Los museos alrededor del mundo disponen ahora de una innovadora técnica para identificar si un artefacto de arcilla es genuino o una imitación, gracias a un equipo del Instituto Scripps de Oceanografía de la UC San Diego (Estados Unidos). Los hallazgos fueron publicados en la revista PNAS.
El investigador postdoctoral Yoav Vaknin logró diferenciar el magnetismo que los materiales de arcilla acumulan con el paso del tiempo del magnetismo adquirido el día de su fabricación. Los expertos encontraron una diferencia significativa entre piezas modernas y antiguas: la temperatura necesaria para eliminar el magnetismo posterior a la cocción original varía de forma notable.
“Espero que nuestro nuevo método sea útil para los conservadores de museos, que desean exhibir únicamente artefactos auténticos, para los arqueólogos e historiadores que estudian las sociedades que los crearon y para las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley en su esfuerzo por eliminar el comercio ilícito de antigüedades, que incluye el saqueo de yacimientos arqueológicos y la falsificación”, puntualiza Vaknin.
Los investigadores mencionan que un reciente proceso judicial en Israel por la venta de artefactos falsificados fracasó por falta de pruebas concluyentes. La coautora Lisa Tauxe, geocientífica de Scripps, afirma que la técnica podría ser de gran utilidad para museos y gobiernos que necesitan adelantarse a los falsificadores. Las falsificaciones han sido un problema persistente en Israel, China, México y prácticamente todas las regiones del mundo con yacimientos arqueológicos, “sobre todo en lugares donde abunda la traición”, añade Tauxe.
La cerámica cocida en hornos adquiere la impronta del campo magnético terrestre vigente en el momento de su creación. Por ejemplo, el magnetismo de las partículas de una vasija de barro hecha hoy apunta hacia la ubicación actual del polo norte magnético. Si una roca se enfrió hace 800.000 años, cuando el campo magnético estaba invertido, sus diminutos cristales apuntarían hacia el polo sur.
No obstante, la dirección de la señal magnética depende de la orientación de la muestra. Si se sostiene en una posición, la señal apunta al norte; si se le da la vuelta, apunta al sur o a cualquier otra dirección. Por lo tanto, la dirección por sí sola no indica la antigüedad.
El equipo superó esta limitación distinguiendo dos tipos de magnetismo en rocas, arcilla y otros materiales. Durante la cocción, las señales de todas las partículas tienden a alinearse con el campo magnético; al enfriarse, la señal de las partículas más grandes queda atrapada para siempre, creando el magnetismo remanente térmico. En cambio, las partículas más pequeñas nunca se estabilizan: su magnetismo fluctúa con las variaciones del campo magnético a lo largo del tiempo, fenómeno conocido como magnetismo remanente viscoso.
Magnetización viscosa
El magnetismo viscoso se elimina fácilmente recalentando la cerámica: cuanto más nueva sea la pieza, menor será la temperatura necesaria. Los investigadores hornearon diversos objetos de cerámica (algunos con miles de años de antigüedad, otros de tiendas de souvenirs de Jerusalén y otras falsificaciones) a temperaturas desde 50°C hasta aumentos de 10°C.
Determinaron que, si una muestra tiene más de 1.000 años, la magnetización viscosa solo se elimina a una temperatura superior a 112°C, mientras que en muestras modernas se elimina a temperaturas más bajas.
Los geocientíficos conocen estas propiedades desde hace décadas, pero la capacidad de cálculo era insuficiente para crear los modelos micromagnéticos que el equipo usó para complementar los experimentos de laboratorio. Estos modelos, que simulaban el calentamiento de muestras hipotéticas durante diferentes periodos, ayudaron a establecer 112°C como temperatura umbral.
Ahora que el método está consolidado, los investigadores planean aplicarlo a objetos de dudosa autenticidad en museos de todo el mundo. También podría servir como prueba en juicios por presunta falsificación.
Fuente: Infobae