Filtros naturales convierten agua contaminada en riego en Sudáfrica

Un innovador método de purificación que utiliza piedras, arena y madera carbonizada está logrando transformar las aguas contaminadas del río Stiebeuel, ubicado en la región del Cabo Occidental de Sudáfrica, en un recurso hídrico viable para la agricultura. Este proyecto, denominado Water Hub, beneficia directamente a los habitantes del asentamiento informal de Langrug, cerca del municipio de Stellenbosch. De acuerdo con información difundida por el diario británico The Guardian, el sistema opera sin depender de la red eléctrica ni de productos químicos.

La iniciativa, puesta en marcha desde el año 2018 por académicos de la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT), alcanzó recientemente un hito crucial: reducir la presencia de bacterias y patógenos a niveles seguros para el riego de cultivos. Sin embargo, el agua tratada aún no es apta para el consumo humano directo.

Diariamente, la infraestructura procesa 36.000 litros de agua que arrastran desechos cloacales, residuos farmacéuticos y trazas de medicamentos. El sistema logra eliminar aproximadamente el 99% de las toxinas. La mayor parte del agua purificada regresa al cauce del río, contribuyendo a la salud de los ecosistemas locales, mientras que una porción menor se destina al riego de huertos comunitarios.

Mecanismo de purificación ecológica

El proyecto Water Hub en Langrug, Sudáfrica, utiliza energía solar y filtros naturales para depurar 36.000 litros diarios de agua destinados al riego de huertas comunitarias (Imagen Ilustrativa Infobae)

El proceso se desarrolla en lo que antes era una planta de tratamiento de aguas residuales, ahora reconvertida en una red de celdas filtrantes. El sistema es completamente autónomo: utiliza paneles solares para bombear el agua desde el río hacia las celdas, donde el líquido permanece durante cinco días atravesando distintas capas.

En la primera etapa, piedras de gran tamaño retienen partículas sólidas y compuestos químicos. Posteriormente, una capa de biochar —madera quemada a altas temperaturas (800°C)— se encarga de absorber fármacos, residuos farmacéuticos y amoníaco. Las capas finales, compuestas por piedras más pequeñas y arena, filtran los contaminantes restantes. Todo el proceso se realiza sin la adición de insumos químicos.

Kevin Winter, investigador principal del proyecto, explicó al medio británico los resultados obtenidos:

“Sería muy difícil notar la diferencia entre esta agua y la municipal tratada, que pasó por una planta y fue clorada.”

Del total de 36.000 litros procesados a diario, aproximadamente 3.000 litros se utilizan para regar los jardines del Water Hub, mientras que el resto es devuelto al río Stiebeuel.

El crecimiento desbordado de Langrug

Los investigadores de la Universidad de Ciudad del Cabo lograron este año un riego seguro con filtración natural (Captura de video)

Winter ha trabajado en la zona desde 2006 y ha sido testigo directo de la explosión demográfica de Langrug. La población pasó de unos 3.000 habitantes a más de 26.000, impulsada por la demanda de mano de obra estacional en granjas y en la cercana localidad de Franschhoek. Este crecimiento no planificado dejó a los residentes sin acceso a agua potable ni a instalaciones sanitarias, y superó con creces la capacidad de las plantas de tratamiento locales.

Frente a esta crisis, el equipo de la UCT tomó un antiguo sitio de secado de aguas residuales que estaba en desuso y lo transformó en la actual infraestructura. Los viejos lechos de secado se convirtieron en celdas de filtración interconectadas que funcionan exclusivamente con energía solar, lo que otorga al sistema total autonomía energética.

En sus declaraciones, Winter destacó el impacto social del proyecto:

“Lo que estamos haciendo es tomar esa agua, tratarla cada día, y parte de ella se usa para cultivar verduras, para alimentar a niños y personas que viven en el asentamiento.”

Un modelo ante el cambio climático

El sistema trata 36.000 litros diarios y elimina cerca del 99% de las toxinas antes de devolver el agua al río (Captura de video)

Los científicos que lideran la iniciativa consideran que el Water Hub representa un modelo replicable para garantizar la seguridad alimentaria en un mundo afectado por el calentamiento global. Su bajo costo y su diseño simple lo hacen ideal para comunidades rurales que carecen de infraestructura convencional y que a menudo enfrentan escasez de agua y pérdida de empleos agrícolas.

La región del Cabo Occidental no es ajena a estas crisis. En el año 2018, una sequía prolongada llevó las represas al borde del colapso, obligando a los hogares a racionar el agua. Como consecuencia, aproximadamente 31.000 trabajadores agrícolas perdieron sus empleos, según detalló The Guardian.

Winter advirtió que el clima regional sufrirá transformaciones profundas en las próximas tres décadas, con un aumento de incendios, inundaciones y sequías, lo que agravará el acceso al agua y a los alimentos. El investigador concluyó con una advertencia contundente:

“Lograr que el agua esté disponible para producir alimentos, como estrategia frente al cambio climático, es absolutamente fundamental en todo el mundo.”

El Water Hub no busca reemplazar a las grandes plantas de tratamiento industriales, sino ofrecer una alternativa práctica y accesible para comunidades con recursos limitados que necesitan adaptarse a un entorno cada vez más hostil.

Fuente: Infobae

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