El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, ha salido al paso de las crecientes protestas contra la expansión de centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Durante una reciente entrevista, Altman defendió la posibilidad de instalar estas infraestructuras en zonas con baja densidad de población, como una forma de atender las inquietudes de las comunidades locales.
La declaración cobra especial relevancia en un contexto de fuerte oposición social a nuevos proyectos de centros de datos tanto en Estados Unidos como en Europa. La carrera por desarrollar modelos de IA ha disparado la demanda de capacidad informática, electricidad y sistemas de refrigeración, lo que ha trasladado el debate tecnológico al ámbito vecinal, donde muchas comunidades rechazan la instalación de estos complejos cerca de sus hogares.
En una entrevista con Time, Altman reconoció que la relación entre las empresas tecnológicas y las comunidades ha cambiado drásticamente. Explicó que, aunque antes muchos municipios buscaban atraer estas inversiones por la promesa de empleos y desarrollo económico, ahora una parte significativa de la población se resiste a recibir estos complejos.

La propuesta de Altman: centros de datos en zonas remotas
“Debemos ser respetuosos con lo que quieren las comunidades”, afirmó Altman. Para el responsable de OpenAI, la vasta extensión territorial de Estados Unidos ofrece la oportunidad de encontrar terrenos poco poblados y con escaso aprovechamiento donde levantar estas instalaciones.
El ejecutivo consideró válida la idea de llevar los centros de datos a lugares alejados. A diferencia de otras infraestructuras industriales, argumentó, estos centros tienen una ventaja clave: pueden procesar información en un punto concreto y enviar los resultados a usuarios de cualquier lugar mediante redes digitales.
Altman comparó el rechazo actual con la resistencia que han generado históricamente las centrales nucleares. Señaló que, aunque la transmisión eléctrica a grandes distancias solía ser un obstáculo mayor, la infraestructura digital moderna ofrece una flexibilidad sin precedentes para decidir dónde se construye y desde dónde se presta el servicio.
No obstante, la propuesta no elimina los desafíos técnicos. Los centros de datos requieren conexión a redes de alta capacidad, acceso estable a energía y sistemas de refrigeración. La ubicación remota puede reducir la cercanía con zonas residenciales, pero obliga a ampliar redes eléctricas y de telecomunicaciones.

El consumo de recursos alimenta la oposición vecinal
Los data centers son instalaciones que agrupan servidores, discos de almacenamiento, cableado y equipos de red. Allí se alojan, procesan y distribuyen datos de servicios digitales, plataformas de vídeo, aplicaciones móviles y herramientas de inteligencia artificial.
El columnista Emmanuel Ferrario los definió como fábricas de computadoras donde se almacena y genera parte de la información que circula a diario por los teléfonos y otros dispositivos. A su juicio, estas infraestructuras funcionan como el soporte material de una tecnología que transformará actividades cotidianas y sectores económicos enteros.
El problema surge por la escala de los proyectos. Ferrario afirmó que un centro de datos mediano puede consumir cada día recursos equivalentes a los de una ciudad de entre 30.000 y 50.000 habitantes, tanto en electricidad como en agua. El gasto varía según la tecnología de refrigeración, el clima y la carga informática de cada instalación.
Los vecinos también cuestionan el ruido de los generadores, la ocupación del suelo, los residuos electrónicos y el posible aumento de las tarifas.

Regulaciones más estrictas en Estados Unidos y Europa
En Estados Unidos existen actualmente 5.500 centros de datos. El país proyectaba sumar cerca de 4.000 instalaciones en tres años, pero la construcción avanza por debajo de ese ritmo debido a la falta de mano de obra, las dificultades de suministro, la disponibilidad de chips y la capacidad eléctrica.
El rechazo social también ha derivado en restricciones normativas. 42 de los 50 estados de Estados Unidos tienen normas que limitan o condicionan los centros de datos. Nueva York y Texas figuran entre los territorios que han debatido o aplicado medidas para frenar nuevas autorizaciones y revisar las consecuencias de la expansión.
En Europa, la discusión adopta distintos matices. Francia cuenta con una mayor disponibilidad de energía nuclear, mientras que Alemania ha impulsado reglas para aprovechar parte del calor residual de estas instalaciones en sistemas de calefacción urbana.
La expansión de la inteligencia artificial mantendrá la presión sobre la infraestructura digital. La postura de Altman apunta a una alternativa territorial: alejar los centros de datos de las áreas habitadas, sin ignorar las exigencias ambientales, energéticas y sociales que plantean las comunidades.
Fuente: Infobae