El pasado lunes, Mario Pergolini inició su programa Otro día perdido en Eltrece con una mezcla de humor cotidiano, referencias generacionales y detalles de su estrecha relación con figuras emblemáticas del rock argentino. Entre risas con su equipo, el animador confesó su pasión por la impresión 3D y, de forma casi natural, pasó a evocar vivencias junto a Charly García, una amistad que lleva décadas forjada entre música, medios y noches inolvidables.
La jornada arrancó con menciones a la rutina doméstica y los objetos tridimensionales que llenan su hogar, lo que provocó bromas internas sobre la paciencia de su esposa y los peculiares regalos que reparte entre sus compañeros. No obstante, el foco de la charla se desplazó rápidamente al vínculo con García, a raíz de un reciente reencuentro y un saludo especial que el músico le envió al aire.
Pergolini contó con naturalidad el encuentro que tuvo con Charly García, a quien definió como un seguidor asiduo del ciclo y un amigo de larga trayectoria. El conductor agradeció en vivo el gesto del artista:
“Muchas gracias, Charly, muy amable”
La conversación giró en torno al mito recurrente de “Charly que nos mira siempre”, una expresión frecuente entre quienes forman parte del universo rockero argentino y los medios. Pergolini y su equipo celebraron la autenticidad de ese lazo y remarcaron la importancia de mantener reserva sobre los aspectos más íntimos.
“Nunca hemos contado nada”
, subrayó el conductor, insinuando un pacto tácito de lealtad construido con el tiempo.
El diálogo en Otro día perdido derivó hacia una reflexión sobre el paso del tiempo y la difusión de imágenes antiguas. Pergolini recordó una fotografía de su juventud tomada durante un cumpleaños de García, donde varios personajes de la escena local aparecen notablemente jóvenes y despreocupados.
“Ven la foto y decís: ‘Mamita’. Y abajo dice: ‘Así empezaba la noche’, y la foto eramos todos…”
, relató mientras imitaba las poses de aquella imagen, generando carcajadas en el equipo.

El animador destacó cómo esas imágenes se convierten en argumento en las discusiones familiares.
“Me pasaba siempre, sobre todo con el mayor. Cada vez que le gritaba, me mostraba una tapa de Rolling Stone”
, lanzó con mucho humor. La anécdota sirvió para ilustrar el contraste entre las aventuras juveniles y la responsabilidad paterna, así como la inevitable mirada inquisitiva de las nuevas generaciones sobre el pasado de sus padres.
“Hay que educar hijos así después, ¿eh? Cuando uno se sacó esa foto no pensaba que iba a tener hijos. Después cuando le decís a tus hijos algo, sacan la foto”
, agregó, divertido.
El vínculo entre Pergolini y García está atravesado por recuerdos que van más allá de la pantalla y los micrófonos. Entre las historias que el conductor ha compartido en distintas etapas de su carrera, sobresale el concierto íntimo de pianos en el que logró convencer a García de tocar en soledad, rodeado únicamente de teclados y sintetizadores. Pergolini rememoró el impacto de verlo ejecutar el piano de espaldas y sin mirar, una postal reservada para pocos.

A esas veladas se suman las salidas improvisadas que terminaban en bares con piano, donde ambos compartían fogones musicales y charlas extendidas hasta el amanecer. El conductor también evocó la reciente aparición de material inédito: los demos originales de Parte de la religión, hallados por él mismo en los archivos de Vorterix. Este hallazgo renovó la conversación sobre el valor documental y emocional de ese repertorio, así como el peso de la historia en la vida cotidiana de ambos.
Fuente: Infobae