Lee Chang-dong: el cineasta que conquista Venecia con su nueva obra

Cuando se habla de los grandes directores de cine de Corea del Sur, nombres como Park Chan-Wook (Oldboy, No hay otra opción) y Bong Joon-Ho (Parásitos, Memories of Murder) suelen encabezar la lista. También están el fallecido Kim Ki-Duk (Hierro 3, Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera), el prolífico Hong Sang-Soo (que estrena varias películas al año) y los amantes de la acción como Kim Jee-woon (Encontré al diablo) y Na Hong Jin (The Chaser, Hope). Pero aparte de todos ellos, hay un cineasta menos conocido, de ritmo pausado y que acaba de ser premiado en el Festival de Venecia: Lee Chang-dong.

Pintor frustrado, novelista de éxito y exministro de Cultura, Lee Chang-dong impone con sus modales tranquilos —asegura que, como Clint Eastwood, nunca alza la voz en los rodajes— y su larga cabellera, que le da un aire de poeta maldito. Nació el 4 de julio de 1954 en Daegu, al sudeste de Corea del Sur. Estudió Literatura Coreana en la Universidad Nacional de Kyungpook, enseñó lengua en escuelas secundarias y se consolidó como novelista y dramaturgo en su país.

Ya cerca de los 40 años llegó al cine casi por casualidad: otro director lo contactó para escribir un guion, y él pidió un puesto de asistente de dirección como parte del trato. Tras escribir otro guion, finalmente decidió dirigir.

“Mi principal interés siempre han sido los seres humanos. Y creo que el cine es el mejor medio para mostrar algo sobre los seres humanos”, ha declarado.

Su ópera prima, Green Fish (1997), una crítica a la sociedad coreana vista a través de un joven metido en el hampa, cosechó múltiples premios y lo animó a seguir en el séptimo arte.

A partir de ahí, con intervalos cada vez más largos, creó una serie de películas que pueden calificarse sin duda de obras maestras: Peppermint Candy (1999), que cuenta la historia de un hombre en cronología inversa a lo largo de 20 años de historia surcoreana; Oasis (2002, León de Plata en Venecia), una brutal historia de amor entre un expresidiario con aparente discapacidad psíquica y una mujer con parálisis cerebral; Secret Sunshine (2007, mejor actriz en Cannes), un inolvidable relato donde el secuestro de un niño es solo el inicio de la broma cósmica que sufre una mujer; Poesía (2010, mejor guion en Cannes), donde una anciana enfrenta un inesperado golpe de realidad; Burning (2018), basada en una historia de Haruki Murakami; y ahora Un amor posible, galardonada este fin de semana con el Gran Premio del Jurado en Venecia, el segundo galardón más importante.

'Burning', de Lee Chang-dong

La “copa amarga” de un cargo político

Entremedio de todo, fue ministro de Cultura y Turismo de Corea del Sur entre 2003 y 2004, durante la presidencia de Roh Moo-hyun. Su nombramiento respondió a una promesa electoral de designar a una figura de la cultura y las artes, y no a un político de carrera. El cineasta ha dicho que nunca consideró el cargo adecuado para él.

“Tuve que aceptarlo como una de esas copas amargas que uno debe aceptar en el curso de la vida”.

En su gestión, aplicó una cuota de pantalla para el cine nacional e independiente y ayudó a impulsar la ola cultural conocida como Hallyu, ese boom de lo coreano que abarca desde pantallas hasta el K-Pop, resultado de políticas de apoyo al arte que buscaron consolidar la ‘marca Corea’ en el mundo. En octubre de 2006, el Gobierno francés le otorgó la Orden de la Legión de Honor por su aporte al mantenimiento de la cuota de pantalla como herramienta para promover la diversidad cultural. Sin embargo, su paso por la política fue breve: fue sustituido antes de un año tras conflictos con la industria por esa política de cuotas.

Ahora, este director que se define como “un tímido patológico” vuelve a la primera plana tras el estreno en Venecia de Un amor posible, que se estrenará en Netflix en noviembre.

“Vivimos en una época en la que el significado del trabajo se está desvaneciendo y las conexiones humanas se están rompiendo cada vez más. Hice esta película para preguntarme qué puede y qué debe hacer el cine en tiempos como estos”, dijo al recoger el galardón. “Considero este premio una señal de que quieren que siga planteándome estas preguntas”.

La cinta es la contendiente surcoreana para los Oscar, por lo que Lee Chang-dong se convertirá en uno de los principales ‘rivales’ de Los Javis (si son preseleccionados) en esa carrera. En los próximos meses, sin duda, escucharemos mucho más de él.

Fuente: Infobae

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