¿Alguna vez se ha preguntado por qué en su hogar hay un cajón lleno de cables inservibles, medias sin pareja o prendas que ya no usa desde hace años? La respuesta más común suele ser que se les tiene cariño o que «por si acaso» podrían servir después. No obstante, la ciencia del comportamiento ofrece una explicación menos romántica: el verdadero motor es el miedo al dolor que genera desprenderse de esas pertenencias.
Este fenómeno fue analizado a fondo por los investigadores Daniel Kahneman, Jack L. Knetsch y Richard H. Thaler en 1991, en un artículo publicado en la revista Journal of Economic Perspectives. Desde entonces, la forma de entender cómo valoramos lo que poseemos dio un giro radical.
El experimento de los bolígrafos
Para demostrar que el apego no surge de que veamos los objetos como más hermosos una vez que los tenemos, los científicos llevaron a cabo un ingenioso experimento. Dividieron a un grupo de estudiantes en dos partes: a la mitad se les obsequió un bolígrafo y a la otra mitad una ficha canjeable por un regalo sorpresa.
Todos los participantes valoraron la atracción y utilidad de varios artículos, entre ellos el bolígrafo. Si el simple hecho de poseer algo aumentara el gusto por ello, quienes tenían el bolígrafo lo habrían calificado mejor. Sin embargo, no ocurrió así: ambos grupos valoraron el bolígrafo de manera idéntica. Tener el objeto en las manos no incrementó en absoluto su valor percibido real.

La sorpresa llegó cuando se les ofreció una elección final: conservar el bolígrafo o cambiarlo por dos chocolatinas. En un mercado racional, las preferencias deberían haber sido similares en ambos grupos. Pero el 56% de quienes ya poseían el bolígrafo prefirió quedarse con él, mientras que solo el 24% del otro grupo lo eligió sobre el chocolate.
¿Por qué se negaban a soltarlo si les parecía igual de atractivo que a los demás? La conclusión de los investigadores es contundente:
«El efecto principal de la dotación no es mejorar el atractivo del bien que uno posee, sino únicamente evitar el dolor de desprenderse de él.»
La asimetría del valor: «Echa raíces en tu ser y no puede ser arrancada»
Este comportamiento se explica mediante la «aversión a la pérdida». Formulada por Daniel Kahneman y Amos Tversky, describe una asimetría psicológica elemental: el malestar que sentimos al perder algo es el doble de intenso que el placer de ganar exactamente lo mismo.

Thaler acuñó el término «efecto dotación» para esta anomalía: poseer un objeto eleva de inmediato el valor que le asignamos, no por amor a él, sino porque perderlo se procesa en nuestro cerebro como una amenaza dolorosa. Exigimos mucho más para vender lo que es nuestro de lo que pagaríamos por comprarlo de nuevas.
Esta resistencia psicológica a desprenderse de objetos fue explicada por el juez de la Corte Suprema estadounidense Oliver Wendell Holmes en 1897:
«Está en la naturaleza de la mente humana. Una cosa de la que has disfrutado y usado como propia durante mucho tiempo […] echa raíces en tu ser y no puede ser arrancada sin que te sientas resentido por el acto e intentes defenderte.»
Esta resistencia al cambio explica por qué acumulamos objetos inútiles y da origen al «sesgo del statu quo»: una preferencia desmedida por mantener las cosas como están porque las desventajas de cambiarlas nos parecen mayores que las ventajas. El cerebro prefiere quedarse quieto en su zona de confort antes que arriesgarse a una pérdida potencial.
Fuente: Infobae