Para Thereza Teixeira, la tranquilidad que pensaba haber alcanzado en su condominio frente al mar en Florida se ha desvanecido. Desde 2023, la asociación de su edificio le cobra 338 dólares al mes para cubrir reparaciones estructurales exigidas por las nuevas leyes estatales. Estos pagos han puesto a prueba su presupuesto, obligándola a aceptar trabajos extra y a reducir sus ahorros para la jubilación.
Sin embargo, esta primavera la junta directiva volvió a solicitar más fondos. «Es como el juego de golpear al topo», expresó Teixeira en una entrevista reciente. «Teníamos la impresión de que eso era todo, que no iban a pedir más dinero, y ahora lo hacen».
El legado de Surfside: inspecciones obligatorias y costos crecientes
La experiencia de Teixeira no es aislada. Este año se conmemora el quinto aniversario del mortal derrumbe del edificio Champlain Towers South en Surfside, donde murieron 98 personas. A raíz de esa tragedia, las inspecciones de seguridad se volvieron obligatorias en Florida. Los propietarios de condominios deben ahora financiar reparaciones estructurales y ahorrar para futuras restauraciones, según las reformas promulgadas en 2022.
Los defensores de la medida sostienen que los cambios eran necesarios, pero muchos aún no se resignan al encarecimiento de la vida en condominio. «Surfside marcó un cambio generacional», afirmó Peter Zalewski, analista de condominios radicado en Miami. «Se ha aplicado mano dura, y ahora ya no puedes salir impune al hacer lo mismo».
Durante décadas, Florida prosperó vendiendo un sueño: viviendas asequibles bajo el sol eterno para jubilados y vacacionistas. Hoy, esa promesa se nubla. La migración neta al estado se ha desacelerado desde su pico en 2022, y las nuevas regulaciones han disparado los costos de propiedad, disuadiendo a potenciales compradores.
El calvario financiero de los propietarios
Marianne Meischeid, propietaria de un condominio frente al mar en el edificio Four Winds en Surfside desde 2002, vivió en carne propia el impacto. En 2024, la junta le cobró casi 39.000 dólares para pagar renovaciones vinculadas a las reformas. Logró pagar gracias a un préstamo sin intereses del condado de Miami-Dade. Pero los costos no cesan. En abril, llegó otra factura: 2 millones de dólares para reparar los aspersores, ordenada por el departamento de bomberos. Esta vez, no podrá obtener otro préstamo.
Meischeid ha tenido que posponer la renovación de su cocina, su baño y su alfombra de 20 años, además de reducir sus viajes. Las primas de seguros también suben. «Esto es muy estresante», confesó. «Espero poder quedarme en mi hogar de jubilación».
Persisten las disputas internas y la ineficiencia en las juntas directivas, las mismas razones que causaron retrasos antes del derrumbe. Según Meischeid, su junta inicialmente dijo que las renovaciones estructurales tomarían dos años; ahora se espera que tomen un año más. Su vecino George Kousoulas, arquitecto y gerente de construcción, recuperó el acceso a su balcón en junio tras una restauración que duró un año, cuando debía durar seis meses. «Esto es una locura. No debería estar tardando tanto», dijo.
La presidenta de la junta, Carmen Pena, defendió la gestión: «La junta ha contratado a los profesionales adecuados para que ayuden», y atribuyó algunos retrasos al mal tiempo. A pesar de todo, Kousoulas reconoce la necesidad de las reformas: «Es algo que preferirías no tener que pagar, pero entiendo que es necesario».
Cifras que alarman
Desde 2024, se ha descubierto que 54 edificios de condominios son estructuralmente inseguros, aunque la mayoría no fueron evacuados, según un estudio estatal. Alrededor de la mitad de los edificios han completado la primera inspección. El número de derechos de retención presentados por asociaciones de condominios se duplicó con creces, a 9.443, entre 2022 y 2025, de acuerdo con un análisis de Benutech.
Ned Murray, profesor de urbanismo y bienes raíces en la Universidad Internacional de Florida, sentenció: «Cuando piensas en Florida y Miami, piensas en condominios y palmeras. Ese sueño, para muchas personas, tal vez ya no exista, dado el costo asociado».
Teixeira, justo al norte de Miami, vive esa realidad. Sus jornadas laborales comienzan a las 6 a.m. y se extienden 12 horas. No quiere vender porque los condominios nuevos son caros y los antiguos enfrentan renovaciones similares. Al menos, dice, «en mi edificio, sé en lo que me estoy metiendo». Este año recuperó el acceso a su estacionamiento y las grietas en paredes y vigas desaparecieron. «El edificio se ve mucho mejor. Con todo el dinero que nos quitaron, ahora podemos ver los resultados», concluyó.
Fuente: Infobae