Cada 30 de agosto se celebra el Día Internacional del Tiburón Ballena, una jornada dedicada a reflexionar sobre el futuro de la especie más grande entre todos los peces del planeta. El tiburón ballena (Rhincodon typus) puede superar los 18 metros de longitud y alcanzar un peso de hasta 42 toneladas, una combinación de tamaño colosal y un comportamiento que resulta completamente inofensivo para las personas.
Pese a su imponente dimensión, este animal sigue siendo un gran desconocido para el público. Su ciclo vital, sus travesías migratorias, su alimentación y su aporte al equilibrio marino son temas que los científicos aún investigan activamente.
1. No es ballena: es el pez más grande del mundo
Aunque su nombre lo sugiera, el tiburón ballena no pertenece a la familia de las ballenas. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), se trata de un tiburón, es decir, un pez cartilaginoso que se alimenta por filtración, una técnica que comparte con algunas ballenas, pero que no lo convierte en una de ellas.
La Fundación Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) añade que su esqueleto no está hecho de huesos, sino de cartílago, el mismo tejido flexible presente en la nariz humana. Esta característica define su biología y, al mismo tiempo, dificulta la conservación de sus restos, lo que complica el estudio de su historia evolutiva.

Con una longitud habitual de 12 metros, el tiburón ballena ostenta el título del pez más grande del mundo. La Fundación para la Megafauna Marina (MMF) documentó un ejemplar capturado frente a las costas de Taiwán que medía 20 metros y pesaba 34 toneladas; otro individuo de la misma zona alcanzó las 42 toneladas. También se registró en India un animal de 18,8 metros.
2. Come lo más pequeño del océano
Su forma de alimentarse es uno de los espectáculos más asombrosos del mar. El tiburón ballena no puede morder ni masticar: abre su enorme boca, de hasta 1,2 metros de ancho, y traga grandes cantidades de agua. Esa agua pasa por las branquias, donde unas estructuras llamadas rastrillos branquiales actúan como un colador y retienen los pequeños organismos que el animal ingiere. A pesar de lo amplio de su boca, su garganta tiene el tamaño aproximado de una pelota de béisbol.
Su dieta incluye camarones, huevos de atún, kril, larvas de cangrejo, copépodos y peces pequeños como anchoas. Un ejemplar de tamaño mediano, de unos 6 metros, puede filtrar hasta 600.000 litros de agua por hora. En lugares con alta concentración de alimento, como Isla Mujeres, en México, ese mismo tiburón puede llegar a consumir 142,5 kilogramos de huevos de atún en un solo día, unas 43.000 kilocalorías.
3. Tiene memoria espacial y recorre miles de kilómetros

El tiburón ballena es un migrador incansable. Puede desplazarse miles de kilómetros entre zonas de alimentación, aunque su velocidad media es de apenas 5 kilómetros por hora. Con frecuencia, cada individuo supera los 10.000 kilómetros al año.
Un caso documentado por la MMF muestra la precisión de su orientación: un tiburón ballena avistado en Utila, Honduras, fue visto al día siguiente a 100 kilómetros de distancia, en Gladden Spit, Belice, justo a tiempo para la puesta de huevos de pargo, un evento que ocurre solo unos pocos días al mes.
Los investigadores creen que estos animales usan el campo magnético terrestre para orientarse, y que las islas volcánicas y los atolones, que generan anomalías magnéticas pronunciadas, funcionan como puntos de referencia en sus largas travesías.
4. Es el pez que bucea a mayor profundidad
Además de ser el más grande, el tiburón ballena tiene otro récord: la mayor profundidad de buceo documentada en un pez. Ejemplares con etiquetas satelitales fueron registrados a profundidades de al menos 1.928 metros.

Estas inmersiones podrían tener dos propósitos: mejorar la orientación mediante señales magnéticas del fondo oceánico y acceder a alimento en aguas profundas. Para soportar temperaturas de hasta 2 °C, el tiburón ballena cuenta con una piel de 30 centímetros de espesor, que actúa como aislante térmico y también lo protege de posibles depredadores.
5. Cada tiburón ballena tiene un patrón de manchas único
Su piel combina líneas horizontales y verticales sobre un fondo oscuro, con cientos de manchas claras en todo el cuerpo y el vientre blanco. Ese diseño hace que la especie sea inconfundible.
Cada patrón es tan personal como una huella dactilar: no hay dos tiburones ballena con las mismas manchas. Gracias a ello, los científicos pueden identificar a cada animal sin necesidad de métodos invasivos.
6. Vive más de un siglo y crece muy despacio
El tiburón ballena es uno de los vertebrados más longevos. Se estima que los adultos pueden vivir entre 130 y 150 años. Pero muy pocos llegan a esa edad: según el WWF, menos del 10% de los nacidos sobrevive hasta la adultez.

Su crecimiento es extremadamente lento. La MMF cita el caso de dos ejemplares, Stumpy y Zorro, que vuelven cada año al arrecife de Ningaloo, en Australia, desde hace más de 20 años. Durante todo ese tiempo, su crecimiento fue «insignificante».
En cuanto a la reproducción, solo se ha confirmado un embarazo en la historia del estudio de la especie: una hembra de 10,6 metros capturada en Taiwán en 1995 llevaba 304 crías en su interior, casi el doble que cualquier otra especie de tiburón conocida.
7. Regula el equilibrio del océano
El impacto del tiburón ballena en el ecosistema marino va más allá de su tamaño. Controla los niveles de plancton y algas: si estos organismos proliferan en exceso, reducirían la cantidad de luz solar y oxígeno en el agua, con efectos negativos para todo el ecosistema.
Además, varios peces pequeños se alimentan de los parásitos externos que viven en su piel y nadan cerca de él para protegerse de otros depredadores. La presencia del tiburón ballena en una zona es un indicador de abundancia de plancton y, por tanto, de la salud general del océano.
En peligro y con población en descenso

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incluye al tiburón ballena en su Lista Roja como especie en peligro, con una tendencia poblacional a la baja. Su puntuación de recuperación es del 29%, lo que significa que avanza hacia la recuperación, pero aún está lejos de ser estable en toda su área de distribución.
Las amenazas son varias. El WWF señala la pesca accidental en redes destinadas a otras especies, la pesca deliberada por sus aletas, carne y aceite, la contaminación por plásticos, que ingieren al filtrar el agua, y el cambio climático, que altera la temperatura del mar y la distribución de sus presas. La IFAW agrega las colisiones con embarcaciones y el impacto del turismo no regulado, que puede interrumpir su alimentación o causar heridas por hélices.
La MMF advierte que más de la mitad de la población mundial de tiburones ballena desapareció desde la década de 1980. Para enfrentar esta crisis, el WWF desarrolla proyectos en varios países:
- En Tanzania, monitorea la población en Isla Mafia, donde el recuento pasó de unos 100 individuos en 2012 a 206 en diciembre de 2019.
- En Filipinas, colocó etiquetas satelitales en 29 ejemplares para estudiar sus desplazamientos.
- En México, capacita a turistas y operadores de embarcaciones para reducir encuentros peligrosos.
Casi todos los ejemplares con marcas satelitales se mantienen en un área de hasta 200 kilómetros desde la línea costera y suelen estar a menos de 45 metros bajo la superficie.
Fuente: Infobae