En una reciente entrevista en el podcast Conan O’Brien Needs A Friend, la actriz Gillian Anderson reveló que odió la fama que le trajo su papel como Dana Scully en la icónica serie The X-Files. Durante la conversación con Conan O’Brien y Matt Gourley, la intérprete repasó el costo personal del éxito y el impacto duradero de su personaje en el público.

Anderson vinculó esa etapa con la presión de la exposición pública, el agotador ritmo de grabación y la persistencia de un personaje que, según contó, todavía influye en decisiones de vida de sus seguidores. La entrevista también abordó su adolescencia, su relación con la identidad entre Estados Unidos y el Reino Unido, su trabajo en The Crown y proyectos recientes.
El costo de la exposición
Anderson recordó que tenía 24 años cuando comenzó a interpretar a Dana Scully y que había dicho a los productores que tenía 27. Explicó que el personaje ya contaba con formación médica, títulos universitarios e ingreso al FBI, por lo que consideraba que no debía verse tan joven para resultar verosímil.

Cuando O’Brien le preguntó si había disfrutado de la notoriedad que acompañó a la serie, la respuesta fue breve: “Lo odié”, dijo. Luego explicó que se había sentido afortunada de filmar los primeros cinco años en Vancouver, lejos de la presión que sí había experimentado en Los Ángeles, donde, según relató, la seguían, la perseguían por la calle y la fotografiaban con sus hijos.
La actriz también describió el nivel de exigencia que implicaba la producción. Habló de jornadas de 16 y 17 horas y de un promedio de siete páginas por día, con diálogos densos que recaían sobre los dos protagonistas. Esa rutina, según planteó durante la charla, acompañó el período de mayor exposición de su carrera.

El legado de Scully
El otro eje que sostuvo el tramo más noticioso de la entrevista fue el llamado efecto Scully, una expresión asociada a mujeres que eligieron carreras científicas o vinculadas con fuerzas de seguridad tras ver a Anderson en la serie. La actriz sostuvo que ese fenómeno seguía vigente y resumió esa experiencia en una frase directa: “Todavía se me acerca gente para decirme que es física por Scully”, dijo.
Anderson agregó que también escuchaba historias de personas que habían elegido otros recorridos profesionales a partir del personaje. Mencionó casos ligados a la policía y a otros campos, y señaló que nuevas generaciones seguían descubriendo la serie. Según su relato, parte del público incorporó The X-Files a recuerdos familiares o a etapas personales difíciles, y luego la transmitió a sus hijos.

Ese peso posterior de Scully apareció en la charla como contrapunto del rechazo que le produjo la fama. El personaje siguió en circulación y amplió su influencia incluso después de la emisión original, mientras la actriz ubicó en otra zona su experiencia con la industria y con la exposición mediática de esos años.
De la identidad personal a la construcción de personajes
La entrevista también avanzó sobre aspectos biográficos que Anderson vinculó con su formación. Contó que había nacido en Estados Unidos, que se había mudado a Londres y que había vivido allí hasta los 11 años. Más tarde regresó a Estados Unidos y, después de The X-Files, volvió a instalarse en la capital británica, donde dijo que llevaba 24 años.
Ese recorrido marcó su relación con el idioma. Anderson explicó que cuando llegó a Estados Unidos tenía acento británico y que había trabajado para perderlo. “Trabajé muy duro para eliminarlo”, dijo.

También señaló que, por tratarse de su primer modo de habla, le resultaba difícil convivir con británicos sin retomarlo. Ante una observación de O’Brien sobre la posibilidad de que esa falta de encaje hubiera funcionado como motor creativo, respondió: “Cien por ciento”.
Thatcher, el cine y sus libros
Más adelante, O’Brien mencionó su interpretación de Margaret Thatcher en The Crown y Anderson explicó cómo había encarado ese trabajo. Señaló que había escuchado una autobiografía de Thatcher mientras manejaba y que una serie documental de la BBC le había resultado útil durante la preparación. Al recordar la etapa previa al estreno, admitió: “No sabía si iba a funcionar, no sabía si me iban a ridiculizar”.

En ese mismo tramo, destacó el valor de los registros en los que Thatcher no sabía que la cámara ya estaba grabando. “Ese material era oro”, afirmó. También explicó que había buscado evitar una imitación cerrada y que había intentado conservar parte de su propia voz dentro del personaje.
La actriz presentó además la película Teenage Sex and Death at Camp Miasma, que definió como una película de terror con humor y una trama romántica, y habló de sus libros Want y More, armados a partir de cartas anónimas de mujeres sobre fantasías y vida sexual. Dijo que para el primer volumen habían seleccionado 174 textos y que el proyecto había despertado interés desde su lanzamiento.
Fuente: Infobae