El pasado miércoles 2 de septiembre, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, se dirigió a los ministros de tecnología y comercio del G20 reunidos en Chapel Hill, Carolina del Norte. Durante una conversación pública con Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, en el marco del G20 Innovation Ministerial (organizado el 1 y 2 de septiembre), Altman afirmó que adoptar la inteligencia artificial «no es negociable» para ningún país.
Para ilustrar su postura, Altman recurrió a una comparación histórica:
«Creo que sería una idea aproximadamente tan mala decir que no vamos a tener IA en nuestro país como fue decir que no íbamos a tener electricidad hace más de cien años».
Antes de lanzar esta afirmación, se disculpó: «Estoy sesgado, estoy defendiendo mi negocio. Perdónenme la analogía».
La analogía de la electricidad y la predicción a diez años
Altman profundizó la comparación señalando que la electricidad también trajo complejidades y requirió tiempo para volverse segura, pero la sociedad avanzó y hoy nadie piensa en ella: «se encienden las luces y se espera que funcionen». Su predicción es clara:
«Mi predicción es que dentro de una década no hablaremos de IA tanto como ahora, porque simplemente la esperaremos en todas partes».
Añadió que «un chico que crece hoy nunca será más inteligente que la IA, pero tampoco habrá conocido un mundo en el que cada producto y servicio con el que interactúa no sea inteligente, capaz y útil».
En cuanto a la implementación, Altman dejó abierta la posibilidad de que cada país decida sus propias reglas, ya sea construyendo centros de datos o alquilándolos en otro país. «Todo eso me parece bien», dijo.
El motor de OpenAI y el contexto local
Lutnick planteó una objeción: si las personas más inteligentes se mudan a tu vecindario y trabajan para ti, pero no sabes qué pedirles, la cena no es divertida. ¿Quién pone el contexto? Altman respondió sin rodeos:
«Eso no va a venir de nosotros, y no creo que deba».
OpenAI proveerá «el motor», «esta materia prima de IA». Qué preguntarle, a qué problemas aplicarla y qué importa en cada sociedad o empresa lo tendrán que resolver los usuarios. «No creo que fuéramos buenos en eso ni aunque fuera nuestro rol», admitió.

Los datos que llevó al escenario
Antes de OpenAI, Altman dirigió una aceleradora de empresas. Señaló que «el trabajo que esperábamos que una startup lograra en tres meses hoy probablemente se hace en unos 17 minutos con Codex», su herramienta de programación con IA. «El mundo todavía no ha asimilado lo que esto va a significar», agregó.
El otro dato relevante fue sobre el consumo de tokens, la unidad con la que los modelos miden texto. Altman la llamó «una unidad tonta» y pidió tomarla como atajo para «cantidad de inteligencia». A comienzos de 2020, el mayor usuario del mundo era un empleado de OpenAI con unos 100 mil tokens al mes. A mediados de 2026, el mayor usuario conocido consume «cientos de miles de millones» al mes. La persona promedio del planeta pasó de cero a 100 mil tokens mensuales en seis años y medio. Altman aclaró que no tenía las cifras delante y pidió perdón por la aproximación. Si la curva sigue, calculó que en otros seis años y medio el promedio rondará los 100 mil millones de tokens al mes. Por eso, afirmó, hará falta mucha más infraestructura aunque la eficiencia mejore. Dos veces mencionó que OpenAI lanzará «pronto» un nuevo modelo, sin nombre ni fecha.
Cerró este bloque con una reflexión sobre la luz: hubo un tiempo en que una hora de luz nocturna costaba cinco horas de trabajo; hoy nadie sabe cuánto cuesta.

Los riesgos que admitió
Ante la pregunta de qué podría frenar todo esto en cinco años, Altman no esquivó:
«Creo que algunas cosas van a salir muy mal en ciberseguridad salvo que la gente actúe con bastante urgencia».
Mencionó la bioseguridad y advirtió que vendrán desafíos mayores. Si no se gestionan, la sociedad no adoptará la IA «al grado ni a la velocidad que la gente merece».
El otro riesgo señalado fue la concentración de poder: si algunos invierten temprano y otros no, y hay «malas inequidades» de cómputo, la IA deja de ser una fuerza igualadora.
«Si no logramos que sea abundante, termina siendo algo muy disputado en lo que los ricos gastan enormes sumas».
Para defender su optimismo, Altman usó otra analogía: el fuego quemó ciudades enteras y la humanidad aprendió a hacerlo seguro porque se preocupó. «La preocupación está justificada», concedió. La electricidad se volvió invisible porque alguien se ocupó de que no incendiara las casas. Altman fue a Chapel Hill a vender la lámpara. La instalación segura, según sus propias palabras, todavía no existe.
Fuente: Infobae