La inteligencia artificial (IA) ya está presente en 89% de las organizaciones a nivel global, y un 80% de los trabajadores afirma que su productividad ha mejorado gracias a esta tecnología. Sin embargo, el porcentaje de empresas que reportan un impacto positivo en su EBIT se mantiene estancado en 37%, una cifra idéntica a la del año anterior.
Así lo revela el informe The State of AI 2026: On the road to ROI, elaborado por QuantumBlack, la consultora de inteligencia artificial de McKinsey & Company. El estudio analiza la brecha entre la eficiencia individual y el retorno financiero real.
Frente a esta desconexión, McKinsey sostiene que para traducir la productividad en ganancias económicas es necesario rediseñar por completo los procesos de trabajo dentro de las compañías. La simple adopción de herramientas no basta.
Agentes de IA impulsando el software propio
El informe revela un giro en las decisiones tecnológicas: las empresas están priorizando el desarrollo interno frente a la compra de software comercial. De hecho, un 32% de los encuestados asegura que su organización ha renunciado a adquirir al menos un producto de software porque pudo crearlo internamente usando agentes de codificación basados en IA.
Actualmente, un 44% de las organizaciones ya ha incorporado IA a gran escala en toda la empresa, superando el 38% registrado en 2025. La presencia de la IA se extiende a más departamentos: el porcentaje de compañías que la usa en tres o más áreas subió de 51% a 56%. Este crecimiento es especialmente notable en corporaciones con ingresos superiores a 1.000 millones de dólares, donde el despliegue masivo alcanza el 54% y el uso de agentes autónomos llega al 40% (frente al 27% en 2025). En cambio, en empresas más pequeñas la adopción de agentes autónomos se mantiene en 22%.
Los chatbots siguen siendo la tecnología más común: los utiliza el 47% de las empresas a nivel global y el 64% de las grandes corporaciones. Sin embargo, el informe destaca un auge de los agentes de codificación de software, presentes en el 31% de las grandes organizaciones.
Esta tendencia hacia la autosuficiencia es particularmente fuerte en sectores como tecnología, salud, servicios profesionales y energía, donde cerca del 40% de las empresas ya desarrollan sus propias soluciones. En el plano operativo, los agentes autónomos se concentran en TI, gestión del conocimiento e ingeniería de software, con un despliegue cercano al 10% en cada área.
“Existen organizaciones que están desplegando la IA mucho más rápido comenzando a ver el impacto y creando mayor valor gracias a esta tecnología”, afirmó Carlos Fernández Naveira, socio de McKinsey & Company.
“La implantación de la IA y agentes de desarrollo de software es uno de los dominios con mayor impacto. La tendencia que vemos en las organizaciones es el incremento en autonomía, seleccionando qué construyen, cómo rediseñan los procesos y qué soluciones compran”, agregó Fernández Naveira.
De productividad individual a beneficio económico
Los datos muestran una clara discrepancia: un 80% de los profesionales asegura que la IA ha elevado su productividad personal; un 52% indica que le ayuda a desarrollar nuevas habilidades y un 50% señala que facilita la toma de decisiones. Pero la experiencia varía según el rol: un 47% de los mandos intermedios y empleados reporta presión laboral o efectos negativos vinculados a la tecnología, frente al 31% en la alta dirección.
Pese a esta percepción positiva a nivel individual, el impacto financiero sigue siendo limitado: solo el 37% de las empresas atribuyen un efecto positivo en su EBIT, sin cambio respecto a 2025. El grupo de high performers (empresas donde la IA aporta al menos un 5% al EBIT) se mantiene en 6%.
Por áreas, la reducción de costes gracias a la IA se aprecia principalmente en cadena de suministro, operaciones de servicio y fabricación. En cambio, los mayores incrementos de ingresos se concentran en marketing y ventas, desarrollo de productos e ingeniería de software.
El coste del procesamiento de datos y tokens representa un freno para el 20% de las empresas, con mayor impacto en el sector tecnológico (25%) y las instituciones financieras (24%). Sin embargo, un 28% de las firmas destina más del 10% de su presupuesto tecnológico a IA, y el 60% prevé aumentar su inversión en los próximos doce meses, con farmacéutica, seguros y banca a la cabeza.
En materia laboral, un 39% de los encuestados prevé recortes de plantilla durante el próximo año por la IA, mientras que el 43% espera mantener su equipo sin cambios. No obstante, los datos reales indican prudencia: aunque en 2025 un 32% anticipaba reducciones, solo el 14% las ejecutó y un 66% mantuvo sus plantillas estables. Solo el 13% de los profesionales manifiesta inquietud por el impacto de la IA en su futuro laboral.
Claves del éxito
El 6% de las organizaciones consideradas high performers sigue un patrón claro: el 74% ha rediseñado por completo sus procesos de trabajo, frente al 25% en el resto del mercado. Estas empresas no solo buscan eficiencia, sino que priorizan crecimiento de ingresos e innovación. Además, triplican la probabilidad de transformar profundamente su modelo de negocio en tres años.
También duplican al resto en mejores prácticas: respaldo directo de la dirección, integración de IA en la evaluación del desempeño, medición precisa del retorno de inversión y protección frente a ciberamenazas. Sobre esto, Fernández Naveira señaló:
“Las empresas que lideran el mercado no usan la IA solo para reducir costes, sino para reinventar la forma en que trabajan. El verdadero factor diferencial reside en la combinación de innovación y crecimiento junto a una gestión rigurosa de los riesgos y un apoyo decidido de su dirección”.
Fuente: Infobae