La odiosa mancha amarilla que suele formarse en el fondo del inodoro no es otra cosa que sarro: una capa de calcio y magnesio que el agua deja al evaporarse sobre la porcelana. Cuanto más pasa el tiempo sin limpiarla, más gruesa se vuelve y más difícil resulta eliminarla.
Para combatirla sin recurrir al cloro, existe una receta avalada por el Departamento de Ecología del Estado de Washington, en Estados Unidos, que aparece en su guía Vivir de forma más saludable comienza en casa. Prácticas de limpieza más seguras para reducir exposición a tóxicos.

Cómo limpiar el inodoro sin cloro: paso a paso
La preparación de este limpiador casero para baño —apto para bañeras, lavabos e inodoros— requiere bicarbonato de sodio y jabón líquido para platos. Es importante que el jabón sea líquido, no en polvo.
El procedimiento es sencillo. En primer lugar, espolvorea bicarbonato de sodio dentro de la taza del inodoro, asegurándote de cubrir el fondo y los costados interiores donde se acumula el sarro.

Luego, agrega unas gotas de jabón líquido para darle consistencia al bicarbonato y frota con el cepillo de baño. Una vez terminado, debes enjuagar bien con agua para que no quede una película turbia sobre la porcelana.
Para las superficies exteriores —tapa, base y costados— el bicarbonato se aplica directamente con un trapo húmedo.

La misma receta funciona para bañera y lavabo. En esos casos, la institución recomienda espolvorear bicarbonato y frotar con un trapo húmedo. Si necesitas más poder de limpieza, puedes añadir un poco de jabón líquido al trapo.
¿Por qué se acumula el sarro en el baño?
El agua que circula por las tuberías arrastra minerales disueltos desde el subsuelo. Cuando llega a la taza del inodoro y se evapora, el líquido desaparece pero los minerales se adhieren a la porcelana.

Con el paso de las semanas, si no se limpia adecuadamente, esos depósitos se endurecen capa por capa, forman carbonato de calcio —lo que conocemos como cal— y adquieren ese tono amarillento o marrón característico. En zonas donde el agua es dura (alta concentración de minerales), el proceso se acelera.
El bicarbonato: un abrasivo suave para la porcelana
El bicarbonato de sodio es una sustancia alcalina suave. El American Cleaning Institute lo define como abrasivo, es decir, un ingrediente que ayuda a desprender la suciedad por fricción, y también como desodorizante. En superficies de cerámica o porcelana, puede colaborar en la remoción de manchas y residuos adheridos sin ser agresivo, por lo que no raya el esmalte de la taza.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos lista el bicarbonato como alternativa casera al limpiador de taza convencional. La agencia aclara, sin embargo, que limpia pero no desinfecta: para eliminar microorganismos recomienda usar un desinfectante por separado, en otro momento.
No mezclar con cloro ni con otros limpiadores, advierten expertos
Un punto que el Departamento de Ecología de Washington subraya en su guía es la seguridad al usar limpiadores: leer las instrucciones y lavarse bien las manos con agua tibia y jabón después de usarlos.

El bicarbonato no debe combinarse con productos que contengan cloro o hipoclorito. Carlos Antonio Rius Alonso, académico del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química de la UNAM, advierte a través del portal oficial de la Facultad que el hipoclorito de sodio al combinarse con un ácido genera cloro gaseoso, tóxico, capaz de dañar las mucosas de nariz, boca y pulmón.

La guía del Departamento de Ecología de Washington destaca que optar por ingredientes sencillos y procesos mecánicos de limpieza disminuye la exposición a químicos y protege la calidad del aire en espacios cerrados.
Fuente: Infobae