Una mañana de abril de 2018, la ciudad de Nueva York amaneció con una misión: derribar la estatua erigida en honor al doctor James Marion Sims. Considerado el padre de la ginecología moderna, su comportamiento en vida se asemejó más al de un ‘Saturno devorando a sus hijos’ que al de una benevolente figura paternal, pues durante décadas experimentó con esclavas negras para perfeccionar sus técnicas de cirugías vaginales.
J. Marion Sims, nacido en 1813 en una pequeña localidad de Carolina del Sur, llegó a presidir la Asociación Médica Estadounidense. Fue uno de los facultativos más respetados dentro y fuera del país, pero sus operaciones vaginales en mujeres y niñas esclavizadas han llevado, en los últimos años, a los historiadores a reevaluar su figura. El movimiento culminó así en Central Park, cuando un grupo de personas se congregó para observar y celebrar cómo los funcionarios municipales retiraban la escultura de Sims del parque más emblemático de Nueva York.
Entre 1845 y 1849, Sims instaló una clínica improvisada en el jardín de su casa en Montgomery, Alabama, uno de los epicentros de las plantaciones de algodón y del tráfico de esclavos en Estados Unidos. En 1860, el 66% de la población del condado de Montgomery estaba esclavizada (más de 23.710 personas). Fue allí, en el conocido como Cinturón Negro, donde llevó a cabo sus experimentaciones quirúrgicas con mujeres que padecían lesiones o infecciones ginecológicas.

El gran hallazgo de Sims
El doctor Sims se obsesionó con perfeccionar la técnica de sus cirugías, tanto en su clínica de Alabama como en el hospital que fundó en Nueva York, el primero específicamente para mujeres. Con el tiempo, tuvo que abandonar el centro porque insistía en tratar a pacientes con cáncer. Esto lo llevó a contribuir en la creación del primer hospital oncológico de Estados Unidos, inaugurado tras su muerte, ocurrida en 1883.
Su apellido se hizo internacionalmente conocido por el desarrollo de una herramienta médica que aún se usa hoy con pocas innovaciones: el espéculo vaginal de Sims, así como el catéter sigmoideo de Sims y la posición de Sims. Sin embargo, el mayor aporte de este médico fue el tratamiento (sin anestesia) de la fístula vesicovaginal, una abertura que se forma entre la vagina y la vejiga urinaria y que provoca la salida de orina por la vagina.
Hasta ese momento no existía cura para este daño físico incapacitante, que podía provocar el parto y que condenaba a las afectadas al aislamiento social. Sims ideó un procedimiento quirúrgico innovador usando el mencionado espéculo, pero le permitió operar y finalmente desarrollar una técnica efectiva que transformó por completo el tratamiento ginecológico. Durante la Guerra de Secesión, Sims extendió su fama en Europa, donde enseñó sus técnicas en París, Londres y Berlín y acumuló múltiples condecoraciones.
Aunque la medicina reconoce sus contribuciones, la doctora afroamericana Bernadith Russell, del hospital New York-Presbyterian, las compara con las que hubiera hecho Josef Mengele, el médico nazi que también experimentó con personas en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.
“No pondríamos una estatua suya debido a cómo obtuvo esa información”, señaló en declaraciones a AFP aquel día en que Nueva York se deshizo de la estatua de Sims.
“Lo que hizo Sims no está bien. No se puede abusar de la gente para conseguir un avance médico”, declaró Harriet A. Washington, historiadora y experta en ética médica, a BBC Mundo. “No se puede sacrificar cruelmente a un pequeño grupo de personas sin poder para beneficiar a otro grupo de personas muy poderosas. Eso no es defendible éticamente ni tampoco es un acto heroico”, añadió la también autora del libro Medical Apartheid, que recoge toda una tradición de explotación de personas afroamericanas para fines médicos en Estados Unidos.

La cuestión del consentimiento en operaciones vaginales sin anestesia
La anestesia con éter se usó por primera vez de forma exitosa en octubre de 1846, casi un año después de que el doctor comenzara sus operaciones. A ninguna de las mujeres negras que trató posteriormente les ofreció anestesia; simplemente opio a tres esclavas para la recuperación, según él mismo contó en sus diarios. Sin embargo, cuando llegó a Nueva York para tratar a mujeres blancas, a ellas sí les aplicó la anestesia.
Una de las pocas esclavas a las que podemos ponerle un nombre fue Anarcha, quien con solo 17 años tuvo que sufrir un parto que se prolongó durante tres días y que le causó múltiples lesiones. En los siguientes cuatro años, Sims le realizó hasta 30 cirugías experimentales (también todas ellas sin anestesia), hasta que por fin consiguió la técnica idónea para cerrar las fístulas.
La cuestión del consentimiento está en el centro de la crítica contemporánea. Aunque autores como Vanessa Gamble, profesora en la George Washington University, sostienen que Sims solo requería la aprobación de los propietarios de las esclavas y no documentó el deseo o consentimiento real de las pacientes, otros especialistas como Durrenda Ojanuga consideran que el contexto médico del siglo XIX no puede disculpar la explotación de estas mujeres.
Fuente: Infobae