Una investigación publicada en la revista Radiology encontró que una mejor calidad muscular en el pecho y la espalda está vinculada con un menor riesgo de sufrir un infarto. El estudio analizó imágenes médicas de 1.722 adultos y siguió su evolución durante una década, según los datos recientemente divulgados.
Los científicos observaron que la densidad muscular en el tórax y la región dorsal, más que el tamaño de esos músculos, se relacionó con una menor probabilidad de ataque cardíaco y de fallecimiento en los diez años posteriores al examen. Este hallazgo respalda la idea de que la composición del músculo puede ofrecer pistas relevantes sobre la salud cardiovascular.
Qué observó el estudio en los pacientes analizados

El trabajo fue liderado por la Universidad de Edimburgo y se basó en angiografías coronarias por tomografía computarizada realizadas a personas con dolor de pecho, con una edad promedio de 58 años. A partir de esas imágenes, el equipo examinó la calidad del músculo esquelético de la pared torácica, la espalda y las zonas entre las costillas.
Los investigadores emplearon herramientas de inteligencia artificial para calcular la densidad muscular, un indicador que permitió estimar la cantidad de grasa infiltrada en el tejido. A mayor densidad, menor infiltración grasa y mejor calidad del músculo analizado.
Los resultados mostraron una asociación concreta: por cada incremento de 10 puntos en la densidad muscular, el riesgo de infarto fue 31% menor. Además, la probabilidad de morir en los diez años siguientes al estudio cayó 39% entre quienes presentaban mejor calidad muscular en pecho y espalda.
Durante el seguimiento, 133 personas fallecieron y 106 sufrieron un infarto, según los datos del trabajo. La investigación también señaló que el volumen del músculo no mostró una relación clara con esos desenlaces, lo que refuerza la hipótesis de que importa más la composición del tejido que el tamaño corporal.
Por qué la densidad muscular puede anticipar otros riesgos

Los autores plantearon que un músculo con mayor densidad suele contener menos grasa infiltrada. Esa condición puede reflejar una mejor condición física general, un mayor nivel de actividad y un perfil metabólico más favorable. Así, la calidad muscular aparece como un posible marcador complementario del riesgo cardiovascular.
No obstante, el estudio no demostró una relación causal directa. Los investigadores no afirmaron que fortalecer el pecho o la espalda, por sí solo, reduzca el riesgo de ataque cardíaco. Lo que identificaron fue una asociación estadística entre músculos de mejor calidad y menos eventos cardíacos a lo largo del tiempo.
Ese matiz es clave para interpretar los resultados. Una persona con tejido muscular más denso también puede reunir otros factores protectores, como menor grasa corporal, mejor control de la glucosa, peso más estable o más actividad física cotidiana. Por eso, el hallazgo no funciona como una receta aislada, sino como una pista clínica que necesita más validación.
La investigación también abrió una discusión sobre cómo se interpretan las imágenes cardíacas. En muchos casos, los estudios se centran en las arterias coronarias y las obstrucciones. Este trabajo sugiere que el mismo examen podría ofrecer información adicional sobre el estado muscular del paciente y su riesgo futuro.
Qué utilidad podría tener en la práctica médica

Según detalló el ensayo, las tomografías cardíacas de rutina podrían servir para detectar no solo alteraciones en las arterias, sino también signos de menor calidad muscular. Si esa variable se confirma en futuros trabajos, los médicos contarían con una herramienta extra para identificar a pacientes con mayor probabilidad de sufrir complicaciones cardiovasculares.
Esa posibilidad permitiría ajustar el seguimiento clínico sin añadir nuevos estudios. A partir de una imagen ya realizada, los equipos de salud podrían valorar si conviene reforzar controles, promover cambios de hábitos o revisar factores como el peso, la glucosa y la actividad física. El estudio, no obstante, no definió protocolos concretos para aplicar esa información.
Los autores señalaron que distintos tipos de ejercicio pueden mejorar la calidad del músculo y que los beneficios no se limitan al entrenamiento de fuerza. La evidencia reunida hasta ahora indica que la actividad aeróbica, la reducción del sedentarismo y el control de variables metabólicas también influyen sobre el tejido muscular y la salud del corazón.
El artículo publicado indicó que el hallazgo podría ampliar el valor clínico de las tomografías cardíacas en personas con dolor de pecho. Aun así, los investigadores advirtieron que harán falta nuevos estudios para definir cómo usar este dato en prevención, qué umbrales conviene tomar y qué medidas resultan más eficaces para quienes presenten una menor calidad muscular.
Fuente: Infobae