El espacio, un laboratorio para entender el envejecimiento humano

Los desplazamientos al espacio exterior brindan a los investigadores la posibilidad de examinar, en un período reducido, transformaciones físicas que en nuestro planeta demoran décadas en manifestarse. Esta noción constituye el eje de un análisis que explora cómo los organismos de los tripulantes espaciales pueden aportar indicios sobre el proceso de envejecimiento.

Quienes permanecen largos períodos en la Estación Espacial Internacional regresan frecuentemente con afecciones similares a las que experimentan los adultos mayores en la Tierra. Ciertas alteraciones se revierten en los meses posteriores al retorno; otras, en contraste, se mantienen. De esta observación emerge una interrogante fundamental: si el entorno espacial acelera determinados mecanismos corporales, ¿podría emplearse para descifrar con mayor claridad los procesos del envejecimiento?

Un acelerador natural para los procesos biológicos

En el espacio ultraterrestre, el organismo humano opera bajo parámetros drásticamente diferentes. Los tripulantes están expuestos a gravedad reducida, niveles elevados de radiación y trastornos del sueño. Cada uno de estos factores impacta en el funcionamiento corporal.

Ese entorno provoca que transformaciones que en la Tierra requieren décadas para hacerse visibles se manifiesten en cuestión de semanas o meses. Para la comunidad científica, esto representa una ventaja: la posibilidad de analizar con mayor rapidez procesos vinculados al envejecimiento.

Los astronautas que pasan mucho tiempo en la Estación Espacial Internacional regresan con problemas de salud parecidos a los del envejecimiento en la Tierra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un ejemplo de ello proviene de un estudio de 2026 que analizó a cuatro astronautas de la misión Axiom-2, de nueve días de duración. Los científicos examinaron marcadores químicos en el ADN que permiten estimar la edad biológica, un indicador del estado del organismo más allá de los años cronológicos. Durante la estancia en el espacio, dicha edad biológica se incrementó. Tras el retorno al planeta, comenzó a descender. Se aclara que esto no implica que los astronautas hayan envejecido físicamente en apenas unos días. Asimismo, se destaca que el estudio contó con una muestra pequeña, insuficiente para extraer conclusiones definitivas. No obstante, evidenció la velocidad con la que el cuerpo reacciona ante los viajes espaciales.

El impacto de la microgravedad en el organismo

En el planeta, los músculos, huesos, corazón y demás órganos operan permanentemente en contra de la fuerza de gravedad. Ese esfuerzo continuo contribuye a su correcto mantenimiento. En cambio, en el espacio, gran parte de esa tensión se elimina. Por esta razón, los investigadores intentan comprender por qué la ausencia de gravedad genera alteraciones semejantes a ciertos aspectos del envejecimiento y qué lecciones pueden extraerse de ese fenómeno.

La gravedad muy baja, la radiación y las alteraciones del sueño afectan al organismo en el espacio y aceleran procesos vinculados con el envejecimiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El músculo esquelético: el más vulnerable

Una de las consecuencias más notorias se observa en el músculo esquelético. Los tripulantes pierden masa y fuerza muscular con gran celeridad en entornos de baja gravedad, aun cuando realicen actividad física durante aproximadamente dos horas diarias.

Ciertas alteraciones podrían estar vinculadas a procesos similares a la sarcopenia, término que designa la disminución de masa y potencia muscular ligada al envejecimiento. Este trastorno incrementa el peligro de debilidad, caídas y dependencia.

No obstante, los especialistas aún analizan hasta qué punto la atrofia muscular espacial se asemeja a la sarcopenia terrenal. Las manifestaciones pueden resultar análogas, pero no siempre comparten el mismo origen. Lo que sí representa un contraste notable es la rapidez con la que se desarrollan.

Con el objetivo de profundizar en este campo, el equipo creó la misión MicroAge, respaldada por la Agencia Espacial del Reino Unido. En ella se enviaron a la Estación Espacial Internacional diminutas construcciones de tejido muscular humano elaboradas en laboratorio.

MicroAge II analizará las mitocondrias para determinar si explican la rápida pérdida muscular en el espacio y acelerar la búsqueda de tratamientos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos tejidos, cuyo tamaño equivale al de un grano de arroz, fueron generados a partir de células madre musculares humanas. La finalidad era analizar el comportamiento muscular en el espacio sin limitarse a la colaboración de astronautas, un recurso escaso.

Esa técnica posibilitó contrastar los efectos de la microgravedad con los del envejecimiento en el planeta. También abrió la puerta a ensayos preliminares para evaluar estrategias de protección muscular.

La fase subsiguiente es MicroAge II. Dicha misión se centrará en las mitocondrias, los orgánulos celulares responsables de generar la mayor parte de la energía que requiere el organismo.

Se ha observado que las disfunciones mitocondriales están asociadas al envejecimiento muscular en la Tierra. Por ello, la nueva investigación buscará establecer si anomalías similares también justifican la veloz degradación muscular que ocurre en el espacio.

La pérdida de masa y fuerza muscular en el espacio se estudia por su posible relación con la sarcopenia asociada con la edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hacia tratamientos más rápidos para el envejecimiento muscular

La disminución de masa y funcionalidad muscular figura entre los desafíos más relevantes del envejecimiento, dado que se vincula con la fragilidad, las caídas y la dependencia. No obstante, las opciones terapéuticas actuales son aún escasas.

Investigar estos fenómenos en adultos mayores requiere un lapso prolongado, ya que las transformaciones se manifiestan a lo largo de años o décadas. Por consiguiente, las investigaciones espaciales podrían facilitar una identificación más veloz de los mecanismos biológicos implicados y de las potenciales terapias que merecen ser exploradas.

Los ensayos en el espacio no sustituyen a los estudios clínicos en poblaciones mayores. Cualquier terapia que emane de estos trabajos deberá ser validada en la Tierra para verificar su seguridad y efectividad. Lo que esta línea de investigación sí puede lograr es imprimir mayor celeridad a la búsqueda de nuevos fármacos.

Fuente: Infobae

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