Considerado la figura más influyente que ha dado el séptimo arte en nuestro país y con una proyección internacional que solo comparte con Penélope Cruz, Javier Bardem ha trascendido todas las barreras que se ha marcado a lo largo de su trayectoria. Su palmarés incluye los galardones más prestigiosos de la industria: un Oscar y un Globo de Oro por No es país para viejos, una Palma de Oro en Cannes por Biutiful, dos Copas Volpi en el Festival de Venecia gracias a Mar Adentro y Antes que anochezca, así como dos Conchas de Oro en San Sebastián (una honorífica y otra por Días contados), sin olvidar sus seis premios Goya.
En los últimos años, su residencia artística se ha trasladado a Hollywood, participando en producciones tan variadas como Lilo, mi amigo el cocodrilo, La Sirenita o la saga Dune, además de la adaptación televisiva de El cabo del miedo.
Ahora, sin embargo, regresa a España de la mano de Rodrigo Sorogoyen con un personaje que promete dejar una profunda impresión. Sin necesidad de un gran maquillaje ni de transformaciones físicas, Bardem demuestra una vez más su estatus de titán interpretativo, capaz de transitar en una misma escena desde la vulnerabilidad más desgarradora hasta la brutalidad más inquietante.
“El personaje que me han regalado Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen es ciertamente rico en colores y capas”, confiesa el actor a Infobae. “Y ahí residía el reto de estar a la altura de la complejidad de su carácter y de la historia como actor. Pero uno nunca trabaja solo y lo que ahora se ve en la pantalla es el resultado de mucho tiempo y dedicación de todos y cada uno delante y detrás de la cámara para intentar darle verdad a esta ficción tan cercana a tanta gente. Ha sido un regalo de personaje. Y de experiencia”.
Un papel a medida para un gigante de la interpretación
En El ser querido, Bardem da vida a Esteban Martínez, un laureado director de cine con varios Oscar que abandonó España dejando atrás un pasado marcado por el alcoholismo y una hija no reconocida, Emilia, interpretada por una notable Victoria Luengo. La trama sigue el regreso de Esteban a su tierra natal con el propósito de rodar una película protagonizada por esa hija que nunca reconoció.
Desde ese momento, entre ambos se forja una relación extraña y compleja donde se ponen a prueba los lazos personales y profesionales, así como la difusa frontera entre la realidad y la ficción. “Creo que no es posible diferenciar lo físico de lo emocional, lo mental de las acciones que decide tomar cualquier personaje. Lo divertido es intentar que estén todas relacionadas con su deseo e intenciones”, continúa Bardem profundizando en las capas de su papel. “Por ejemplo, hablar del abandono es tremendo, es una de las sensaciones más destructivas que hay para cualquier ser humano y creo que el amor y acompañamiento de los seres queridos presentes puede ser la mejor cura”.
La masculinidad tóxica, un tema recurrente desde sus inicios
Esteban Martínez dista de ser un personaje sencillo. A su pasado con adicciones y su propensión a la violencia en los platós, se suma su condición de padre ausente atormentado por la culpa. Una culpa que lo consume, pero que tampoco sabe gestionar, pues en el fondo no está dispuesto a pedir disculpas. Muchos críticos han señalado en él un ejemplo de egolatría y de masculinidad tóxica, un registro que Javier Bardem ya exploró en sus comienzos y que lo hizo famoso gracias a las películas de Bigas Luna, como Jamón, jamón o Huevos de oro.

“Yo no puedo estar más agradecido de haber tenido la oportunidad de interpretar a esos personajes. Fueron mis primeros acercamientos a la experiencia profesional y creativa delante de una cámara. Y si se presta atención, ya entonces Bigas Luna dotaba de una debilidad y de una inseguridad a esos personajes que los hacía más aptos para su crítica desde el humor”, comenta Bardem.
Nunca le ha importado transitar por terrenos incómodos en su carrera. Desde el inolvidable Anton Chigurh en No es país para viejos hasta el villano de Skyfall, pasando por el reciente Max Cady en Cape Fear. “Trabajar como actor es aceptar y abrazar lo incómodo sobre aspectos personales y generales. Es nuestro oficio. Buscarlo dentro para compartirlo fuera. Esa es precisamente la generosidad como intérpretes”.

No escatima elogios para sus compañeros de rodaje en El ser querido. “Rodrigo Sorogoyen es un director muy currante, con una capacidad de entrega y un compromiso con el trabajo extraordinario. Y eso le devuelve una libertad para arriesgar y probar a nivel creativo y que surja el accidente, lo imprevisible. Además es un gran motivador en trabajos actorales. Y Victoria es simple y llanamente una enorme actriz. Valiente, rápida, intuitiva, rica en todos los matices. Y lo más importante, ambos dos hemos sido unos compañeros de viaje maravillosos”.
Fuente: Infobae