El miércoles 9 de septiembre, a trece días de su fallecimiento, el rey Harald V de Noruega encontrará su última morada en la fortaleza de Akershus, un lugar cargado de significado histórico y afectivo para la monarquía noruega. Sus restos serán llevados hasta este emblemático recinto en el centro de Oslo, donde ya descansan varios de sus ancestros.
Tras la misa en la Catedral de Oslo, el féretro real recorrerá el kilómetro que separa el templo de la fortaleza. Una vez allí, una ceremonia íntima tendrá lugar en el Mausoleo Real, espacio reservado para la Casa Real. El cuerpo de Harald será depositado en la cripta únicamente con la presencia de sus familiares más cercanos. Mientras tanto, desde el patio de Akershus se ejecutará una salva de 21 cañonazos en su honor. Ese será también el momento en que las banderas, que han estado a media asta durante el luto, vuelvan a ondear a toda altura.
Harald V falleció el pasado 28 de agosto a los 89 años. Su entierro pondrá fin a los actos de despedida del monarca, que incluyeron una misa en la Catedral de Oslo y el recorrido del féretro hasta la fortaleza.

Un legado de más de siete siglos
La fortaleza, conocida como Akershus festning, ha estado ligada a Noruega por más de 700 años. Su edificación comenzó hacia 1290 bajo el reinado de Haakon V, quien la convirtió en residencia real cuando Oslo reemplazó a Bergen como capital.
Con el tiempo, el complejo fue mucho más que una residencia. Sus murallas y baluartes jugaron un papel defensivo clave, y el castillo medieval se transformó en un palacio de inspiración renacentista. Durante la ocupación alemana de Noruega, vivió uno de sus episodios más sombríos al ser escenario de represión.
Hoy, Akershus sigue teniendo presencia militar, pero gran parte del conjunto está abierto al público. Y es entre sus históricos muros donde se encuentra el espacio que acogerá para siempre a Harald.

El Mausoleo Real: panteón de los monarcas noruegos
El Mausoleo Real se halla bajo la iglesia de la fortaleza, con aspecto de pequeña capilla funeraria. Fue diseñado por el arquitecto noruego Arnstein Arneberg, una figura destacada de la arquitectura del siglo XX en el país.
La idea de este espacio surgió a finales de la década de 1930 como lugar de enterramiento para la familia real, pero el proyecto quedó afectado por la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana. Finalmente se completó en 1948 y se inauguró al año siguiente.
Desde entonces, ha sido el descanso eterno de algunos de los soberanos más relevantes de la Noruega contemporánea. Allí yacen Haakon VII y la reina Maud, primeros monarcas de la Noruega independiente del siglo XX, así como Olav V y la princesa heredera Märtha, padres de Harald.
El último entierro real en este lugar fue el de Olav V en 1991. Treinta y cinco años después, su hijo ocupará un nuevo espacio dentro del mismo mausoleo.
Un sarcófago doble para Harald y Sonia
Una particularidad del nuevo sepulcro es que Harald no estará solo. El monarca y su esposa, la reina Sonia, compartirán un sarcófago doble, cumpliendo su deseo de permanecer juntos incluso después de la muerte.
El diseño ha sido realizado por el prestigioso estudio noruego Snøhetta, en colaboración con la Casa Real. El proyecto, con un costo superior a 20 millones de coronas noruegas, generó controversia por su elevado precio y se mantuvo en secreto hasta ahora.
El propio Harald bromeó sobre su futuro alojamiento en uno de sus actos públicos. Con su característico humor, aseguró que esperaba que estuviera «bien acolchado» porque allí pasarían bastante tiempo.
Fuente: Infobae