No todos los juegos terminan con un ganador. Mientras unos se cierran con una victoria, otros apenas comienzan. Un naipe que muestra la Torre Eiffel, el puente de Brooklyn o cualquier otro sitio célebre del planeta puede pasar por una simple ilustración. Hasta que alguien la observa y dice: “Yo estuve ahí”. Enseguida, la memoria se enciende y las anécdotas empiezan a fluir.
Esa escena se vivió durante una jornada de estimulación cognitiva en We Care, residencia de lujo para adultos mayores. En esa experiencia participaron Mnemos, Helicoidea y Brain Books con diversas propuestas recreativas. Sobre las mesas hubo cartas, juegos de mesa, libros, lápices, dibujos, desafíos y piezas para armar. Pero lo que más se notó fue la conversación, la concentración, los recuerdos y muchas ganas de participar.
En una de las mesas, Gustavo y Alicia compartían un mazo de cartas de Mnemos con retos para identificar sitios emblemáticos del planeta. Aquellas imágenes detonaron memorias de viajes, de ciudades donde habían residido y de experiencias personales. Una simple instrucción desató algo mucho más valioso: la biografía de cada participante.

Un integrante de Mnemos lo explicó así:
“Lo importante en una jornada como esta tiene que ver con la historia de las personas. Cuando uno los ve realmente involucrados es porque los está atravesando su propia historia”.
Después, con pocas palabras, completó la idea: “Esa alegría vale oro, es potencia”.
Jugar para crear y compartir
En una segunda mesa, las manos se movían en torno a un gran mandala creado por Helicoidea. La propuesta consistía en armarlo entre todos. Con el avance de la dinámica, las piezas dieron paso a figuras nuevas, inventadas por el grupo. El objetivo ya no era copiar un modelo: se trataba de observar, combinar, probar y crear con los demás.

En otra zona, los libros de Brain Books invitaban a pasatiempos, cuentos breves y retos variados. Una representante acercó a una residente un ejemplar de relatos cortos para adultos mayores. La respuesta fue inmediata: “Lo voy a leer”. Ese breve instante reflejó lo que se vivió toda la tarde: la curiosidad seguía despierta.
Acciones tan simples como las siguientes activan procesos mentales importantes:
- Pintar
- Dibujar
- Encontrar relaciones entre imágenes
- Completar figuras
- Reconocer lugares
- Construir formas o resolver un desafío
Todas ellas ponen en juego la atención, el lenguaje, la memoria, la asociación y la creatividad. Y si se realizan en compañía, aparece un componente difícil de cuantificar, pero muy fácil de notar: la conversación.
Recordar no es únicamente dar una respuesta correcta. En ocasiones, identificar una ciudad transporta a quien la ve hacia un viaje de muchos años atrás. Es relatar dónde se vivió, qué sucedió en ese lugar y con quién se compartió esa etapa. Y es, también, dar con alguien dispuesto a escuchar esa historia.

Quizá por eso, las imágenes que más hablaron esa tarde no mostraron juegos concluidos, sino a las personas en plena partida: manos en acción, miradas atentas, diálogos junto a la mesa y abundantes sonrisas.
A menudo se relaciona la estimulación cognitiva con rutinas de entrenamiento mental. Sin embargo, también puede desplegarse en rutinas diarias y agradables. Una partida, un trazo, un relato breve o una charla encierran una invitación a observar, imaginar, asociar y recordar.
Y cuando la historia personal aparece, el ejercicio deja de sentirse como una obligación. Entonces, una carta ya no muestra únicamente la Torre Eiffel: también devuelve un viaje, una etapa de la vida y una historia que todavía merece ser contada.
Fuente: Infobae