Luciérnagas regresan a reserva británica tras un siglo sin brillo

En la reserva natural de Nosterfield, ubicada en North Yorkshire, se ha documentado durante el verano el regreso de las luciérnagas luego de un proceso de reintroducción de larvas criadas en cautiverio. Estos insectos habían estado ausentes de este paisaje del norte de Inglaterra por más de un siglo.

La iniciativa fue liderada por un grupo de voluntarios y el ecólogo independiente Pete Cooper, quien obtuvo los permisos necesarios para recolectar una pequeña cantidad de ejemplares de un sitio donante local.

De acuerdo con información difundida por The Guardian, Cooper impulsó la reproducción en cautiverio y logró criar cientos de larvas —que se alimentan principalmente de caracoles— en un cobertizo de jardín en Bristol.

El proyecto operó con recursos limitados y los resultados tardaron en manifestarse debido a un factor biológico clave: estos insectos requieren dos años para alcanzar la etapa adulta. Aunque las crías fueron trasladadas al norte y liberadas por primera vez en 2024, fue recién este verano cuando aparecieron las primeras señales concretas de éxito.

La primera evidencia de resultados positivos

Pete Cooper reprodujo cientos de larvas de luciérnagas en Bristol con ejemplares autorizados de un sitio donante local

Los voluntarios del Lower Ure Conservation Trust llegaron a contabilizar hasta 12 hembras luminosas durante varias semanas consecutivas en esta temporada estival. Para Cooper, este hallazgo representó un gran alivio tras seis años dedicados a comprender las complejidades de la reproducción y liberación de la especie.

“Es un excelente primer indicador de éxito inicial”, declaró el ecólogo. Agregó que ahora “sabemos que las luciérnagas pueden completar su ciclo de vida en este lugar”, porque allí encuentran suficiente alimento y posibilidades de apareamiento.

El especialista explicó que las hembras adultas —que no vuelan— emiten luz para atraer a los machos, que vuelan poco y no brillan. Esta fase del ciclo biológico era crucial para determinar si la reintroducción podía prosperar en condiciones naturales.

Además del trabajo de campo, Cooper está desarrollando normas y directrices formales para la cría y liberación de estos ejemplares, así como la gestión adecuada del hábitat para garantizar que los sitios sean apropiados para el desarrollo de la especie.

La especie había desaparecido por cambios en el paisaje

El proyecto de reintroducción tardó en mostrar resultados porque las luciérnagas necesitan dos años para alcanzar la fase adulta (Imagen Ilustrativa Infobae)

La abundancia de estos animales en Nosterfield fue documentada en 1909 por el escritor Edmund Bogg, quien las describió como seres que “solían colgar sus lámparas de luz… como si fueran encendidas por las manos de seres feéricos (mágicos)”.

Sin embargo, en esa zona y en otras partes de Gran Bretaña, las luciérnagas fueron desapareciendo del campo. Según Cooper, esa pérdida se debe a una agricultura más intensiva, al desarrollo urbano, a las luces eléctricas y a una cultura de orden que eliminó los pastizales ásperos y variados que necesitan para sobrevivir.

De acuerdo con el artículo divulgado por The Guardian, en la región la extracción en cantera —terrenos donde se extraen rocas u otros materiales— fue el factor que provocó la desaparición local de la especie. Ese proceso alteró el entorno que requerían las luciérnagas y cortó su presencia durante más de cien años.

Desde 1997, cuando el fideicomiso adquirió sus primeras 29 hectáreas de cantera en desuso, el terreno se ha ido recuperando gradualmente. Grandes extensiones se han transformado en humedales y pastizales ricos en especies sobre piedra caliza magnésica. La organización benéfica prevé administrar pronto cerca de 243 hectáreas dedicadas a la vida silvestre.

El trabajo voluntario sostuvo la recuperación

La desaparición de las luciérnagas en Nosterfield se vinculó con la extracción en cantera, la agricultura intensiva, el desarrollo urbano y la pérdida de pastizales (Amy-Jane Beer)

Simon Warwick, director del Lower Ure Conservation Trust, señaló que el proyecto refleja “la pasión y el entusiasmo genuinos” de Cooper, así como su decisión de aportar su tiempo sin cobrar. También destacó el papel de los 80 voluntarios de la reserva, quienes ajustaron el manejo del hábitat para favorecer a la especie y monitorearon de cerca su aparición.

“Tenemos la gran suerte de contar con muchos voluntarios muy capacitados, además de nuestro excelente personal, que gestionan el terreno que permite que las luciérnagas se restablezcan en este paisaje tras una ausencia de más de 100 años”, afirmó el director.

Además, resaltó que se trata de una especie extremadamente rara en la región y aseguró que el entusiasmo entre los voluntarios fue muy grande. El predio, que hoy también alberga avetoros y aguiluchos laguneros, se ha consolidado como un espacio de restauración ecológica con resultados visibles en distintas especies.

La restauración del hábitat en la antigua cantera de Nosterfield convirtió el área en humedales y pastizales que favorecen la recuperación de la especie (Amy-Jane Beer)

Este año, con ayuda de voluntarios de la Westbury Wildlife Park Foundation, el especialista crió otras 1.900 larvas de los ejemplares, que serán liberadas en Nosterfield a lo largo de 2026.

La contaminación lumínica aparece como uno de los factores que pueden dificultar la recuperación. Un estudio científico publicado en la revista Insects sobre la luciérnaga europea Lampyris noctiluca concluyó que la luz artificial reduce el éxito con el que las hembras atraen a los machos.

La investigación observó que las hembras situadas en entornos oscuros dejaban de brillar generalmente después de una noche, mientras que las expuestas a iluminación artificial podían seguir haciéndolo durante varios días, en algunos casos hasta 15. Los autores plantearon que esa alteración puede perjudicar el apareamiento y contribuir al descenso de las poblaciones.

La población no se considerará estable hasta 2030

Pete Cooper advirtió que la población de luciérnagas en Nosterfield no podrá considerarse estable hasta 2030 y alertó que la contaminación lumínica puede dificultar su recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar de las señales positivas, el ecólogo advirtió que aún falta tiempo para determinar si la reserva contará con una población autosuficiente. Según su cálculo, eso no podrá confirmarse hasta 2030, cuando maduren y brillen los descendientes de los adultos silvestres observados este año.

Gracias a eventos de bailes tradicionales escoceses (Ceilidhs) que organizan Cooper y sus amigos, se han obtenido recursos que permiten ampliar las instalaciones de cría en Westbury, lo que favorece la reproducción en cautividad de un mayor número de estos insectos.

Este impulso responde al creciente interés que varios grupos conservacionistas muestran por los traslados y reintroducciones del animal.

A esto se suma la encuesta británica sobre luciérnagas, que recopila avistamientos en todo el país para ayudar a los conservacionistas a determinar dónde los traslados pueden resultar útiles y en qué lugares todavía podrían persistir poblaciones ocultas. “Será maravilloso ver cómo este proyecto crece y me supera”, concluyó el investigador.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK