Al repasar los tributos que grandes figuras de la música rindieron al estadounidense Buddy Holly, resaltan especialmente las declaraciones de Paul McCartney en The Beatles Anthology. En ellas, el músico reconoció que Holly fue quien lo inspiró a componer sus propias canciones en vez de limitarse a interpretar versiones de otros artistas. McCartney dijo:
“Todavía me gusta el estilo vocal de Buddy. Y sus composiciones. Algo digno de destacar de The Beatles es que comenzamos a escribir nuestro propio material desde el principio. Hoy la gente da por sentado que vas a hacerlo, pero nadie lo hacía entonces. John y yo comenzamos a componer por Buddy Holly. Era como: ‘¡Guau! Él escribe y es un músico’”.
Estas palabras se pronunciaron muchos años después de que McCartney y John Lennon conocieran por primera vez la obra de Holly durante la gira que este realizó con The Crickets por el Reino Unido en marzo de 1958. Aquella intensa serie de presentaciones incluyó lugares emblemáticos como el Trocadero de Londres y una participación en el programa televisivo Sunday Night at the London Palladium. En esa ocasión, Holly reconoció con humildad la influencia de otro grande: “Si Elvis no hubiera existido, ninguno de nosotros habría tenido éxito”.
El legado de Holly
En aquel momento, Buddy Holly apenas tenía 21 años, pero ya era una de las estrellas más brillantes del naciente rock estadounidense desde 1957, cuando su sencillo That’ll Be the Day alcanzó el número uno en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Otra de sus canciones, Peggy Sue, también cosechó éxitos notables al llegar al tercer puesto en su país y al sexto en Inglaterra. Nadie habría imaginado que esta vertiginosa carrera, que ya había tocado el cenit de la fama pero que prometía llegar aún más alto, se truncaría abruptamente menos de un año después con un trágico accidente. Aunque Buddy Holly solo grabó tres álbumes de estudio, las innovaciones musicales que logró fueron fuente de inspiración para innumerables artistas y bandas posteriores: The Beatles, The Hollies, The Beach Boys, The Rolling Stones, Cliff Richard, Bruce Springsteen, Jeff Beck, Eric Clapton, Fiona Apple, Lou Reed, Elton John, Don McLean, Bob Dylan, Brian May y Freddie Mercury. Todos ellos reconocieron en algún momento la influencia decisiva de Holly en sus carreras. Además, en 1986 fue uno de los primeros en ingresar al Salón de la Fama del Rock and Roll, luego de Chuck Berry, Elvis Presley, James Brown, Ray Charles, Sam Cooke, Fats Domino y The Everly Brothers. En 2004, la revista Rolling Stone lo ubicó en el puesto número 13 de su lista The 100 Greatest Artists of All Time. Sin embargo, el homenaje más perdurable lo constituye la canción American Pie, de Don McLean, cuyos versos inmortalizaron la madrugada del accidente como “la noche que murió la música”.
Un músico innovador
Charles Hardin Holley —su nombre real— nació el 7 de septiembre de 1936 en Lubbock, Texas. Su padre, que desempeñó varios oficios, transmitió a sus cuatro hijos una pasión constante: la música. En el hogar de los Holley se interpretaban y escuchaban éxitos de blues, country y folk. Allí, Buddy —como lo llamaba su familia— aprendió a tocar violín, banjo, mandolina, piano y guitarra. Tenía apenas cinco años cuando subió por primera vez a un escenario en un concurso, cantando junto a sus hermanos mayores Larry y Travis la canción Down the River of Memories, y ganaron un premio de cinco dólares. El primer registro grabado de Holly data de 1949, cuando tenía 13 años; consiste en una versión de My Two Timin’ Woman realizada en un grabador de alambre prestado por un amigo que trabajaba en una tienda de música. Por entonces empezó a presentarse interpretando temas de música country, género que mantuvo hasta que en 1955 asistió a un recital de Elvis Presley en Lubbock. Tras la presentación, Buddy visitó a Elvis en el camerino y recibió una inesperada invitación para tocar con él en el concierto del día siguiente. Al terminar el espectáculo, lo visitó nuevamente y entablaron una gran amistad que duró hasta la prematura muerte de Holly.

Después de ese encuentro con Elvis, Buddy se volcó al rock’n’roll. Actuó como solista y también liderando a The Crickets, con quienes colaboró en la composición de That’ll Be the Day, su primer éxito, en 1957. Ese mismo año grabó Peggy Sue como solista, lo que lo catapultó a la fama. Tocó con The Crickets entre 1956 y 1958, realizó presentaciones radiales y fue invitado a programas de televisión. Estos éxitos también le abrieron las puertas del Reino Unido para la gira de marzo de 1958. La música de Buddy Holly destacaba por ser innovadora. En sus grabaciones y actuaciones empleaba instrumentos poco comunes en el rock’n’roll, como la celesta o las percusiones latinas. Aunque la mayoría de sus canciones seguían los esquemas habituales de la época, también escribía letras más sofisticadas que las de otros compositores. Además, muchas de sus canciones presentaban melodías y armonías considerablemente más complejas.
La gira con The Crickets por el Reino Unido tuvo un éxito arrollador, pero no el rendimiento económico que merecía. Poco después, Buddy se separó de la banda e intentó presentarse como solista para ganar más dinero. Se acababa de casar con María Elena Santiago y esperaba un hijo. Finalmente, decidió asociarse con otros músicos para la gira “Winter Dance Party” y así reunir algunos dólares. La banda estaba formada por Waylon Jennings en el bajo, Tommy Allsup en la guitarra y Carl Bunch en la batería, a los que se sumaron Ritchie Valens, The Big Bopper y otros. Valens, con apenas 17 años, ya era reconocido como pionero del rock and roll en español gracias a su éxito La Bamba; The Big Bopper, de 28 años, venía de alcanzar el puesto número 3 en la lista estadounidense con Chantilly Lace.

Una gira de las de antes
A finales de la década de 1950, la mayoría de los músicos, incluso los consagrados como Buddy y algunos compañeros de banda, no viajaban en aviones de línea ni jets privados como ahora. Las bandas se desplazaban en autobuses que realizaban trayectos larguísimos y agotadores por carreteras. Para entretenerse durante esos viajes, cuando no podían dormir, los músicos jugaban a las cartas, conversaban de cualquier cosa e incluso componían nuevas canciones. Quizás por eso, en las letras de blues y rock de la época se repiten una y otra vez las palabras on the road. La “Winter Dance Party” comenzó en Milwaukee, Wisconsin, el 23 de enero de 1959, y la frecuencia de los viajes pronto se convirtió en un problema logístico porque las distancias entre los lugares de los conciertos habían sido mal calculadas por los organizadores. En lugar de un recorrido circular, la ruta seguía un zigzag con distancias que podían superar los 600 kilómetros. Además, el autobús no estaba en condiciones de soportar las bajas temperaturas invernales, con mucha nieve en los caminos y temperaturas que oscilaban entre los 20 y 35 grados bajo cero. La situación empeoró cuando, tras poco más de una semana de viaje, se descompuso la calefacción. Varios músicos empezaron a resfriarse: Richardson y Valens se enfermaron, y el baterista Carl Bunch tuvo que ser hospitalizado. Lo reemplazó Carlo Mastrangelo, baterista de The Belmonts, aunque en algunos conciertos Buddy Holly ocupó su lugar. Finalmente, debieron abandonar el autobús averiado y alquilaron un micro escolar para completar la gira. La presentación del 2 de febrero en Clear Lake, Iowa, no estaba prevista en el calendario original, sino que se añadió a último momento. Para entonces, Buddy Holly estaba harto de viajar en esas condiciones y decidió alquilar un avión para trasladarse a Fargo, Dakota del Norte, para el siguiente concierto. Estaba agotado y eso le permitiría descansar unas horas en lugar de seguir sufriendo el frío en las carreteras. Consiguió la avioneta de un joven piloto de 21 años llamado Robert Peterson, un Beechcraft Bonanza que solo admitía tres pasajeros, con un costo de 36 dólares por persona. Los demás tendrían que continuar en el micro. Hubo una serie de negociaciones para decidir quiénes subirían al avión. El asiento de Buddy Holly era indiscutible, porque todo había sido idea suya y él mismo gestionó el avión a través de su representante. Otra plaza era para Waylon Jennings, pero a último momento se la cedió a The Big Bopper porque lo vio con fiebre y síntomas de gripe. El último lugar lo consiguió Ritchie Valens tras ganárselo a Tommy Allsup jugando “cara o ceca” con una moneda arrojada al aire.

