Isla fantasma en Canadá: aparece, desaparece y reaparece a kilómetros

Una extraña formación cubierta de árboles surgió y se esfumó durante varias semanas en el embalse de Williston, al norte de Columbia Británica, Canadá, desconcertando a residentes, científicos y a la empresa eléctrica que administra la zona. El caso, difundido inicialmente por medios locales, llamó la atención internacional.

La masa flotante tenía dimensiones aproximadas de 70 por 140 metros —unos 9.800 metros cuadrados, cerca de una hectárea— y estaba recubierta de vegetación espesa sin rastros de actividad humana. Su repentina aparición, su desaparición de los registros satelitales y su posterior localización a varios kilómetros de distancia provocaron una búsqueda que cruzó fronteras.

Expertos examinan las evidencias visuales

El desplazamiento de una isla de vegetación de 9.800 metros cuadrados en el embalse de Williston, en Canadá, responde al aumento del nivel del agua y la fuerza del viento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las primeras grabaciones datan de agosto, cuando un navegante filmó la estructura desde el agua. El video llegó a Rocky Avery, un vecino de la región, quien lo compartió en redes sociales. Avery declaró a medios canadienses que en cuatro décadas viviendo en el país nunca presenció algo igual.

La corporación B.C. Hydro, encargada de la presa W.A.C. Bennett —que represa el río Peace para generar electricidad— y del embalse de Williston, recibió el material con escepticismo. Su vocero, Bob Gammer, señaló a la prensa que la proliferación de videos generados con inteligencia artificial obliga a tratar con reserva cualquier contenido que circule en internet. Las dudas se desvanecieron cuando imágenes satelitales confirmaron la existencia de la isla: una toma del 21 de julio la situó a unos 100 kilómetros al oeste de la represa.

La formación desapareció de los satélites el 5 de agosto y volvió a aparecer 30 kilómetros después

Las capturas orbitales dejaron de mostrar la plataforma el 5 de agosto y la incertidumbre terminó a finales de mes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El 5 de agosto, la isla dejó de verse en las imágenes orbitales. En ese instante, nadie podía determinar si se había sumergido o derivado hacia una zona resguardada de la costa. El misterio se aclaró a finales de agosto, cuando B.C. Hydro anunció que la estructura había encallado en la entrada norte del brazo de Ospika, a unos 30 kilómetros de su última posición registrada.

La búsqueda se extendió incluso al extranjero. Según reportes, Finlay Farquhar, residente en el Reino Unido y vinculado a la ingeniería de radio, rastreó el fenómeno por cuenta propia utilizando herramientas satelitales de acceso público hasta dar con el nuevo paradero de la isla.

Sobre el desplazamiento, Gammer descartó que la corriente fuera la causa —se mueve muy lentamente en ese tramo del embalse— y atribuyó al viento la capacidad de mover una masa de ese tamaño sobre aguas abiertas.

Nevadas intensas y llenado excepcional del embalse explican el origen

El portavoz Bob Gammer sostuvo que el flujo en ese tramo avanza muy despacio, mientras que las ráfagas sobre aguas abiertas podrían mover una masa de casi una hectárea cubierta de vegetación (Captura de video)

La teoría más sólida apunta a los niveles inusuales del agua. Tras un invierno con precipitaciones de nieve copiosas y un verano lluvioso, el embalse de Williston se saturó por primera vez en 14 años, obligando a B.C. Hydro a abrir los aliviaderos en junio y julio. Según Gammer, el proceso pudo comenzar mucho antes: restos de árboles y sedimentos se acumularon en un área protegida y, con el tiempo, formaron una base sobre la que creció vegetación. El aumento extraordinario del nivel del agua habría desprendido el conjunto y lo dejó a la deriva.

John Clague, geólogo de la Universidad Simon Fraser, agrega que la erosión acumulada volvió más inestables ciertos sectores de la orilla, a lo que se suman los vientos fuertes que generan oleaje y afectan los árboles cercanos a la costa. Por su parte, Natalie Kramer Anderson, investigadora de National Geographic especializada en acumulaciones de troncos, sostiene que grandes depósitos de madera pueden perdurar durante décadas y servir de sustrato para el crecimiento de nueva vegetación.

En paralelo, Rebecca Helm, ecóloga marina de la Universidad de Georgetown, ubica el fenómeno en un contexto histórico: a su juicio, este tipo de islas era más común antes de que la actividad humana alterara los procesos naturales que las originaban.

“Esta isla parece más un viejo fantasma que un nuevo fenómeno sorprendente, algo que los humanos solían ver con mucha más frecuencia”

, declaró Helm a National Geographic.

Casos análogos existen en otras partes del mundo:

  • En Wisconsin, una formación llamada ‘Forty Acre Bog’ debe ser desplazada cada año para evitar que se dirija hacia un puente.
  • En el lago Victoria, en África, estructuras similares interfieren con infraestructuras hidroeléctricas.

Por ahora, B.C. Hydro no prevé intervenciones drásticas, aunque continuará vigilando la zona con imágenes satelitales y reportes de los residentes. Gammer fue tajante con quienes deseen acercarse: es posible llegar en bote, fotografiarla o usar un dron, pero está prohibido pisarla.

Fuente: Infobae

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