Esta semana, el océano Pacífico fue escenario de un evento poco común: dos huracanes de categoría 4 y una tormenta tropical se desplazaban simultáneamente sobre sus aguas. Este patrón inusual está vinculado directamente al fenómeno de El Niño, que no solo multiplica las condiciones para ciclones intensos, sino que ya desencadena efectos meteorológicos extremos en varias regiones del planeta.
Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), este año el fenómeno presentaba un 69% de probabilidades de convertirse en el más intenso jamás registrado. Sin embargo, los expertos aclararon que no se esperaba que alcanzara su punto máximo hasta aproximadamente noviembre. Ese calentamiento anómalo del Pacífico tropical es el telón de fondo que explica la concurrencia de varios sistemas ciclónicos sobre el océano.
El Centro Nacional de Huracanes (NHC) identificó a Lowell como el huracán situado más al oeste, seguido por Karina. Detrás de ambos, hacia el este, avanzaba la tormenta tropical Marie, a unos cientos de millas al sur de Baja California. Se esperaba que Marie se intensificara hasta convertirse en huracán más tarde ese mismo día.

Las trayectorias pronosticadas indicaban que Lowell y Karina pasarían bastante al sur y al noreste de Hawái, respectivamente. No obstante, persistía la incertidumbre sobre la ruta de Lowell debido a la posibilidad de que vientos alisios más fuertes y un aumento de las precipitaciones alcanzaran las islas. Cabe recordar que Hawái aún se recuperaba de los estragos del huracán Lala, que rozó la parte sur de la Isla Grande y dejó vientos destructivos e inundaciones repentinas graves.
Una secuencia ciclónica poco habitual
La climatóloga Julia Cole, de la Universidad de Michigan, explicó a la AFP que el calentamiento provocado por El Niño genera un entorno propicio para estas tormentas, pues se alimentan en gran medida de aguas cálidas.
“Cuando el Pacífico tropical está más cálido de lo normal, observamos un aumento de las tormentas fuertes”, afirmó.
Cole añadió que
“sin duda, es raro ver una formación de tres ciclones”.
El antecedente más cercano se remonta a 2015, otro año de El Niño intenso, cuando el tifón Kilo, el huracán Ignacio, el huracán Jimena y la depresión tropical 14E avanzaron al mismo tiempo hacia el oeste a través del Pacífico.
El Niño es la fase de calentamiento de un ciclo natural del Pacífico tropical conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), que aparece cada dos a siete años. Ocurre cuando los vientos alisios que soplan de este a oeste se debilitan temporalmente y permiten que el agua cálida, que suele acumularse en el Pacífico occidental, se desplace hacia el este y aflore a la superficie.

Cuando esas temperaturas superficiales por encima de lo normal persisten durante meses, aumentan las tormentas y la nubosidad en la región. Ese cambio desencadena efectos en cadena en la atmósfera global, con condiciones más cálidas y secas en algunos lugares y más frías y húmedas en otros.
Impactos que ya se sienten desde Perú hasta Sudán
El fenómeno no se limita al Pacífico central. En Perú, el mayor productor mundial de anchoas, el calentamiento del mar golpea la producción, según fuentes del sector pesquero. En Sudán, al fenómeno se le atribuye el retraso de lluvias cruciales, con una caída drástica en el nivel del Nilo. El mismo episodio climático que favorece ciclones en el Pacífico también altera la distribución de lluvias y temperaturas a escala planetaria.
De acuerdo con los expertos, el cambio climático intensifica los efectos de El Niño. Como una atmósfera más caliente por los gases de efecto invernadero retiene más humedad, las lluvias asociadas al fenómeno pueden ser más extremas; a la vez, el secado de los suelos agrava la sequía en las zonas donde ese patrón ya reduce las precipitaciones.
Existe menos acuerdo sobre si el cambio climático desencadena por sí mismo episodios de El Niño más intensos. No obstante, un estudio reciente basado en registros de esqueletos de coral y publicado en la revista Science concluyó que los fenómenos de El Niño se han vuelto significativamente más intensos en los últimos 40 años en comparación con el período preindustrial.
Fuente: Infobae