Polvo del Sahara: el viaje que conecta África, Caribe y Amazonia

Una nube de polvo proveniente del Sahara alcanzó el sur de Florida durante los primeros días de septiembre, según reportes de meteorólogos locales, y desde allí se desplazaba hacia el golfo de México. Este evento volvió a llamar la atención sobre un fenómeno que vincula a África con el Caribe, Norteamérica y Sudamérica: partículas levantadas en el desierto africano pueden recorrer miles de kilómetros y, en ciertos casos, terminar depositándose en la cuenca amazónica.

El traslado de estas partículas ocurre dentro de la Capa de Aire Sahariano, una franja de aire cálido, seco y cargado de polvo que se forma sobre el norte de África. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) indica que estos episodios suelen presentarse entre finales de la primavera y comienzos del otoño boreal, y pueden avanzar sobre el Atlántico tropical cada tres a cinco días.

La mayor actividad se concentra típicamente entre fines de junio y mediados de agosto, aunque la presencia de polvo en septiembre demuestra que estas masas aún pueden afectar al Caribe y al sur de Estados Unidos durante la temporada de huracanes. La NOAA también advierte que el aire seco y los vientos asociados con esta capa pueden dificultar la formación e intensificación de ciclones tropicales.

El transporte no depende solo de los vientos que salen del desierto

Las partículas más finas pueden elevarse a varios kilómetros de altura y permanecer en la atmósfera durante días. A esa altitud, las corrientes del este las llevan hacia el oeste sobre el Atlántico. Parte de ese material cae sobre el océano por efecto de la lluvia o la gravedad, mientras que otra fracción alcanza el Caribe, América Central, el golfo de México y el norte de Sudamérica.

Una toma del satélite de la NOAA registra la Capa de Aire Sahariano sobre el océano Atlántico y el continente americano (Captura/NOAA)

Un estudio publicado en marzo de 2026 en Geophysical Research Letters aportó un nuevo elemento a esta explicación. Los investigadores analizaron mediciones de partículas en la Amazonia entre 2015 y 2022 y concluyeron que las lluvias sobre el Atlántico tropical influyen de manera decisiva en la cantidad de aerosoles africanos que logran llegar al continente sudamericano.

El trabajo examinó partículas de carbono negro, aunque sus conclusiones también abarcan el transporte de polvo. Según los autores, los sistemas atmosféricos de gran escala pueden favorecer lluvias que limpian la atmósfera sobre el océano o, por el contrario, permitir que más aerosoles crucen el Atlántico. Por eso, el recorrido de estas partículas no responde únicamente a la dirección del viento.

Los cálculos de la NASA muestran cuánto polvo puede llegar a la Amazonia

Las estimaciones más citadas sobre este intercambio se basan en datos del satélite CALIPSO, que utilizó un láser para medir la altura y la distribución de partículas en la atmósfera. Con observaciones tomadas entre 2007 y 2013, un equipo asociado con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) calculó que, en promedio, 182 millones de toneladas de polvo superaban cada año el borde occidental del Sahara.

Cerca de la costa oriental de Sudamérica, unas 132 millones de toneladas permanecían suspendidas en el aire. El estudio estimó que 27,7 millones de toneladas se depositaban sobre la cuenca amazónica, mientras que otras 43 millones continuaban hacia el Caribe.

Las cifras no describen una cantidad fija que se repita cada año. La NASA registró variaciones de hasta 86% entre 2007 y 2011, asociadas con cambios en las lluvias del Sahel y en la circulación atmosférica. Esa variabilidad coincide con la conclusión de la investigación más reciente, que atribuye a la lluvia sobre el Atlántico un papel relevante en el transporte de aerosoles hacia la Amazonia.

El polvo del Sahara aporta cerca de 22.000 toneladas de fósforo por año a la Amazonia y contribuye al balance de nutrientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fósforo que viaja desde África ayuda a compensar pérdidas en los suelos

Una parte del polvo contiene fósforo, un nutriente esencial para el crecimiento de las plantas. La NASA estimó que el material africano depositado sobre la cuenca amazónica aportó, en promedio, unas 22.000 toneladas por año durante el período analizado.

Esa cantidad fue comparable con las pérdidas de fósforo que el estudio calculó por efecto de las lluvias y las inundaciones. La equivalencia no implica que la selva dependa de forma exclusiva del polvo africano, ni que toda la Amazonia reciba la misma cantidad de nutrientes. Sí indica que existe un intercambio atmosférico medible entre ambos continentes.

Durante años, la depresión de Bodélé, una antigua cuenca lacustre de Chad, fue señalada como una fuente importante de ese material. Investigaciones posteriores plantearon que otras zonas del Sahara también pueden aportar polvo que logra atravesar el Atlántico, por lo que el origen exacto de las partículas que llegan a Sudamérica continúa bajo estudio.

La nueva nube detectada a comienzos de septiembre muestra una de las rutas posibles del fenómeno hacia el Caribe y Estados Unidos. Las investigaciones sobre la Amazonia, en cambio, indican que la llegada de aerosoles africanos a Sudamérica depende de una combinación de vientos, altura y lluvias sobre el Atlántico tropical.

Fuente: Infobae

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