permitió montar los muros rápidamente con ayuda de voluntarios bajo supervisión técnica.

En una planta industrial, botellas de plástico se transforman mediante un proceso de reciclaje en ladrillos de construcción apilados en paletas, supervisado por un trabajador. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para producir los bloques se emplearon botellas, bolsas, envases y otros plásticos recuperados, suministrados mediante el programa social de Procter & Gamble. El material se procesó hasta obtener las piezas que formaron la estructura de las paredes. El objetivo era demostrar que grandes volúmenes de residuos podían tener una aplicación constructiva.

Urbarium coordinó la instalación de los bloques en el terreno. Este sistema ya se había probado en construcciones menores, pero era la primera vez que se utilizaba en una vivienda unifamiliar completa. Según los documentos del proyecto, las piezas fueron diseñadas para cumplir con el código sísmico de Costa Rica vigente desde 2010.

La casa conservó elementos tradicionales

El plástico reciclado solo se empleó en las paredes. Los cimientos, el techo, las instalaciones sanitarias, el cableado eléctrico, puertas y ventanas se realizaron con materiales y técnicas convencionales. Tras el montaje, los muros fueron revestidos y pintados, por lo que la vivienda tiene un aspecto similar al de otras casas modestas de la zona.

La construcción comenzó en abril de 2018 y la entrega de llaves ocurrió el 26 de mayo de ese año. Se requirieron más de 800 horas de trabajo voluntario, principalmente de empleados de Procter & Gamble, técnicos y miembros de las organizaciones participantes. Los organizadores no revelaron el costo total de la vivienda ni hay datos públicos para compararlo con una construcción tradicional en el mismo barrio.

Botellas de plástico. (Rungroj Yongrit/EFE)

Para Cindy Mora, la casa solucionó una necesidad que arrastraba desde que compró el terreno. Antes vivía con sus padres y su hijo en una habitación de la vivienda familiar. La entrega le permitió establecerse de forma permanente en el lote que adquirió tras nueve años de ahorro y darle a Fabrizio un hogar propio sin salir de su vecindario en Alajuelita.

Fuente: Infobae

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