Un accidente fatal
Clear Lake, Iowa, martes 3 de febrero de 1959 a las 0:55 de la madrugada. El monoplano pilotado por Peterson perdió contacto radial poco después del despegue, pero esa noche no se pudo hacer nada para buscarlo debido a la visibilidad casi nula. Recién al amanecer, el dueño de la pequeña compañía aérea, Hubert Jerry Dwyer, despegó en otro avión para localizarlo. Lo avistó desde las alturas a las 9:35 de la mañana, a unos 9 kilómetros de la pista de despegue: la avioneta se había estrellado en un campo de maíz. El cuerpo del piloto seguía dentro del monoplaza, mientras que los de Holly, Valens y The Big Bopper yacían esparcidos a pocos metros alrededor. La investigación determinó que la avioneta había impactado contra el suelo a una velocidad de 273 kilómetros por hora en posición de picada. La punta del ala derecha golpeó primero el suelo, proyectando la aeronave a través del campo congelado antes de quedar incrustada contra un cerco de alambre. Los forenses informaron que todos los ocupantes murieron de forma instantánea: en el caso de los músicos, la causa fue “trauma severo al cerebro”; la de Peterson se atribuyó a “daño cerebral”. Sobre las causas del accidente, inicialmente se responsabilizó a los informes meteorológicos recibidos por el joven piloto, que aparentemente carecían de los detalles necesarios para una evaluación completa del clima de aquella madrugada. También se dijo que Roger Peterson no contaba con los conocimientos ni las habilidades necesarias para pilotear ese modelo de avión, especialmente en condiciones climáticas tan adversas. Al mismo tiempo, empezaron a circular rumores sobre otras causas: se afirmó que la policía había encontrado un arma que supuestamente pertenecía a Holly cerca de su cuerpo y que el asiento del piloto tenía un agujero de bala. Los investigadores desmintieron inmediatamente esa versión.

La noche que murió la música
Las repercusiones del accidente fueron enormes y los discos de los tres músicos multiplicaron sus ventas, especialmente los de Buddy Holly. Su último sencillo, It Doesn’t Matter Anymore, que había quedado rezagado en las listas, se disparó de inmediato al puesto número 13 y se escuchaba en todas las radios. Meses después, el sello Decca publicó apresuradamente un álbum de grandes éxitos que permaneció en las listas de Billboard durante otros siete años. En Gran Bretaña, la demanda de sus discos creció tanto que la compañía tuvo que reeditar sus grabaciones una y otra vez, mientras sacaba a la luz grabaciones inéditas. También se multiplicaron los homenajes. La primera canción en memoria de los músicos, “Three Stars” de Eddie Cochran, se grabó apenas un día después de la muerte, pero fue “American Pie”, de Don McLean, la que en uno de sus versos bautizó aquella madrugada del 3 de febrero de 1959 como “La noche que murió la música”. En una de sus estrofas dice: “No recuerdo si lloré/ Cuando leí sobre su novia viuda/ Pero algo me tocó profundamente en el interior/ El día en que murió la música ”. El fragmento alude a la joven viuda de Buddy Holly, María Elena, quien estaba embarazada de pocas semanas cuando se enteró por la prensa del fallecimiento de su esposo y sufrió un aborto debido al estrés traumático. Como consecuencia de los problemas de embarazo que padeció la esposa del músico y las circunstancias en que recibió la noticia, en Estados Unidos se adoptó la política de no revelar nombres de víctimas hasta después de notificar a sus familiares. De “la noche que murió la música” queda una historia cuya veracidad es imposible de comprobar. Cuenta que el último diálogo entre Buddy Holly, que subiría al avión, y el bajista Waylon Jennings, que debía continuar en el autobús, fue un intercambio de bromas:
-¡Espero que tu viejo autobús no se congele! – le dijo Buddy a su compañero de banda.
-¡Bueno, espero que tu avión no se estrelle! – le respondió Waylon sin imaginar que su deseo no se cumpliría.
Fuente: Infobae