Un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) está revolucionando la forma en que se entienden los derechos de autor en la inteligencia artificial. Según los investigadores, ninguna imagen individual ni la obra completa de un artista logra influir de manera determinante en el resultado que produce un modelo entrenado con un enorme volumen de datos.
Hasta ahora se creía que servicios como Gemini, ChatGPT o Grok generaban sus imágenes a partir de un rastreo directo de las obras originales con las que fueron entrenados. Sin embargo, un equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial (CSAIL) del MIT ha demostrado lo contrario.
Los científicos han bautizado este hallazgo como ‘decaimiento de la atribución’, un fenómeno que explica que, a mayor cantidad de datos utilizados en el entrenamiento, menor es la influencia de una imagen o de un artista concreto en el resultado final. Así lo detalla una publicación de MIT News.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores diseñaron un método propio que supera el principal obstáculo de estudios similares: la necesidad de volver a entrenar el modelo desde cero cada vez que se elimina una imagen cuya influencia se quiere analizar. Dado que este proceso resulta inviable con conjuntos de millones de imágenes, optaron por crear una nueva arquitectura compuesta por múltiples componentes pequeños entrenados con subconjuntos de datos.
De esta forma, para comprobar el efecto de eliminar una imagen o un artista determinados, solo debían desactivar las partes que procesaron esos datos durante el entrenamiento. El resultado era como si la inteligencia artificial nunca hubiera visto esas referencias.
El trabajo permitió concluir que, en modelos a gran escala, la IA genera exactamente la misma imagen final aunque se elimine por completo la fotografía de una persona o todas las obras de un artista en particular.
Implicaciones legales del hallazgo
Este descubrimiento tiene consecuencias directas en el ámbito judicial. Dificulta la demostración de que una imagen generada por inteligencia artificial sea una copia o una derivación de una obra protegida por derechos de autor. Además, invalida el argumento de que el resultado sintético es solo una recombinación de fragmentos y no una creación novedosa.
Expertos en propiedad intelectual consideran que este hallazgo podría influir en las demandas por derechos de autor y en la futura regulación de la inteligencia artificial, tanto en Estados Unidos como en otras regiones, incluida América Latina.
Fuente: Infobae