Un sismo de magnitud 7.2 con epicentro en Coracora, Ayacucho, estremeció este jueves 20 de agosto a Perú, siendo perceptible en Lima, Arequipa, Ica, Cusco y Apurímac, de acuerdo con el Instituto Geofísico del Perú (IGP). El movimiento telúrico se registró a la 1:00 pm, a 108 kilómetros de profundidad, y tuvo una duración cercana a un minuto. Afortunadamente, no se reportaron víctimas mortales ni se activó alerta de tsunami.
Este evento sísmico volvió a poner el foco en el Cinturón de Fuego del Pacífico y reavivó una interrogante común entre los mexicanos: ¿podría un sismo de esta magnitud en Sudamérica modificar la Placa de Cocos o liberar la energía acumulada en territorio mexicano? La respuesta científica es categórica: no. Ambos sistemas tectónicos son independientes y están separados por miles de kilómetros.
El rompecabezas de la litosfera: cómo se divide la Tierra
La corteza terrestre no es una capa uniforme. Se compone de un rompecabezas de 16 bloques rígidos —las placas tectónicas— que se desplazan sobre el manto superior, impulsadas por corrientes de convección generadas por el calor interno del planeta. Este movimiento constante da lugar a tres tipos de interacciones en sus límites.
El primero es el movimiento convergente: dos placas chocan y una se hunde bajo la otra en un proceso de subducción. Cuando una placa oceánica, más densa, se introduce bajo una continental, se generan las zonas de mayor actividad sísmica. El segundo es el movimiento divergente: las placas se separan y el magma asciende para formar nueva corteza, como en las dorsales oceánicas. El tercero es el movimiento transformante: las placas se deslizan lateralmente, como ocurre en la Falla de San Andrés, en el noroeste de México y California.
Los sismos más potentes del planeta se originan en las zonas de subducción, donde el área de contacto entre placas es mayor. A mayor superficie de ruptura, mayor magnitud del temblor. Esto explica por qué tanto Perú como México han registrado algunos de los episodios sísmicos más intensos del siglo XX.
El territorio mexicano descansa sobre cinco placas: la Norteamericana, la del Pacífico, la del Caribe, y las oceánicas de Cocos y Rivera. En Perú, en cambio, la dinámica está regida por la interacción entre la Placa de Nazca —que subducta bajo la Placa Sudamericana a una velocidad de 6 a 10 centímetros por año, según la Enciclopedia Británica— y la masa continental sudamericana. Son sistemas distintos, con fuentes de energía, geometrías y dinámicas propias.

De la Placa de Nazca a la Placa de Cocos: dos sistemas que no se comunican
El sismo de este jueves en Ayacucho responde a la interacción entre la Placa de Nazca y la Sudamericana, dentro de la zona que el IGP identifica como de origen continental profundo. La Placa de Nazca subducta hacia el este bajo el continente sudamericano a lo largo de la Fosa Perú-Chile, una trinchera que se extiende más de 7,500 kilómetros frente a las costas occidentales de América del Sur.
La Placa de Cocos, que gobierna la sismicidad del Pacífico mexicano, es un sistema distinto. Aunque ambas placas comparten un origen común —se formaron hace aproximadamente 23 millones de años a partir de la fragmentación de la antigua Placa Farallón—, hoy operan de manera independiente. Su límite compartido es la Dorsal de Galápagos, una zona de separación, no de colisión. Un sismo en la interfaz Nazca-Sudamericana no transfiere energía acumulada a la interfaz Cocos-Norteamericana: son circuitos tectónicos separados, sin mecanismo físico de transmisión directa entre uno y otro.
El jefe del IGP, Hernando Tavera, precisó que el sismo de hoy tuvo un origen continental y profundo. La profundidad de 108 kilómetros redujo la probabilidad de daños críticos en superficie y descartó desde el inicio cualquier riesgo de tsunami en el litoral peruano, según confirmó la Dirección de Hidrografía y Navegación del Perú.
Las cuatro regiones sísmicas de México, según la SEP y la UNAM
El Instituto de Geofísica de la UNAM documenta que el territorio mexicano opera bajo la dinámica de la Fosa Mesoamericana, donde las placas de Cocos y Rivera chocan con la Norteamericana a lo largo de toda la costa del Pacífico, desde Puerto Vallarta, Jalisco, hasta Tapachula, Chiapas. Esa franja concentra los sismos de subducción más grandes registrados en el país durante el siglo XX.
La SEP clasifica el territorio nacional en cuatro zonas sísmicas:
- Zona sísmica baja: Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, además de porciones de Chihuahua, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí. Sin registros de grandes temblores en los últimos 80 años.
- Zona sísmica moderada: Sonora, Sinaloa, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Tabasco y Ciudad de México, entre otras entidades. Actividad presente pero sin los episodios de alta magnitud de la franja costera.
- Zona sísmica alta: Porciones de Baja California, Baja California Sur, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas.
- Zona severa: La franja costera del Pacífico en Jalisco, Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas, más una pequeña porción del norte de Baja California y Sonora, y el estado de Colima. Es la región de mayor frecuencia e intensidad sísmica del país.

Los dos episodios más documentados por la UNAM ilustran la dinámica de esta zona: el sismo del 3 de junio de 1932 en costas de Jalisco, con magnitud 8.2 y una ruptura de 280 kilómetros —el mayor registrado en México en el siglo XX—, y el del 19 de septiembre de 1985 en Michoacán, con magnitud 8.1 y una ruptura de 180 kilómetros, cuyo epicentro se ubicó a más de 200 kilómetros de la Ciudad de México y aun así causó ahí los mayores daños. Ambos, producto exclusivo de la subducción de la Placa de Cocos bajo la Norteamericana: un sistema que no espera señales de Sudamérica para moverse.
Fuente: Infobae