Este miércoles, Keanu Reeves cumple 62 años. El actor, famoso por sus papeles en películas de acción y ciencia ficción, mantiene desde hace tiempo un régimen de entrenamiento y alimentación enfocado en conservar resistencia, velocidad, estabilidad y capacidad de recuperación. Su método, de bajo impacto, busca reducir el riesgo de lesiones y aguantar la exigencia de meses de rodaje.
Según explicó en una entrevista pasada con Men’s Health, el plan se basa en cinco días de trabajo diferenciados, varias comidas distribuidas durante el día y una lógica más funcional que estética. La meta no es ganar gran volumen muscular, sino mantener el rendimiento en escenas de lucha y acrobacias.

Ese enfoque se nota claramente en la preparación para franquicias como Matrix y John Wick. En el primer caso, el personaje de Neo no requería una musculatura muy desarrollada, pero sí meses de entrenamiento en artes marciales para ejecutar con precisión las coreografías.
Rutina semanal: combate, potencia, fuerza y resistencia
La preparación que se atribuye a Reeves reserva los lunes y jueves para sesiones de artes marciales mixtas. Cada una comienza con 10 minutos de ejercicios HIIT como calentamiento y luego continúa con cerca de dos horas de trabajo en pareja, tanto en suelo como de pie.

Ese bloque sirve para dos propósitos: aportar técnica de combate para escenas complejas y mejorar coordinación, reflejos y capacidad aeróbica. Según declaraciones de su entrenador, Patrick Murphy, la preparación para John Wick incluyó horas de entrenamiento diario durante entre cinco y seis meses.
Murphy, quien trabajó con Reeves durante 25 años, aplicó un método de alto volumen y bajo impacto, con pausas cortas y muchas repeticiones. La intención no era crear un físico voluminoso, sino proteger las articulaciones, evitar sobrecargas y mantener un rendimiento funcional.
Los martes se dedicaban a la pliometría, con ejercicios como saltos al cajón, saltos con banda, flexiones explosivas y pases de pecho con pelota medicinal. La rutina mencionada incluye tres series de seis a ocho repeticiones por ejercicio, buscando mejorar potencia, cambios de ritmo y reacción rápida.
El miércoles se destinaba a un bloque de fuerza y acondicionamiento, priorizando la estabilidad y el control corporal. Allí se incluyen elevaciones frontales isométricas con banda, estocadas inversas con remo, balanceos de piernas, trabajo sobre una sola pierna, press de suelo con mancuernas y sentadillas unilaterales.

La semana terminaba el viernes con trabajo de resistencia: dominadas, sentadillas con peso corporal, zancadas y planchas. En este último ejercicio, la guía citada plantea series de entre uno y tres minutos, con descansos de un minuto entre cada una.
Alimentación: cinco comidas con proteína, carbohidratos y fibra
La dieta diaria atribuida a Keanu Reeves se organiza en comidas pequeñas y medianas para evitar largos períodos sin comer, controlar el hambre y reducir antojos de ultraprocesados. La base incluye pollo, ternera, cordero, pescado, tofu, avena, pasta, arroz integral, frutas y verduras.
El menú se divide en cinco comidas. La primera reúne un bol de cereales mixtos, una tostada integral con un tercio de aguacate y un plátano; la segunda suma tortitas de arroz con mantequilla de cacahuete.

La tercera comida incorpora 200 gramos de atún o pollo con ensalada griega o una taza de verduras al vapor. Más tarde aparece una porción pequeña de ensalada de frutas.
La cena se compone de 225 gramos de filete u otra carne magra, 200 gramos de arroz integral y pimientos asados. En ciertos contextos de rodaje también podía permitirse un filete la noche anterior a una secuencia de lucha exigente.
El plan alimentario no es una dieta extrema ni un esquema de restricción grave. La lógica consistía en usar los carbohidratos para sostener energía, la proteína para favorecer recuperación y mantenimiento muscular, y la fibra para el equilibrio general. También existe un margen de flexibilidad: Reeves se permitía un capricho semanal siempre que ese consumo se mantuviera dentro de sus requerimientos diarios.
Así, más que perseguir una transformación estética, Reeves consolidó con los años una preparación pensada para durar. En un género donde la exigencia física suele ser determinante, su método combina disciplina, bajo impacto y continuidad para seguir respondiendo a escenas de alta intensidad incluso pasada la barrera de los 60.
Fuente: Infobae