La muerte de un icono
El 25 de agosto de 1984, en una casa de Bel Air, Los Ángeles, Estados Unidos, falleció Truman Capote. Su amiga Joanne Carson lo halló inconsciente pasado el mediodía y solicitó ayuda médica, pero cuando los paramédicos arribaron, el escritor ya había muerto. Tenía 59 años.
La noche previa, según Carson, había sido un momento agradable. Nadaron juntos, conversaron sobre los preparativos para la gran fiesta de cumpleaños que él deseaba organizar —una cena de etiqueta— y Capote le entregó páginas escritas a mano en un cuaderno de espiral. Eran los últimos capítulos de Answered Prayers, la novela que había jurado concluir.
“Siempre decía que este sería el último libro que escribiría”, relató Carson al diario Los Ángeles Times días después del deceso. “Era, por lejos, el más difícil. Estaba bajando sus barreras y escribiendo desde el corazón y el alma”.
El certificado de defunción determinó como causa de muerte “enfermedad hepática complicada por flebitis e intoxicación múltiple por drogas”, según informó The New York Times. Las autoridades forenses aclararon de inmediato que no se trataba de una sobredosis.

“Esencialmente murió por causas naturales”, declaró el vocero de la morgue Bill Gold al mismo diario.
Los análisis toxicológicos detectaron barbitúricos, Valium, anticonvulsivos y analgésicos en su organismo. Todos eran fármacos recetados para tratar insomnio, ansiedad, dolores en las piernas y convulsiones epilépticas. “No se detectó alcohol”, agregó Gold. “Los niveles de las drogas, aunque contribuyeron, no fueron letales e indicaban un uso regular acorde a su historial médico. Si no hubiera tenido los problemas de salud que tenía, los medicamentos no habrían sido un factor”, explicó.
En sus instantes finales, según Carson le contó a la revista Vanity Fair, Capote habló de su madre. Luego pronunció dos frases: “Beautiful Babe” —en alusión a Babe Paley, su amiga más querida, fallecida de cáncer de pulmón seis años antes— y “Answered Prayers”. Fueron sus últimas palabras.
Infancia y formación
Capote no se llamaba Capote. Nació el 30 de septiembre de 1924 en Nueva Orleans como Truman Streckfus Persons, hijo de una ex Miss Alabama. Su padre estuvo ausente desde el principio y su madre lo dejó al cuidado de tías y abuelas en el sur rural de Estados Unidos. Fue una niñez de soledad y desarraigo que él mismo reconoció como el motor de su escritura: inventaba relatos para sobrellevar el abandono y la distancia de sus progenitores.

A los cuatro años, su familia se mudó a Louisiana, donde conoció a una niña llamada Harper Lee. Ambos se volvieron inseparables en el vecindario. La amistad duraría décadas, aunque con el tiempo se tensaría cuando Capote sintió celos del éxito temprano de Lee como escritora con To Kill a Mockingbird, que llegó antes que cualquier gran reconocimiento propio.
En 1935, su madre se casó con un hombre de negocios de apellido Capote, quien adoptó al niño. Fue entonces que Truman Streckfus Persons dejó de existir en los documentos y nació el nombre que el mundo conocería. Su madre, con quien siempre mantuvo una relación compleja y dolorosa, murió años después de lo que se describió como una aparente sobredosis de drogas.
Para endurecerlo, ella lo había enviado un año a la Academia Militar de St. John’s. El experimento fracasó: lo maltrataban sin pausa y no resistió. En la escuela privada Franklin de Manhattan tuvo que repetir el último año. No era un alumno aplicado, pero de noche frecuentaba clubes y cultivaba amistades con artistas y personas de la alta sociedad. A los 17 años consiguió trabajo como cadete en The New Yorker. Intentó publicar sus textos en la revista sin éxito, pero el contacto con ese mundo literario lo formó de una manera que ninguna aula hubiera podido.

Ascenso literario
Su carrera literaria comenzó en 1944 con el cuento “Miriam”. Cuatro años después publicó su primera novela, Other Voices, Other Rooms, y el libro casi quedó sepultado bajo el escándalo que generó la foto de la contratapa: Capote, de 23 años, recostado en un sofá con una mirada que un crítico describió como la de alguien que “soñaba con algún ultraje a la moral convencional”. Capote diría después que la foto había sido elegida por accidente, pero el público sospechó que el autor se identificaba con el protagonista del libro. El escándalo convirtió la novela en un éxito de ventas.
Lo que vino después fue Breakfast at Tiffany’s, con Holly Golightly como uno de los personajes más perdurables de la ficción estadounidense. Capote quería que el papel en la película lo interpretara Marilyn Monroe, pero ella rechazó la oferta. El rol terminó en manos de Audrey Hepburn, con un suceso descomunal.
Pero la obra que lo consagró —y que también lo persiguió— fue In Cold Blood, publicada en 1965. Capote pasó seis años investigando el asesinato de cuatro miembros de la familia Clutter en Garden City, Kansas, a manos de dos hombres condenados a muerte. El resultado fue lo que él mismo llamó “la primera novela de no ficción”, una forma literaria que reivindicó con la misma energía con que defendía todo lo suyo.
“Pasé seis años vagando por las llanuras de Kansas y casi me volví loco, pero lo sostuve hasta el final”, declaró en una entrevista recogida por Los Ángeles Times.
El afamado escritor Norman Mailer la llamó “un fracaso de la imaginación”. Capote nunca se lo perdonó y respondió con una puntería que le era característica: reconoció que Mailer era un buen crítico literario, pero añadió que como novelista no valía demasiado.

