Un fósil descubierto ha revelado que un pez sin mandíbulas del período Devónico temprano empleaba su cabeza, dotada de enormes prolongaciones laterales, para desplazarse con una eficiencia hidrodinámica fuera de lo común. La especie ha sido bautizada como Bataspis crux y pertenece a los galeáspidos, un grupo extinto de vertebrados acorazados que habitó la Tierra hace más de 400 millones de años.
El estudio, publicado en la revista Palaeontology, logró reconstruir la apariencia y el comportamiento probable de este animal a partir de un fósil hallado cerca de Qujing, en la provincia de Yunnan, al sur de China.
El ejemplar fue extraído de la Formación Xishancun, una unidad geológica perteneciente al Devónico temprano.
Un fósil que se destaca entre los peces primitivos
La característica que distingue a Bataspis crux se encuentra en su escudo cefálico. El fósil conserva una estructura de aproximadamente cinco centímetros de largo, pero el ancho total del animal alcanzaba los 14,3 centímetros gracias a unas prolongaciones laterales muy desarrolladas. Visto desde arriba, su anatomía evoca la silueta de un murciélago con las alas extendidas, una imagen que inspiró el apodo de “pez Batman”.

El equipo de investigación comparó geométricamente los escudos cefálicos de 30 especies de galeáspidos y descubrió que Bataspis ocupaba una zona morfológica única.
Este descubrimiento es relevante porque los galeáspidos se encuentran cerca del origen evolutivo de los vertebrados con mandíbulas y proporcionan pistas sobre la anatomía y el estilo de vida de algunos parientes lejanos de los peces modernos.
La cabeza como superficie hidrodinámica
La pregunta central del estudio se enfocó en la función de esas extensiones laterales. Dado que no es posible observar directamente a un animal extinto hace cientos de millones de años, los científicos crearon un modelo digital tridimensional y analizaron su interacción con el agua.
Para ello, el equipo empleó simulaciones de dinámica de fluidos computacional, una técnica que calcula las fuerzas físicas sobre un cuerpo en movimiento. En las pruebas, el agua fluyó alrededor del modelo a 0,3 metros por segundo y se probaron ángulos de ataque de 0, 10, 20 y 30 grados.

Los investigadores midieron dos variables: la sustentación y la resistencia al avance. La relación entre ambas permite estimar la capacidad de elevación de un cuerpo en comparación con la oposición que enfrenta en el agua.
Con un ángulo de 10 grados, Bataspis alcanzó una relación sustentación-resistencia de 4,5, un valor superior al de cualquier otro galeáspido analizado.
Lo que revelaron las simulaciones
El segundo mejor resultado lo obtuvo Polybranchiaspis, con un valor cercano a 3. Esta diferencia indica que la forma de la cabeza de Bataspis no era una rareza sin propósito, sino una adaptación con ventajas evidentes para el desplazamiento.
La explicación de los autores se basó en la geometría de los procesos cornuales. El agua se habría movido a mayor velocidad sobre la parte superior convexa de esas prolongaciones, mientras que la cara inferior, más plana, habría mantenido una presión diferente. Esa diferencia de presión favorecía la generación de sustentación, un principio similar al que opera en un perfil alar.

El estudio también señaló que la forma de media luna del escudo cefálico podría haber reducido la resistencia inducida y proporcionado estabilidad en trayectorias rectas. Sin embargo, esa configuración habría tenido un costo: una menor capacidad para realizar maniobras bruscas o cambios rápidos de dirección.
Un panorama más amplio sobre los galeáspidos
La investigación desafía la visión tradicional de los galeáspidos como animales con poca movilidad, ya que la anatomía de Bataspis crux sugiere una adaptación al nado sostenido y eficiente, superando incluso a otros grupos de peces primitivos sin mandíbulas. Simulaciones adicionales demostraron que el animal podía mantener un buen rendimiento tanto cerca del fondo marino como en aguas abiertas.
En términos evolutivos, Bataspis se sitúa dentro de Tridensaspidae y cerca del linaje de Pterogonaspis y Tridensaspis, aunque la reconstrucción de las relaciones internas sigue siendo compleja debido a la escasez de fósiles bien conservados. El ejemplar analizado fue recolectado en la década de 1980, pero solo los avances tecnológicos recientes permitieron revelar la combinación anatómica inédita que presentaba.
El caso de Bataspis crux amplía el conocimiento sobre los primeros vertebrados: la ausencia de mandíbulas y de aletas pares no impidió la aparición de soluciones corporales complejas para el desplazamiento acuático. Mucho antes de la anatomía típica de los peces actuales, este animal acorazado ya convertía su cabeza en una estructura eficaz para moverse en el agua.
Fuente: Infobae