La operación ‘Abuela Murió’: la mentira que desató la Segunda Guerra Mundial

El 31 de agosto de 1939, un grupo de hombres vestidos con uniformes del ejército polaco irrumpió en la emisora de radio de Gliwice, en la Alta Silesia. Dispararon al aire, redujeron a los empleados y al policía de guardia, y lanzaron un mensaje antialemán en polaco. Todo apuntaba a un ataque de Polonia contra Alemania. Pero era una farsa cuidadosamente orquestada por las SS bajo las órdenes de Heinrich Himmler.

Faltaban pocos minutos para las ocho de la noche cuando seis miembros de las SS, al mando del mayor Alfred Naujocks, tomaron la estación. Uno de ellos, Karl Hornack, se colocó frente al micrófono y leyó consignas antialemanas durante unos quince minutos. La primera frase fue:

“¡Atención! Esto es Gliwice. La emisora está en manos de Polonia”.

Para darle credibilidad al montaje, los nazis llevaron consigo a un agricultor polaco de 43 años, Franz Honiok, a quien habían detenido el día anterior. Lo drogaron, lo vistieron con un uniforme polaco, le dispararon en la frente y dejaron su cadáver en la sala de transmisión. Luego fotografiaron la escena para presentarla como prueba de un ataque polaco. Los periódicos alemanes difundieron las imágenes como evidencia de la agresión.

Tras la transmisión, el comando se retiró. Los empleados y el policía, atados, quedaron convencidos de que habían sido atacados por polacos. La mentira estaba lista: Polonia había agredido a Alemania. Esa operación, cuyo nombre en clave era “Grossmutter gestorben” (Abuela murió), fue la excusa que Adolf Hitler necesitaba para lanzar la Segunda Guerra Mundial.

A mediados de agosto de 1939, Hitler convocó a la cúpula del ejército alemán para afinar la estrategia militar para invadir Polonia

El discurso que encendió la mecha

La madrugada del 1 de septiembre de 1939, la BBC de Londres informó sobre el ataque a la radio de Gliwice, basándose en la versión alemana. Mientras, las radios alemanas repetían incansablemente la frase “invasores polacos” para preparar el terreno. Horas después, Adolf Hitler se dirigió al Reichstag y declaró:

“Esta noche, soldados regulares polacos han disparado por primera vez contra nuestro territorio. El Estado de Polonia ha rechazado el establecimiento de relaciones pacíficas, como yo he deseado, y ha apelado a las armas. […] Con el fin de poner fin a su locura, no tengo otra alternativa que responder fuerza contra fuerza desde ahora”.

Era ni más ni menos que la justificación para un avance arrasador sobre territorio polaco.

Alfred Naujocks, oficial de las SS que formó parte de la farsa que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial

El expansionismo que no se detuvo

Hitler llevaba años buscando el “espacio vital” para Alemania. Desde 1935, con el plebiscito del Sarre (reincorporado con el 90,73% de votos favorables), pasando por la remilitarización de Renania el 7 de marzo de 1936, el Anschluss con Austria en 1938, y la anexión de los Sudetes tras la Conferencia de Múnich en septiembre de 1938, ninguna potencia europea lo había frenado. Allí, los líderes Chamberlain, Daladier, Mussolini y Hitler aceptaron la ocupación de las zonas de habla germana de Checoslovaquia, creyendo haber logrado “la paz para nuestro siglo”. Un año después, la Alemania nazi invadió Polonia, no sin antes firmar el Pacto de No Agresión Germano-Soviético (pacto Ribbentrop-Molotov) que le garantizaba tranquilidad en el frente oriental.

Vista de la estación de radio de Gliwice, donde Hitler montó un falso ataque polaco, el 31 de agosto de 1939, que utilizó para justificar la invasión de Polonia. (DPA/Picture Alliance via Reuters)

La guerra relámpago arrasa Polonia

El 1 de septiembre de 1939, a las 4:26 de la madrugada, la Wehrmacht inició la operación “Fall Weiss” (Caso Blanco). Más de 1.800.000 soldados, 3.472 tanques (modelos Panzer I, II, T-38, Panzer III y IV), 718 vehículos blindados, 5.805 piezas de artillería y 2.315 aviones de la Luftwaffe barrieron las defensas polacas con la táctica de la Blitzkrieg (guerra relámpago), ideada por el general Heinz Guderian. La estrategia concentraba fuerzas en un punto llamado schwerpunkt para romper el frente con rapidez. El ataque se desarrolló en dos alas: el Grupo de Ejércitos Norte bajo el mando del general Fedor von Bock y el Grupo de Ejércitos Sur del general Gerd von Rundstedt. Simultáneamente, dentro del Estado Libre de Danzig, la milicia SS local al mando de Hans Goetze acosó a las autoridades polacas.

El poderío alemán fue tremendo. La Kriegsmarine desplegó 84 buques. Del otro lado, el ejército polaco carecía de armas modernas, tenía pocas unidades blindadas y apenas 300 aviones, la mayoría destruidos por la Luftwaffe en los primeros días de la Blitzkrieg. Quince días después de la invasión alemana, el 17 de septiembre de 1939, la Unión Soviética invadió Polonia desde el este, obligando al gobierno polaco a huir del país. Varsovia se rindió el 27 de septiembre tras un intenso bombardeo. El 29 de septiembre, Alemania y la URSS se repartieron Polonia según el protocolo secreto del pacto, con la línea de demarcación en el río Bug. La última resistencia polaca finalizó el 6 de octubre. La Blitzkrieg había durado apenas 35 días. Para entonces, Gran Bretaña y Francia ya le habían declarado la guerra a Alemania en respuesta a la invasión.

Erwin von Lahousen, un general del ejército alemán que se oponía a Hitler, declaró en el Juicio de Núremberg y desentrañó las mentiras con que los nazis dieron comienzo a la Segunda Guerra Mundial

La superioridad alemana era abrumadora. El ejército polaco, con equipo anticuado y apenas 300 aviones, fue aniquilado en los primeros días. La Luftwaffe destruyó sus aeronaves en tierra y la Blitzkrieg no dio tregua. La partición de Polonia se selló el 29 de septiembre con el reparto acordado en el protocolo secreto del pacto germano-soviético.

La verdad escondida por casi 20 años

La trama secreta de la operación “Abuela murió” demoró casi dos décadas en salir a la luz. En 1958, el escritor británico Comer Clarke localizó en Hamburgo al ex mayor de las SS Alfred Naujocks, el jefe del comando que tomó la radio, y luego de entrevistarlo publicó un artículo titulado “El hombre que inició la última guerra”. Cuando Clarke lo interrogó, Naujocks admitió sin remordimientos:

“Sí, yo empecé todo. No creo que ahora nadie se preocupe por mí”.

El ex mayor de las SS, que murió en 1960 sin enfrentar a un tribunal de crímenes de guerra, reveló que unos treinta días antes del 31 de agosto de 1939 fue citado a la oficina de Berlín de Reinhard Heydrich, el temido jefe de la policía secreta alemana. “Heydrich me dijo: ‘Dentro de un mes estaremos en guerra con Polonia. El Führer está decidido. Pero primero tenemos que tener algo por lo que ir a la guerra. Hemos organizado incidentes en Danzig, a lo largo de la frontera de Prusia Oriental con Polonia y a lo largo de la frontera alemana. Pero tiene que haber algo grande y obvio’”, contó Naujocks.

Las fuerzas alemanas entraron en acción exactamente a las 4.26 de la madrugada del 1° de septiembre de 1939, aún antes de que Hitler pronunciara su encendido discurso ante el Reichstag (Wikimmedia)

Además, describió cómo Heydrich se acercó a un mapa de Europa del Este colgado en la pared y señaló con el dedo a Gliwice. “Aquí es donde entrás vos. La idea es que seis hombres y vos irrumpan en la emisora de radio de Gliwice, reduzcan al personal y transmitan un discurso en polaco y alemán, atacando a Alemania y al Führer y anunciando la intención de Polonia de tomar los territorios en disputa por la fuerza”, relató Naujocks que le dijo el segundo de Himmler. Sin un ápice de remordimiento, el jefe del comando de las SS explicó que para hacer más creíble la operación, la tarde anterior habían detenido al campesino Honiok y lo habían drogado antes de vestirlo con un uniforme, balearlo y dejarlo en el lugar. “Nos referíamos a él como ‘Konserve’ (conserva o carne enlatada)”, dijo.

Hasta que Clarke entrevistó a Naujocks, el ataque de falsa bandera contra la radio de Gliwice se conocía como “Operación Himmler”, un error histórico que el ex mayor quiso enmendar. “Nunca la llamamos así, su nombre en clave era otro: ‘Grossmutter gestorben’ (Abuela murió)”, precisó. Así quedó al descubierto con todo detalle el ataque de falsa bandera que marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el mayor conflicto bélico del siglo XX, que dejó un saldo aproximado de entre 70 y 85 millones de personas muertas, un 3% de la población mundial de entonces.

Fuente: Infobae

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