La soledad no deseada: un desafío creciente en la vejez

Hoy vivimos más años que nunca. Los avances en medicina, ciencia y condiciones de vida han generado un incremento notable en la esperanza de vida. Sin embargo, este logro trae consigo una interrogante fundamental: ¿de qué sirve alargar la existencia si esos años adicionales no están marcados por el bienestar, la autonomía y las relaciones significativas?

El reto de la longevidad no se limita a sumar años, sino a garantizar que esos años transcurran con salud, proyectos y calidad de vida. Dentro de esta discusión hay un aspecto que durante mucho tiempo fue ignorado: nuestros vínculos sociales. Podemos cuidar la alimentación, hacer ejercicio, asistir a controles médicos y mantenernos activos, pero también necesitamos algo tan elemental como difícil de medir: sentir que pertenecemos a algo, tener a alguien con quien compartir una preocupación, una alegría o simplemente un instante del día.

Aquí surge el concepto de soledad no deseada. No se trata únicamente de estar solo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) diferencia entre aislamiento social y soledad: el primero hace referencia a la cantidad y frecuencia de las interacciones, mientras que la segunda es una experiencia subjetiva relacionada con cómo percibimos nuestras relaciones y conexiones con los demás.

La soledad elegida es distinta de la no deseada. Una persona puede tener familia, amigos y vínculos profundos y, aun así, optar por pasar tiempo a solas y sentirse bien. La soledad no deseada aparece cuando existe una brecha entre los lazos que se tienen y los que se desean o necesitan. Por ello, sentirse solo de vez en cuando no es lo mismo que atravesar una situación prolongada de aislamiento o carencia de vínculos. Se puede vivir solo y no sentirse solo, y también sentirse profundamente solo aunque se esté rodeado de personas.

Esta distinción cobra especial relevancia al hablar de personas mayores. A lo largo de la vida pueden darse circunstancias que transforman las redes afectivas y sociales: la pérdida de la pareja o de amigos, la jubilación, problemas de salud, dificultades de movilidad, cambios familiares o el alejamiento progresivo de los espacios y personas que antes formaban parte de la rutina diaria.

La soledad no deseada no puede entenderse solamente como una vivencia íntima: es un fenómeno social que requiere respuestas colectivas. La evidencia científica indica que está asociada con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura. La OMS calcula que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y reconoce a la conexión social como una prioridad de salud pública.

Frente a esta realidad, las políticas públicas tienen un rol fundamental. Desde el Estado se puede contribuir a crear condiciones para que las relaciones comunitarias se fortalezcan y para que nadie quede desconectado de su entorno. En la Ciudad de Buenos Aires se decidió poner este tema en agenda hace varios años.

En 2022 se realizó la primera encuesta sobre soledad no deseada en personas mayores, una iniciativa pionera que permitió dimensionar una problemática que muchas veces se vive en silencio. Entre los resultados se observó que el 70% de las personas mayores consultadas manifestó haber sentido tristeza, y el 56% señaló que esa tristeza era recurrente. El estudio también mostró una mayor frecuencia de esta experiencia entre las mujeres mayores que viven solas. Pero, sobre todo, esta encuesta dejó algo esencial: información para actuar.

A partir de esos datos se creó Escucha Activa, un dispositivo de acompañamiento que ofrece un espacio de conversación, escucha y contención para las personas mayores. La iniciativa parte de una premisa sencilla pero fundamental: a veces, sentirse acompañado comienza por saber que hay alguien dispuesto a escuchar. Este programa se complementa con un dispositivo de acompañamiento psicológico y contención emocional para personas mayores, implementado en articulación con la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Además, en la gestión del Jefe de Gobierno, Jorge Macri, se está llevando adelante una fuerte campaña de concientización para visibilizar la soledad no deseada, promover la importancia de los vínculos y acercar a la comunidad herramientas para reconocer estas situaciones y saber cómo acompañar.

También se ha avanzado con Red Activa, una iniciativa participativa y voluntaria que impulsa la solidaridad y la ciudadanía activa, porque se entiende que la respuesta a la soledad no puede quedar solamente en manos del Estado. Se necesita una comunidad atenta y comprometida: vecinos, comercios, organizaciones y otros actores que puedan estar cerca para detectar cuándo alguien necesita orientación o compañía y facilitar el acceso a los recursos disponibles.

Todo esto se complementa con los múltiples dispositivos de encuentro y espacios de contención con los que ya cuenta la Ciudad, como los Centros de Día, Café en Compañía, Tercera en Movimiento y las actividades propuestas en la app +Simple, entre otras iniciativas que promueven la participación, el encuentro y la construcción de nuevos vínculos.

Ahora bien, las sociedades cambian. Así como se transforman las familias, las rutinas y las formas de relacionarse, también aparecen nuevas maneras de construir comunidad y de buscar compañía. Por eso, las políticas públicas deben ser capaces de leer esas transformaciones y adaptarse a ellas.

Hoy se vuelve a preguntar porque se quiere volver a escuchar. Este año se lanzó una nueva encuesta sobre soledad no deseada junto con la Facultad de Psicología de la UBA, para comprender cómo evolucionó esta experiencia entre las personas mayores y qué nuevas realidades se tienen por delante. Se quiere saber qué necesitan hoy las personas mayores para sentirse acompañadas, conectadas y parte activa de su comunidad. Preguntar no es solamente obtener un dato. Es reconocer que, detrás de cada respuesta, hay una experiencia que merece ser escuchada. Escuchar también es una forma de cuidar.

La nueva longevidad invita a ampliar la mirada. No alcanza con cuidar la salud física: también hay que promover la autonomía, la participación, los proyectos personales y los espacios donde puedan construirse relaciones significativas. Una sociedad que aspira a vivir más también tiene que aprender a acompañar mejor. Ese es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: construir una sociedad donde los años que se le ganan a la vida puedan estar llenos de vínculos, proyectos, conversaciones, afectos y sentido.

Fuente: Infobae

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