El cineasta Fernando González Molina presenta Cronos, una recreación de las 124 horas que duró el dispositivo antiterrorista activado luego de los ataques en Las Ramblas y Cambrils. La cinta se enfoca en el operativo policial, la lucha por controlar la información y la fractura social que provocó la masacre de 2017.
Los atentados yihadistas de agosto de 2017 causaron 16 fallecidos y entre 130 y 154 heridos. Constituyen, junto con los ataques del 11 de marzo de 2004 en el metro de Madrid, una de las cicatrices más profundas de nuestra historia reciente.
Cronos sitúa su historia en la cuenta regresiva que inició tras el atropello masivo del 17 de agosto y concluyó más de cuatro días después con la muerte del último sospechoso. La película arranca en el minuto posterior al ataque en Barcelona y evita mostrar directamente la matanza, como una manera de no narrar el horror a través de los ojos de quienes vieron llegar la furgoneta y tuvieron que reaccionar sin margen emocional ante una escena para la que ningún protocolo podía prepararlos del todo.
El Operativo Cronos y los distintos puntos de vista
La cinta reconstruye el llamado Operativo Cronos, activado por los Mossos d’Esquadra para cerrar las salidas de Barcelona, localizar a los responsables y evitar nuevos ataques. El dispositivo se extendió durante 124 horas, hasta que el último miembro de la célula fue abatido en Sant Sadurní d’Anoia.
Ese despliegue ocurrió después de que una furgoneta recorriera 600 metros por Las Ramblas poco antes de las cinco de la tarde del 17 de agosto de 2017. Horas después, en la madrugada del 17 al 18, otro ataque golpeó Cambrils: cinco terroristas fueron neutralizados tras intentar saltarse un control policial, atropellar a seis personas —entre ellas tres agentes— y apuñalar mortalmente a una mujer.
El guion, escrito por Alberto Marini con trabajo de documentación de los periodistas Nacho Carretero y Arturo Lezcano, se estructura en tres frentes: la persecución de los terroristas, los conflictos entre cuerpos de seguridad por dominar el relato informativo, y la conmoción en Ripoll, la localidad de donde provenían varios de los atacantes, ya que muchos vecinos y agentes sociales no podían aceptar al principio que jóvenes a los que conocían desde niños hubieran sido capaces de asesinar a tanta gente.
Uno de los ejes del filme es la disputa institucional en plena escalada del procés. La tensión entre la Generalitat y el Gobierno central atraviesa la narración, con la gestión pública del atentado convertida en un terreno de combate político y mediático.
En esa pugna, la red social Twitter aparece como un elemento de época. La película refleja bien la obsesión de 2017 por informar antes que el otro y por imponer una versión oficial en tiempo real, una dinámica que atravesó la relación entre Mossos, Policía Nacional, Generalitat y Ejecutivo central.

La actriz Diana Gómez interpreta a un personaje inspirado en Patrícia Plaja, entonces responsable de comunicación de los Mossos, y mano derecha del comisario Josep Lluís Trapero (Pablo Derqui), en un momento marcado por meses sin interlocución entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. Esa tensión acabaría desbordándose pocas semanas después, con el referéndum del 1 de octubre y la crisis institucional posterior.
Enric Auquer, que encarna a un personaje inspirado en Jordi Rodón, entonces jefe del Área Central de Investigación en Terrorismo de los Mossos, un profesional obligado a fijar prioridades y tomar decisiones sin dejar que las emociones le nublaran el juicio.
“Es la personalidad más antagónica que existe a mí, porque yo soy un generador de caos”, cuenta el actor a Infobae España. “No supe cómo enfrentarme al personaje hasta que no lo conocí a él personalmente y, entonces, entendí muchas cosas, porque su cabeza funciona de forma distinta. Él sabe cómo gestionar una crisis de alto nivel sin ponerse nervioso y no es que sea un héroe, simplemente sabe hacer su trabajo.”
Mónica López interpreta a una agente vinculada personalmente con familias de Ripoll y con jóvenes que acabarían integrando la célula. La película pone el foco en el fracaso de una integración que se daba por hecha y en el riesgo de ‘banalizar’ un proceso social que fue desatendido.
Las consecuencias: el racismo, el odio y la intolerancia
A pesar de que los hechos siguen siendo recientes, los responsables no creen que eso sea óbice para retratarlos en la pantalla. “Yo creo que el armazón de la película está basado en una investigación periodística muy seria. Nacho Carretero y Arturo Lezcano conocían el tema porque ya habían hecho el documental 800 metros, y eso me daba como paz, porque había solidez narrativa en torno a cómo sucedieron las cosas”, cuenta Fernando González Molina a Infobae España.
“Ellos tenían acceso directo a las personas reales en las que se basaban los personajes, así que sobre esa base se construyó un relato alejado del morbo para hacer una historia desde diferentes puntos de vista y en la que hubiera thriller, drama, acción, persecuciones e investigación criminal. Después hay una parte más emocional sobre las consecuencias de lo que nos ha acarreado todo esto como sociedad civil.”

Se refiere al racismo y a la ola de intolerancia que se ha instalado en nuestra sociedad, algo que desarrolla Enric Auquer: “En Cataluña siempre ha habido racismo. En los años 90, mi pueblo era racista y en la escuela pública había racismo y yo mismo lo ejercí. Y creo que todos deberíamos hacer un poco de autocrítica de cómo nos hemos relacionado con eso, y de la corresponsabilidad social que tenemos en el fracaso colectivo de integración. Eso está en la película y es un logro. ¿Qué hemos hecho mal como sociedad para que ocurra esto? Muchos partidos ponen el foco de la culpa afuera y generan discursos de odio y eso es terrible.”
Fernando González Molina piensa que es necesario tratar temas sensibles que conecten con lo que sucede ahora. “La respuesta no puede ser el silencio o la censura, sino establecer un diálogo para poder avanzar”, continúa. “Los discursos de odio están basados en instrumentalizar, en abusar del drama de las personas, así que es importante contar lo que pasó y sus consecuencias: el fracaso social.”

En ese sentido, a Enric Auquer le da miedo que la película pueda malinterpretarse. “Me asustaría que esta película le pudiera parecer bien a Aliança Catalana (partido de extrema derecha), porque creo que se tiene que posicionar en un sitio constructivo, no dogmático”. “Tampoco quiero que se vea como una película de buenos y malos, donde los Mossos sea un cuerpo absolutamente neutral y cero racista.”
Cronos es, en ese sentido, una película que intenta retratar con el máximo respeto aquello que ocurrió desde todos los diferentes frentes posibles, al mismo tiempo que quedan en el aire preguntas que conectan con la realidad que estamos viviendo alrededor del odio hacia los inmigrantes.
Fuente: Infobae