En el quinto año del conflicto armado, las dificultades se acumulan para Vladimir Putin, presidente de Rusia.
Sus fuerzas militares han perdido impulso en el campo de batalla. El gasto en la guerra se ha disparado más allá de lo previsto. La población rusa siente una creciente incertidumbre sobre lo que podría ocurrir. Además, la capacidad de Moscú para proyectar control se ha visto debilitada por los ataques ucranianos en diversas regiones de Rusia, donde almacenes de comercio electrónico, refinerías de petróleo y otras instalaciones arden prácticamente a diario.
La situación ha llegado a tal punto que el director de la CIA, John Ratcliffe, realizó una inusual visita a Moscú esta semana. Allí presentó a los servicios de inteligencia rusos un panorama sombrío tanto en lo militar como en lo económico, instando al gobierno de Putin a alcanzar un acuerdo de paz.
Sin embargo, Putin ha dado pocas señales de que tenga intención de detener la lucha o de que considere su situación demasiado grave para resistir.
Por el contrario, el líder ruso ha insinuado que, pese a los desafíos que enfrenta su país, cree que la situación de Ucrania es peor. Ha advertido que Kiev “dejó salir al genio de la botella” al atacar la economía civil rusa y que recibirá su merecido con una escalada que ya está en marcha.
“En su evaluación, Rusia solo necesita hacerlo mejor que Ucrania”, creyendo que si él aguanta, Kiev “se va a desmoronar” al final, dijo Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia en Berlín.
Putin ha subestimado sistemáticamente la resiliencia ucraniana, señaló Gabuev. Pero, en efecto, Kiev enfrenta nuevos peligros.
Más allá de sus menguantes reservas de soldados y fondos militares, Ucrania sufre una gran escasez en defensa antiaérea, lo que deja su territorio vulnerable a los misiles balísticos rusos. Dado que la guerra en Irán ha agotado las reservas de interceptores, los aliados occidentales tienen menos capacidad o disposición para ayudar.
Cada mes, Moscú produce en masa decenas de misiles balísticos, armas formidables de las que Ucrania carece. Según la inteligencia militar ucraniana, Rusia también recurre a Corea del Norte para obtener más poder de misiles balísticos.
Gabuev indicó que este desequilibrio podría estar convenciendo a Putin de que está obteniendo una ventaja crítica, pese a sus crecientes problemas internos. El líder ruso, dijo, buscará “quebrar” a Ucrania este invierno, diezmando su infraestructura civil y sus instalaciones de producción militar.
Pero a medida que avanza la guerra, Putin se mueve para contener una situación interna que luce considerablemente peor que el año pasado.
Durante gran parte de 2025, el ejército ruso tomaba el control de decenas de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano cada mes. La interacción del Kremlin con el gobierno de Donald Trump alentaba esperanzas en la sociedad rusa de que la guerra podría terminar pronto. Los tecnócratas rusos mantenían la economía de tiempos de guerra en marcha; internet funcionaba de manera estable; la gasolina estaba disponible uniformemente; y los ataques en territorio ruso fuera de las regiones fronterizas estaban relativamente contenidos.
Ahora todo eso ha cambiado.
“El mayor desafío para Putin en este momento es que las expectativas están cambiando”, dijo Janis Kluge, analista sobre Rusia en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad. “La situación simplemente es muy diferente a la de hace un año. Si miras hacia el futuro, si eres parte de las élites de Moscú, y piensas hacia dónde va esto, notarás que va en la dirección equivocada”.
En el campo de batalla, la ganancia territorial neta del ejército ruso ha sido de solo 176 kilómetros cuadrados desde el 1 de junio, mientras se concentra en la parte más fortificada del frente ucraniano en la región oriental de Donetsk, según estadísticas de Black Bird Group, una firma de análisis de seguridad con sede en Finlandia.
Apesar de la visita de Ratcliffe a Moscú, hay pocos indicios de que las conversaciones de paz se reanuden por completo pronto, lo que frusta las esperanzas de muchos russos de encontrar una resolución al conficto.
“En cuanto al tema de las conversaciones de paz, ese asunto se encuentre actualmente firmemente en pausa”, dijo el viernes el portavoz del Kremlin, Dmitri S. Peskov, después de la visita. “No hay ideas nuevas”.