El libro había aparecido primero como una serie de crónicas en The New Yorker, donde disparó las ventas de la revista. Tras la publicación en formato de libro, Capote se convirtió en el centro de la vida social neoyorquina y organizó el llamado Black and White Ball en el hotel Plaza en 1966, una fiesta de máscaras que costó 16.000 dólares —unos 150.000 dólares actuales— y que reunió a lo más granado de la cultura, la política y el dinero del momento. Era el rey de Nueva York y lo sabía.
Los cisnes y la traición
Durante los años 50 y 60, Capote tejió un círculo de amistades con un grupo de mujeres de la alta sociedad a quienes llamaba sus “cisnes”: Babe Paley, esposa del director ejecutivo de CBS; Lee Radziwill, hermana menor de Jackie Kennedy; C.Z. Guest, musa de Andy Warhol; Slim Keith, referente permanente de las listas de mejor vestidas; y Marella Agnelli, aristócrata italiana, entre otras. Eran su mundo social, sus confidentes, el material vivo de su escritura.
En 1975, publicó en Esquire, revista estadounidense, un capítulo de Answered Prayers titulado “La Côte Basque, 1965”. El texto, presentado como ficción, exponía los secretos más oscuros de esas mujeres: infidelidades, escándalos, una acusación de asesinato. Las Swans lo reconocieron de inmediato. El rechazo fue fulminante. Capote quedó excluido del mundo que había construido durante veinte años y nunca logró recomponerse de ese aislamiento.
La caída
La decadencia fue pública y sostenida. En julio de 1978, durante una entrevista televisiva con Stanley Siegel en Nueva York, comenzó a divagar de manera incoherente sobre su consumo de alcohol y drogas hasta que el conductor interrumpió la emisión en vivo. En agosto de 1981 se desplomó por una convulsión en el hall de entrada de su edificio en Manhattan. En abril de 1983 fue hospitalizado en Montgomery, Alabama, con niveles tóxicos de dilantín y fenobarbital en sangre. Los médicos hablaron de una “mala reacción” a los fármacos que usaba para controlar sus convulsiones epilépticas. En agosto de ese mismo año se declaró culpable de conducir borracho en Long Island, y se presentó al tribunal en pantalones cortos azules, camisa blanca y saco deportivo. El juez lo reprendió por la vestimenta.

Pese a todo, Capote siguió escribiendo. En 1980 había publicado Music for Chameleons, una obra que pasó 16 semanas en la lista de los más vendidos del New York Times. La había escrito en su mayoría en 1979 como colaborador de la revista Interview de Andy Warhol, bajo la dirección editorial de Brigid Berlin. La pieza más larga de la colección era “Handcarved Coffins”, un relato de crimen real que involucraba ataúdes en miniatura y una serpiente de cascabel dejada en un automóvil, tan perturbador y preciso como In Cold Blood.
Pero hacia 1983 las alucinaciones se habían vuelto frecuentes. Capote se recluyó de a poco y pasó la mayor parte de su último año en el cuarto de huéspedes de la casa de Carson en Bel Air. Allí escribió, durmió, recibió visitas escasas y siguió trabajando en Answered Prayers. Medía un metro con sesenta centímetros y era, según quienes lo conocieron, un hombre tenso y frágil que había envejecido mucho más rápido de lo que sus años indicaban.
Su representante literario, Alan U. Schwartz, describió al Los Ángeles Times el proyecto inconcluso con una imagen que Capote hubiera aprobado:
“Su último libro tenía un personaje masculino que era una especie de Holly Golightly hombre”.
Y agregó algo que describió al escritor: “Truman era caprichoso y travieso, y tenía una curiosa especie de asexualidad. Creo que se veía a sí mismo como un Peter Pan moderno”.
El productor teatral Saint Subber, que llevó a escena dos obras de Capote, lo recordó en Los Angeles Times con una frase directa:
“Bastante gente lo detestaba. Yo lo conocí durante 40 años. Para mí, era un cohete de artificio. Siempre estaba celebrando la vida”.

Legado y destino final
Después de su muerte, Capote fue cremado. Sus restos se dividieron entre Joanne Carson y su compañero de toda la vida, Jack Dunphy. Carson guardó la urna en el mismo cuarto donde él había muerto y no le dijo a Dunphy que se había quedado con una parte para ella. Cuando Dunphy se enteró, no le habló nunca más.
En 1988, durante una fiesta de Halloween en la casa de Carson, las cenizas fueron robadas. Ella aseguró haberlas recuperado. Después de ese episodio, depositó una porción de los restos en una cripta del Westwood Village Memorial Park, mezclados —según contó el autor Laurence Leamer a la revista People— con las cenizas de su perro. La cripta queda a metros de donde descansan Marilyn Monroe y Natalie Wood.
Carson murió en 2015 a los 83 años. Al año siguiente, la porción de cenizas que había conservado fue rematada por Julien’s Auctions en 43.750 dólares, adquiridas por un comprador anónimo. En el mismo remate había un mechón de pelo de Marilyn Monroe, corbatas de Steve Jobs y una camisa de la recordada serie The Dukes of Hazzard.
Fuente: Infobae