El 21 de abril de 1915 nació en Chihuahua, México, un niño que décadas después se convertiría en una leyenda del cine. Pero para entender su origen hay que remontarse a su madre, Manuela Oaxaca, una joven descendiente de aztecas.
Manuela era hija ilegítima de un hombre de buena posición que nunca la reconoció. Su madre la llevó a la Sierra Madre Occidental, donde creció entre los tarahumaras, lejos de la familia que la había rechazado.
En medio de la Revolución Mexicana, un joven de ascendencia irlandesa llamado Francisco se acercó a Manuela, conocida como Nellie, y le hizo una propuesta inesperada: se iba a unir al ejército y quería que ella fuera su soldadera, como se llamaba a las mujeres que acompañaban a los combatientes.
—¿Por qué? Apenas me conoces —le preguntó ella.
—Te he visto por ahí y me gustas —fue la respuesta.
Nellie aceptó. Subió a un tren con Francisco y se internó en la guerra. Un cura los casó durante una de las paradas. Pero al quedar embarazada, fue enviada de regreso a Chihuahua. Allí, sin familia que la recibiera, una mujer le ofreció una habitación para que diera a luz bajo techo.
El niño nació el 21 de abril de 1915. Mientras lo acunaba con un brazo, Nellie lavaba con el otro la ropa de las prostitutas que le pagaban por hacerlo. Cuando Francisco regresó herido, tampoco pudo aportar mucho al hogar. Ante el avance de sus enemigos, huyó hacia Ciudad Juárez. Madre e hijo quedaron solos.
Nellie decidió ir tras él. Con el bebé en brazos, viajó hacia el norte escondida entre las montañas de carbón de una locomotora. Al llegar a Ciudad Juárez descubrió que su marido ya no estaba. Cruzaron entonces a El Paso, Texas, donde los esperaban el hambre, la pobreza y las enfermedades. Ella volvió a trabajar como lavandera. Tiempo después la familia se reunió y tuvieron otro hijo. Pero la tranquilidad duró poco: atravesaron una epidemia de viruela viviendo debajo de un árbol.
La búsqueda de una vida mejor los llevó a California, donde consiguieron trabajo colocando vías del ferrocarril. Los adultos trabajaban bajo un sol implacable y los niños pasaban los días en un vagón miserable.
Otro accidente ocurrió cuando Francisco dejó la mano donde no debía y una enorme masa cayó sobre ella. Un clavo le atravesó la mano. Llegaron la sangre y la gangrena, y el hombre tuvo que ser trasladado a Los Ángeles. La familia recibió la noticia de que estaba vivo de manera insólita: un mensaje fue arrojado desde un tren y quedó sujeto a una piedra de carbón.
Finalmente, Nellie y sus hijos viajaron a Los Ángeles. Allí, el padre consiguió trabajo en la industria cinematográfica. Pero en 1926 murió atropellado por un automóvil. Su hijo tenía apenas 11 años. A partir de entonces, el chico tuvo que ayudar a sostener a su familia. Fue limpiabotas, vendedor de diarios, lavacopas y recolector de frutas. Boxeó, estudió arquitectura y hasta pensó en convertirse en sacerdote.
Su talento para el dibujo lo acercó al arquitecto Frank Lloyd Wright, quien lo alentó a trabajar sobre su dicción. Poco después, una actriz retirada que le daba clases de voz le sugirió que probara suerte como actor.
En 1936 comenzó a conseguir pequeños papeles en Hollywood. Durante años interpretó personajes de diferentes nacionalidades: fue indio, filipino, mexicano, italiano y soldado. Su aspecto físico parecía encasillarlo, pero terminó siendo una de sus mayores herramientas.
En 1952 llegó el papel que cambió su carrera: interpretó al hermano de Emiliano Zapata en ¡Viva Zapata!, junto a Marlon Brando. Al año siguiente ganó el Oscar al mejor actor de reparto. Después vinieron un segundo Oscar, La strada, Lawrence de Arabia, Zorba el griego y decenas de películas más.
El niño que conoció el hambre y las penurias en su infancia terminó convertido en una de las grandes estrellas del cine del siglo XX. La respuesta: el adolescente de la foto es Anthony Quinn.
Fuente: Infobae