Los ataques de largo alcance de Ucrania han llevado a los rusos a preguntarse qué podría venir a continuación. Kiev se apresura a desarrollar sus propios misiles balísticos, y el presidente Volodímir Zelenski afirmó este mes que esperaba tener “resultados concretos” para finales de año.
Además de las ansiedades por una mayor destrucción en territorio ruso, a muchos en Rusia les preocupa un posible nuevo reclutamiento para reabastecer al ejército una vez que concluyan las elecciones parlamentarias el próximo mes.
Rusia sigue teniendo problemas para solucionar la escasez en las gasolineras de todo el país y se tambalea por los ataques repetidos a los almacenes de sus dos gigantes del comercio electrónico: Wildberries y Ozon.
Mientras tanto, el estado de ánimo en el país ha cambiado. El porcentaje de rusos que expresan apoyo a las acciones del ejército ruso en Ucrania ha caído a su nivel más bajo desde el inicio de la invasión, según una encuesta realizada el mes pasado por el Centro Levada, de carácter independiente.
El sentimiento sobre las perspectivas económicas del país también ha empeorado, en especial después de que entraran en vigor impuestos más altos para ayudar a cubrir el gasto descontrolado en la guerra. Los rusos han comenzado a retirar más efectivo de los bancos, a medida que las interrupciones regulares de internet obstaculizan los pagos digitales y algunas personas buscan evitar la nueva carga fiscal realizando operaciones en efectivo.
Las élites rusas han enviado algunas discretas señales de descontento.
En junio, Herman O. Gref, director del banco estatal Sberbank, dijo que los rusos querían que la guerra terminara lo antes posible. Sergei S. Sobyanin, el alcalde de Moscú, advirtió que intentar poner la economía rusa totalmente en pie de guerra, como han pedido algunos partidarios de línea dura, “mataría al país por completo”.
Andrei Klepach, el economista jefe del banco estatal de desarrollo ruso, Vnesheconombank (VEB), fue despedido después de pronunciar un discurso en el que les dijo a otros economistas que Rusia se estaba quedando atrás tecnológica y económicamente como resultado de la guerra.
Klepach advirtió que los rusos tenían la ilusión de que Ucrania colapsaría, pero “no lo ha hecho y no lo hará”, según comentarios reportados por primera vez por The Moscow Times.
Mientras el aparato de Putin organiza el teatro político de unas elecciones parlamentarias el próximo mes (las primeras desde la invasión de 2022), la disidencia política se ha topado con la represión. Las autoridades rusas estaban tan preocupadas de que el descontento pudiera desbordarse en los comicios que el Tribunal Supremo del país excluyó de la boleta a un partido marginal, Yabloko, porque su postura contra la guerra ganó más fuerza de lo esperado.
Thomas Graham, un experto en Rusia del gobierno de George W. Bush, dijo que el ciclo de escalada en la guerra y las tensiones que ambas partes sienten deberían impulsar a Estados Unidos a liderar un nuevo esfuerzo sostenido para poner fin al conflicto.
Incluso si Putin planea combatir durante el invierno, dijo Graham, ahora se deben sentar las bases con los funcionarios rusos para alcanzar un acuerdo final en la primavera.
“Hay un grupo sustancial de la élite política al que le gustaría poner fin a este conflicto más pronto que tarde”, afirmó Graham.
Putin, por su parte, ha pasado gran parte del mes pasado diciendo que los rusos deben atrincherarse y unirse contra los adversarios extranjeros que, según afirma, están empeñados en destruir la nación.
El presidente ruso visitó una lejana isla en disputa reclamada por Japón para subrayar la afirmación de la soberanía de Rusia y sus reclamos territoriales.
Inspeccionó la cripta y los restos de Dmitri Donskoy, un santo ortodoxo ruso del siglo XIV a quien muchos rusos conocen por su cruzada contra los señores mongoles-tártaros.
Putin se presentó en el congreso del partido gobernante Rusia Unida para ofrecer su respaldo, y presentó la situación como si empeorara a causa del éxito de Rusia, pues eso habría empujado a Ucrania a arremeter con mayor fuerza.
“Cuanto más difícil se vuelve la situación en el frente de batalla para el enemigo, más brutales y bárbaros son los ataques que lleva a cabo el régimen de Kiev”, dijo Putin, comparando a las autoridades ucranianas con los nazis. “Ahora, mucho depende de nuestra unidad, de la valentía de los soldados y oficiales rusos, de todos los que trabajan asiduamente en su propio papel para contribuir a la victoria”.
Fuente: Infobae