Detrás de las batallas de ‘farmear aura’: la fiebre adolescente que se toma las plazas

Son casi las cinco de la tarde y la plaza Bernardino Rivadavia, en el centro de Tigre, huele a espíritu adolescente. El lugar combina una escuela primaria, juegos infantiles y una cancha de básquet. Mientras niños pequeños se turnan en los toboganes y hamacas, y madres observan tomando mate, unos quinientos asistentes —en su mayoría adolescentes, aunque también hay niños, jóvenes mayores y adultos curiosos— esperan el inicio de la batalla de ‘farmear aura’, una convocatoria que se difundió por Instagram y el boca a boca.

La cita, según el flyer viral, era a las 5:00 p.m. El organizador, Joe Almirón, quien cuenta con 438 mil seguidores en Instagram, llegó minutos después. Su aparición desató el caos: decenas de jóvenes lo rodearon pidiendo selfies, videos y cualquier gesto suyo. Almirón es una estrella de rock en este contexto, y los asistentes coreaban su nombre mientras él repetía movimientos característicos de esta coreografía gestual colectiva conocida como ‘farmear aura’.

Unas quinientas personas se reunieron para la

El objetivo de los participantes es ponerle el cuerpo a lo que vieron en Instagram y TikTok. Las batallas consisten en enfrentamientos donde los competidores ejecutan movimientos como mover las manos arriba y abajo, como malabares imaginarios (el ‘six seven’), o ponerse el dedo frente a la boca y luego rasgarse la cara (el ‘mewing’), mientras miran desafiante al rival. Algunos incluso se agachan y lanzan patadas al aire. Lo crucial es ser quien coseche más gritos de apoyo del público, una búsqueda de legitimación entre pares que, según los observadores, no es diferente a la de hace décadas.

‘Más mil de aura’

‘Vine a demostrar que tengo más mil de aura’, afirma Santino, un joven de 17 años que llegó disfrazado con túnica blanca, pañuelo rojo y barba falsa. Lo acompañan más de veinte compañeros del último año de secundaria. ‘Practiqué movimientos como el six seven y el mewing, pero también algunos originales para destacar. Estoy sobrado de aura’, asegura. ‘Me grabé con el celular para mejorar los movimientos y me tengo mucha fe’, añade, confesando que es su primera vez en una batalla de este tipo.

El término ‘farmear’ proviene de los videojuegos, especialmente del Minecraft. ‘Cultivás aura entre todos los que te ven’, explica Matías, de 13 años, quien observa desde las gradas con timidez. ‘Si vienen algunos amigos a bancar, por ahí me animo’, comenta. La plaza está repleta de jóvenes que, como él, esperan su turno para participar.

Santino, de 17 años, fue uno de los competidores de la tarde. Llegó disfrazado y con hinchada propia: sus compañeros de colegio.
Fotos: Gustavo Gavotti

Joe Almirón, sin micrófono, pide que abran la ronda para que los competidores tengan espacio. Las batallas son rápidas: él elige a dos participantes de edades y tamaños similares entre los que gritan ‘yo, yo, yo’. La mayoría de los contendientes son varones; en treinta batallas, solo tres mujeres participaron, aunque hay más chicas entre el público. Los duelos duran de uno a tres minutos, y el ganador se define por los decibeles de los gritos, como si fuera un rating televisivo en vivo.

Los movimientos incluyen desde malabares imaginarios hasta gestos robados al adversario, como gorras o anteojos de sol. ‘Farmear aura es también reducir al otro’, señala el artículo, y los perdedores suelen irse con la decepción de no haber sido elegidos. Sin embargo, los ‘farmers’ se saludan cordialmente al final.

Un código y ningún sinónimo

Las familias también son parte del fenómeno. Verónica, madre de dos niñas de 10 y 6 años, confiesa: ‘Yo la verdad es que no entiendo nada de lo que hacen estos chicos, me parece inexplicable’, pero quería presenciar la actividad. Fernando, quien llevó a sus cuatro hijos, opina: ‘No hay violencia, se juntan en un lugar al aire libre. Están grabando con el teléfono, pero comparten un rato sin joderse y se divierten’.

Jano, de 16 años, llegó con sus amigos del barrio El Garrote, a 50 minutos de caminata. ‘Vinimos todos juntos. Los más grandes tienen 17, los más chicos, 12. Me preparé farmeando aura en mi barrio. Mi familia no entiende bien qué es, pero si me viralizo lo van a ver‘, dice. Para él, ‘farmear aura es un estilo de vida que destila aura’. No hay sinónimos para ‘aura’ entre los jóvenes: se miran, repiten la palabra y se ríen, en un código que solo ellos entienden.

El que más gritos de apoyo recibe es el que

El deseo de ser elegido

Felipe, de apenas 9 años, se convirtió en la estrella de la jornada. Con chaqueta roja, peluca afro y anteojos verdes, se enfrentó a un rival de su tamaño. Se quitó la chaqueta y la peluca, mostrando una estrella rapada en la cabeza, y cambió sus lentes por otros que le alcanzaron del público. La plaza aulló mientras él cruzaba los brazos sobre su pecho desnudo, desafiante. Todos los presentes parecían buscar ser parte de algo más grande, sacar la energía contenida de la adolescencia.

Al finalizar, los ganadores son olvidados rápidamente, mientras la atención se centra en la siguiente batalla. Cuando la convocatoria se diluye, los asistentes emprenden el regreso a casa, muchos sin haber visto casi nada por el amontonamiento. El ciclo continúa: compartir videos y selfies en Instagram, esperar la próxima fecha, y repetir la experiencia de morirse de ganas de ser populares, temer al ridículo, desear ser los elegidos.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK