Red de polígonos en Marte desvela pistas sobre agua y vida antigua

Cada mañana, en el Centro de Operaciones del Rover de la NASA, el equipo encargado de Curiosity cuenta con siete horas para examinar la información proveniente de Marte, definir las próximas tareas de observación y traducir ese plan en órdenes antes de que el vehículo vuelva a orientarse hacia la Tierra para recibir nuevas instrucciones.

La rutina diaria está calculada al minuto. A las 7:30 se encienden las luces en el Laboratorio de Propulsión a Chorro, en Pasadena, California, y el turno operativo arranca a las 8:15. A partir de ese momento, decenas de ingenieros y científicos disponen de tres horas para revisar el estado del rover, analizar imágenes y mediciones recientes, y acordar las actividades del día siguiente; luego dedican otras cuatro horas a convertir esas decisiones en órdenes seguras, ajustadas al tiempo y la energía disponibles.

Esta dinámica se apoya en una rutina que el equipo ha repetido más de mil veces desde que Curiosity aterrizó en 2012. Mientras en la Tierra es de noche, el rover concluye su jornada en Marte, transmite su último lote de datos a un orbitador marciano, y ese satélite reenvía la información a la Tierra, donde se almacena en servidores locales y de instituciones colaboradoras en diversas partes del mundo.

Un científico del proyecto explicó que el ajustado margen de tiempo responde a un propósito fundamental: cada decisión tomada a diario debe generar mediciones valiosas para que la misión se mantenga fiel a lo que el equipo se comprometió con la NASA y con la ciudadanía.

Un campo de pequeños polígonos en Aeolis Mons alteró el plan de Curiosity y obligó al equipo a redefinir imágenes, mediciones químicas y la ruta del rover. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Curiosity explora si el cráter Gale reunió los requisitos para albergar vida

La NASA concibió Curiosity con el objetivo de hallar evidencias de antiguos entornos habitables, especialmente sitios que hubieran tenido agua líquida y los compuestos químicos, nutrientes y fuentes de energía imprescindibles para la vida. Para cumplir esa misión se necesitaba un vehículo móvil y resistente, capaz de explorar una zona de Marte, recolectar muestras de roca y analizarlas con laboratorios a bordo.

El rover, del tamaño de un automóvil y provisto de un taladro, fue dirigido al cráter Gale para escalar el monte Aeolis Mons. Esta montaña guarda en sus capas sedimentarias de 5 kilómetros (3 millas) un archivo de las condiciones ambientales de hace aproximadamente 3.500 millones de años, cuando una atmósfera más densa podría haber protegido arroyos y lagos de aguas claras.

Hasta el momento, Curiosity ha ascendido un kilómetro en vertical a través de estratos rocosos. En ese recorrido halló lutitas ricas en arcilla que, a mayor altitud, dan paso a areniscas más recientes con abundantes minerales salinos.

El equipo científico determinó que los lagos de la zona se mantuvieron durante millones de años hasta que el clima se tornó árido y las dunas cubrieron el área. Incluso después de esa transformación, el agua subterránea habría brotado en ciertos momentos y creado arroyos que serpenteaban entre las dunas.

El equipo de Curiosity en el Centro de Operaciones del Rover de NASA dispone de siete horas cada mañana para revisar datos de Marte y enviar nuevos comandos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las muestras tomadas de esos sedimentos lacustres contienen pequeñas moléculas orgánicas basadas en carbono. La presencia de entornos húmedos, materia orgánica y compuestos químicos similares a los que utilizan los microbios en la Tierra para obtener energía llevó al equipo a concluir que las condiciones en Gale pudieron haber sustentado vida.

La pregunta que aún queda sin respuesta es si la vida llegó a desarrollarse en ese lugar. Para obtener una respuesta definitiva, esas rocas deberán ser trasladadas a laboratorios en la Tierra.

Un inesperado campo de polígonos cambió los planes del día en Marte

En la jornada referida, las imágenes más recientes mostraban a Curiosity en los estratos más altos y secos de Aeolis Mons; no obstante, las rocas aún presentaban sales, marcas de erosión y otros vestigios de agua antigua. Estas señales indican que incluso la etapa seca de Marte podría haber ofrecido hábitats para la vida.

En el turno previo, el equipo había solicitado a los ingenieros de navegación que condujeran el rover hacia un área que, vista desde la órbita, parecía lisa y plana. Después de años de transitar por terreno accidentado, la oportunidad de avanzar 37 metros (120 pies) sobre ese presunto “estacionamiento” marciano auguraba un trayecto relativamente extenso para el vehículo.

La realidad resultó ser muy diferente. En lugar de una superficie uniforme, el entorno de Curiosity apareció cubierto de pequeños polígonos de apenas unos centímetros de diámetro, con una apariencia similar a un panal de abeja.

Los geólogos del equipo creen que estos polígonos corresponden a fracturas provocadas por secado, similares a las grietas del barro, o por ciclos térmicos o compresión. En la pantalla de trabajo, el área frente al rover aparecía salpicada de puntos, cada uno vinculado a un posible objetivo para las cámaras, el espectrómetro láser o los sensores del brazo robótico.

La rutina diaria de Curiosity en el Laboratorio de Propulsión a Chorro divide tres horas para evaluar el rover y cuatro para convertir el plan en órdenes seguras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cantidad de objetivos era tan grande que un miembro del equipo científico tuvo que moderar el debate y reducir la lista. Profesores, investigadores posdoctorales y estudiantes de diversos países argumentaron qué observaciones podrían ser más útiles para determinar cómo se formaron esas estructuras.

La discusión se centró en seleccionar el conjunto de imágenes y mediciones químicas más adecuado para responder esa interrogante. El científico del proyecto posee voto de desempate si no se alcanza un consenso rápidamente, aunque señaló que rara vez es necesario intervenir.

Ese día, además, era viernes. Por lo tanto, las tres jornadas de actividades programadas se llevarían a cabo durante el fin de semana y los resultados estarían listos para el siguiente turno, programado para el lunes: Curiosity también trabaja los sábados y domingos.

Cuando el bloque científico finaliza cerca del mediodía, el trabajo no termina. En una sala contigua, un ingeniero de robótica reconstruye en 3D cómo el brazo articulado de cinco puntos alcanzará las rocas seleccionadas, mientras otra ingeniera simula el próximo desplazamiento y verifica que el terreno no se asemeja a un estacionamiento, sino a un trayecto lleno de bordillos de roca.

Con esa evaluación, el equipo delibera sobre cómo maniobrar para evitar obstáculos y llegar al siguiente punto de interés. Luego, los operadores del rover y sus instrumentos convierten las peticiones científicas del día en cientos de órdenes que deben transmitirse en pocas horas a la Red del Espacio Profundo de la NASA.

Solo en ese momento la jornada entra en su fase final. Mientras en Marte comienza a perfilarse el horizonte, Curiosity queda a la espera de la próxima transmisión desde la Tierra.

Fuente: Infobae

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