Felipe de Edimburgo: el visionario que salvó a la monarquía con internet

Por décadas, el esposo de la reina Isabel II, Felipe de Edimburgo, se mantuvo en un perfil bajo. Su función dentro de la monarquía estaba limitada por la posición de la soberana y por una regla no escrita: debía caminar siempre un paso detrás de ella. No obstante, casi tres décadas después de la tragedia de Diana de Gales, surgen nuevos detalles que destacan una habilidad poco conocida del duque: su capacidad para prever las transformaciones y entender la necesidad de que la Corona británica se comunicara con una sociedad en constante evolución.

Este lunes 31 de agosto se cumplen 29 años del fallecimiento de Diana. El accidente en París provocó una de las crisis de popularidad más graves en la historia reciente de los Windsor y obligó al Palacio de Buckingham a replantear su relación con una ciudadanía que exigía respuestas, cercanía y transparencia. Fue justamente en esos meses de enorme tensión cuando Felipe de Edimburgo demostró una intuición que lo acompañó durante décadas.

Así lo recordó Simon Lewis, quien fue secretario de comunicaciones de Buckingham entre 1998 y 2000. En el podcast The Royals, de The Times, relató una conversación con el duque poco después de la muerte de Diana. Felipe quiso saber hacia dónde se dirigía la comunicación de la institución y planteó una idea que, en ese momento, parecía demasiado adelantada a su tiempo.

Príncipe Felipe, Reina Isabel II, Príncipe Carlos y Princesa Diana. Boda del príncipe Carlos y Lady Diana Spencer, Londres, Gran Bretaña, 29 de julio de 1981. (Shutterstock)

“Me explicó cómo internet podía hacer a la familia real mucho más accesible a nivel mundial. Esto fue en 1998, cuando apenas cien millones de personas usaban la red”, recordó Lewis sobre aquella conversación. La red apenas comenzaba a popularizarse y estaba lejos de convertirse en el escaparate informativo que es hoy. Sin embargo, Felipe entendió que ignorarla podía dejar a la institución desconectada de una transformación que cambiaría la manera de relacionarse con el público.

La reacción inicial no fue entusiasta.

“Mucha gente pensó: ‘Es otra de sus ideas. La guardaremos en el cajón’. Pero tenía razón”, explicó Lewis.

La primera página web oficial de la familia real británica se había puesto en marcha en 1997 y, bajo la supervisión de su equipo de comunicación, comenzó una nueva etapa en la relación entre los Windsor y la sociedad.

El respaldo fundamental de los medios de comunicación

Aquella visión no surgió de repente. Felipe llevaba décadas defendiendo que la monarquía debía aprovechar los avances tecnológicos para acercarse a la población. Ya en 1947 había propuesto televisar su boda con Isabel, aunque la propuesta fue rechazada. Una década después, la coronación de Isabel II sí fue retransmitida por televisión en directo, convirtiéndose en un evento internacional y en un punto de inflexión en la forma en que la Corona se mostraba ante el mundo.

Príncipe Felipe, Príncipe Guillermo, Reina Isabel II, Príncipe Harry, Príncipe Carlos y Peter Phillips. FAMILIA REAL CONTEMPLA LAS OFRENDAS FLORALES A LA PRINCESA DIANA, A LAS FUERA DE BALMORAL, ESCOCIA, GRAN BRETAÑA - 1997 (James Gray/Shutterstock)

Su interés por los medios continuó durante las décadas siguientes. La investidura de Carlos como príncipe de Gales fue concebida teniendo muy presente su dimensión televisiva. Más tarde llegaron el correo electrónico, la página web institucional y, ya entrado el siglo XXI, las redes sociales. YouTube, Twitter y Facebook terminaron convirtiéndose en canales habituales de comunicación de la Casa Real.

Felipe no fue un especialista en relaciones públicas ni un estratega digital en el sentido actual. Su formación había estado marcada por la Marina británica y por una vida atravesada por los cambios políticos y sociales del siglo XX. Pero precisamente esa experiencia parece haberle proporcionado una capacidad especial para detectar hacia dónde evolucionaba la sociedad.

Su gran aportación fue comprender que la autoridad de la Corona no podía depender únicamente de la tradición. La institución necesitaba estar presente allí donde estuvieran los ciudadanos y aprender a hablarles en los nuevos lenguajes de cada época.

Fuente: Infobae

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