Un ambicioso estudio que abarcó 48 lenguas distintas descubrió que el ritmo del habla humana se mantiene uniforme en torno a los 2 segundos por intervalo, una regularidad que también se observa en señales de comunicación de otras especies animales. Este hallazgo refuerza la hipótesis de que la organización temporal básica del lenguaje podría sustentarse en mecanismos biológicos compartidos entre especies.
La investigación, publicada en la revista científica Annals of the New York Academy of Sciences, analizó más de 100.000 intervalos comprendidos entre el inicio de un segmento de voz y la pausa siguiente. Sorprendentemente, esa duración de aproximadamente dos segundos se repitió de manera consistente en las 48 lenguas examinadas, sin importar la familia lingüística ni las características individuales de los hablantes.
El trabajo fue realizado por un equipo multidisciplinario del Centro Leibniz de Lingüística General de Berlín, la Universidad Humboldt de Berlín, la Universidad de Ratisbona y el Instituto de Estudios Avanzados de Aix-Marseille.
Comparación del habla humana con señales animales
Para realizar la comparación, los investigadores se centraron en los llamados intervalos entre inicios: segmentos contiguos del habla junto con la pausa que los sigue. Esta misma unidad es empleada en estudios sobre comunicación animal, lo que permitió medir con el mismo criterio tanto las producciones humanas como las señales de otras especies.

La base de datos principal fue el corpus Language Documentation Reference Corpus (DoReCo), que reúne grabaciones de numerosas lenguas, muchas de ellas poco estudiadas. El análisis se complementó con métricas rítmicas de animales ya documentadas en la bibliografía científica.
Al contrastar ambos conjuntos de datos, el ritmo del habla humana quedó dentro del rango observado también en especies como la foca peletera del Cabo, la corvina parda y la alondra. Para precisar el grado de regularidad, los autores calcularon un parámetro denominado beat precision, que mide la distancia entre el ritmo real y un modelo perfectamente isócrono en una escala de 0 a 0,5, donde 0 indica un ajuste perfecto. El habla humana obtuvo una mediana de 0,37, un valor que la sitúa entre la foca peletera (0,32) —cuya vocalización es considerada muy estereotipada— y la corvina parda (0,38), cuyas llamadas submarinas habían sido descritas como aproximadamente isócronas, y por debajo de la alondra (0,48), cuyo canto de vuelo mostró la mayor variabilidad rítmica del grupo. Estos resultados indican que el lenguaje humano no ocupa una posición aislada dentro de los patrones temporales de la comunicación biológica.
Relación entre respiración, memoria de trabajo y regularidad
El equipo planteó como explicación posible factores fisiológicos, entre ellos el ritmo respiratorio, que limita la longitud de los intervalos continuos. Según la publicación original, los ciclos respiratorios humanos tienen una duración media de unos 4 segundos, y en el habla espontánea, los grupos de voz producidos entre una toma de aire y la siguiente oscilan entre 0,3 y 14 segundos. Este rango se superpone directamente con el de los intervalos registrados en las grabaciones analizadas, lo que respalda ese vínculo fisiológico. Aunque no toda pausa en el habla va acompañada de una inhalación, la respiración funcionaría como un límite superior para la vocalización continua, una restricción que comparten también los mamíferos incluidos en la comparación.

El estudio también señaló que las restricciones de la memoria de trabajo podrían influir en esa regularidad. Esa capacidad cognitiva —responsable de retener y manipular información en lapsos breves— suele reducirse pasados los 2 a 3 segundos, una ventana que coincide con la duración media de los intervalos hallados. Los autores precisan que la memoria de trabajo no es exclusiva de los humanos: se registra también en otras especies, aunque con diferencias en la cantidad de ítems retenidos y en el tiempo durante el cual los sostienen. La relación exacta entre esa capacidad y la duración de los intervalos, advierten, requiere mayor atención en investigaciones futuras.
Susanne Fuchs, investigadora principal del ZAS Berlín y coautora del estudio, explicó que, cuando el ritmo del habla se calcula del modo en que suele estudiarse la comunicación animal, aparecen muchas menos diferencias entre las lenguas examinadas en esa escala temporal que las que se observan en unidades lingüísticas más pequeñas, como las sílabas.
“Esto sugiere que los factores biológicos desempeñan aquí un papel importante”, afirmó.
Ese punto es central en la interpretación de los resultados: cuanto más amplia es la unidad temporal observada, menos pesa la variación entre idiomas y más visible se vuelve una estructura común. Para los autores, esa coincidencia apunta a una organización temporal fundamental de la comunicación humana que puede derivar de mecanismos compartidos con otras especies.
Ludger Paschen, coeditor del corpus DoReCo, afirmó que el estudio muestra cómo los datos de documentación lingüística de lenguas con pocos recursos y de lenguas amenazadas pueden reutilizarse para aclarar preguntas fundamentales sobre el estatus del lenguaje humano.
“El estudio muestra cómo los datos de documentación lingüística de lenguas con pocos recursos y de lenguas amenazadas pueden reutilizarse para aclarar preguntas fundamentales sobre el estatus del lenguaje humano”, señaló.
Fuente: Infobae