Un reciente análisis científico ha puesto sobre la mesa una interrogante que llevaba décadas sin respuesta: ¿por qué en el registro fósil no aparecen dinosaurios adultos no avianos de un tamaño inferior al de un conejo? El estudio, que abarca aproximadamente 180 millones de años de rocas fosilíferas, no encontró ningún ejemplar adulto con un peso menor a 400 gramos.
La ausencia de estos especímenes resultó llamativa, ya que en otros grupos animales sí se han hallado ejemplares mucho más diminutos. Además, un modelo biológico ampliamente aceptado anticipa que la mayoría de los integrantes de un conjunto deberían concentrarse cerca de un tamaño intermedio, algo que no ocurrió con los dinosaurios.
El trabajo, publicado en la revista Evolution, fue realizado por Stephanie Lechki, de la Universidad de Princeton y la Universidad de Oxford, junto con Roger Benson, del Museo Americano de Historia Natural. Es importante aclarar que la investigación no incluyó nuevas excavaciones, sino que se basó en datos ya publicados.
Según reportó Earth.com, los autores compararon pesos corporales adultos de 6 grupos y probaron el enfoque de 24 maneras distintas para evaluar si la propia biología de los animales prehistóricos podía explicar esa falta de especies diminutas.
Un patrón que sí funciona en otros grupos

El modelo parte de una idea básica: los animales pequeños pueden usar la energía del alimento de manera eficaz para reproducirse, pero suelen tener más dificultades para reunir suficiente comida. En cambio, los organismos grandes acceden a más recursos, aunque necesitan gastar más energía para mantener su cuerpo y reproducirse. A partir de esa relación, la fórmula propone un tamaño óptimo en el que ambas ventajas quedan compensadas.
En teoría, la mayoría de los tipos de un grupo debería acercarse a ese punto. En el caso de los mamíferos, los investigadores revisaron 4.062 especies y calcularon una dimensión óptima de 100 gramos; el resultado coincidió con el porte de muchos individuos actuales. En el cálculo entran además las tortugas, con un total de 260 especies. Por el contrario, los lagartos, las serpientes y los cocodrilos quedan fuera. Los cocodrilos actuales presentan un peso promedio cercano a 295 kilogramos, mientras que la fórmula calcula su tamaño ideal en menos de 1,6 kilogramos.

El caso de los dinosaurios
Cuando el equipo examinó 515 especies de dinosaurios no avianos, el resultado fue distinto. Como no es posible medir de forma directa la fisiología de animales extintos, los autores ensayaron combinaciones de valores observados en grupos vivos comparables. Aun cuando usaron las variantes que daban más posibilidades a reptiles prehistóricos de mayor tamaño, el resultado seguía indicando que el peso más común o más conveniente para ese conjunto debía ser de unos 3 kilos.

Además, en todas las pruebas apareció la misma idea: también deberían haber existido todavía más reducidos, de menos de 300 gramos. El problema es que esos animales no aparecen en los fósiles que se conocen.
“Nos entusiasmaba la idea de que pudiera haber algo en la biología de los dinosaurios que les impidiera ser pequeños”, reconoció Roger Benson.
En lugar de eso, los modelos descartaron de manera general esa hipótesis.
Los saurópodomorfos de cuello largo fueron el grupo que más se alejó de la predicción, mientras que los terópodos, de los que surgieron las aves, fueron los que menos se apartaron del cálculo, aunque tampoco coincidieron de forma completa con la fórmula.
La búsqueda en los yacimientos mejor conservados
Una posible explicación para la ausencia de dinosaurios muy diminutos es que los esqueletos reducidos se deterioran con mayor rapidez, lo que vuelve incompleto el registro fósil. Para revisar ese problema, los investigadores clasificaron especies por yacimientos a partir de la base de datos de paleobiología y listas publicadas. Luego seleccionaron dos lugares donde ese sesgo resulta menor: el Grupo Jehol, en el noreste de China, y la Formación Djadokhta, en Mongolia. Ambos sitios conservan esqueletos completos de pequeños mamíferos, lagartos y aves, útiles para saber si hubo ejemplares del tamaño de un ratón.

En esos yacimientos sí aparecieron dinosaurios más chicos. En Djadokhta, el peso más frecuente fue de 0,76 kilogramos, una cifra cercana a la sugerida por el modelo. Aun así, por debajo de ese umbral no se halló ningún resto. En esas mismas rocas, en cambio, sí se conservaron fósiles de mamíferos y lagartos dentro de ese rango de volumen corporal. Ese contraste reforzó la idea de que la falta de estos animales diminutos no se debe solo a un problema de conservación.
La hipótesis de la competencia

A partir de esos datos, los autores propusieron otra posibilidad: que los mamíferos que convivieron con los dinosaurios ya ocuparan el espacio ecológico de los cuerpos pequeños. Según el estudio, esos ejemplares eran reducidos y tenían tasas metabólicas altas. La hipótesis sostiene que consumían los recursos que habría necesitado un ejemplar diminuto para sostenerse. A eso se sumaría la competencia de las crías de especies mayores, que también pasaban por varios tamaños durante su crecimiento y explotaban alimentos similares.
Benson señaló que, durante mucho tiempo, la paleontología sostuvo que los dinosaurios mantuvieron a los mamíferos en dimensiones reducidas durante su era. El investigador consideró la posibilidad inversa: que los primeros mamíferos limitaran a estos reptiles prehistóricos e impidieran su reducción.
El papel de las aves
Los animales voladores, que forman parte de este grupo extinto, rompieron ese patrón. El estudio indica que el peso más común entre las aves actuales es de 33 gramos, alrededor de 200 veces menos que el dinosaurio no aviano más pequeño conocido. Según Lechki, el hecho de que el modelo sí funcione para las aves y no para el resto de los individuos subraya
“la importancia del vuelo en la determinación del tamaño corporal de las aves actuales”.

Las aves del Cretácico temprano redujeron su volumen corporal con rapidez justo cuando apareció el vuelo en sentido pleno. Por otro lado, en los continentes, el ave no voladora más liviana pesa 423 gramos, una cifra muy cercana al límite inferior observado en dinosaurios. En las islas, donde hay menos competidores y depredadores, esas aves no voladoras pueden alcanzar dimensiones más cercanas a las previstas por la fórmula.
Los propios investigadores aclaran que la competencia con mamíferos sigue siendo una hipótesis. Benson afirmó que una prueba capaz de refutarla sería hallar un dinosaurio adulto del tamaño de un gorrión o de un ratón en un conjunto fósil.
Fuente: Infobae