En Manabí, criar abejas y producir miel dejó de ser únicamente un conocimiento que pasa de padres a hijos. En distintos sectores rurales de la provincia, la apicultura comienza a transitar hacia un modelo más técnico con la creación de 20 Escuelas del Productor Apícola, una iniciativa que busca capacitar a unos 500 productores en 13 cantones.
La propuesta parte de una realidad que los propios apicultores conocen, la actividad existe en la provincia desde hace décadas, pero gran parte de sus prácticas se ha desarrollado de manera empírica.
Ahora, de esa manera en Manabí se busca incorporar conocimientos sobre manejo de colmenas, sanidad, cosecha, estandarización y sostenibilidad.
Las clases comenzaron en junio de 2026 y tienen una duración prevista de un año. Diez técnicos participan en el proceso y llevan la capacitación a las escuelas distribuidas en el territorio.
La metodología combina el conocimiento que ya tienen los productores con nuevas herramientas para mejorar el manejo de los apiarios.
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Una tradición que ahora busca tecnificarse
En Quimis, en el cantón Jipijapa, la apicultura forma parte de la vida productiva de varias familias.
Allí funciona Asoproapimiel, una asociación que reúne a 50 productores.
Su presidenta, Angélica Villamil, conoce esa transformación desde su propia experiencia.
Villamil explica que la actividad se practica en la zona desde hace aproximadamente cinco décadas y que durante años el conocimiento se transmitió dentro de las familias.
“Familia por familia, le va enseñando a los hijos, a los nietos y así conjuntamente hasta la actualidad”, cuenta.
Ese aprendizaje tradicional todavía permanece, pero ahora convive con equipos y procedimientos técnicos. Los productores utilizan trajes apícolas, ahumadores y herramientas específicas para ingresar a los apiarios y manipular las colmenas con mayor seguridad.
La propia Villamil llegó a la apicultura por un camino diferente. Es oriunda de Esmeraldas y se acercó a esta actividad durante su etapa como estudiante y pasante.
Ahora, con 25 años y cuatro años de experiencia en el sector, trabaja como técnica de las escuelas y también mantiene sus propias colmenas en la zona de Quimis.
La experiencia de Asoproapimiel muestra además que algunos productores ya avanzaron en la formalización de su actividad.
La asociación cuenta con registro sanitario para la miel que comercializa en los puestos ubicados a lo largo de la vía a Quimis.
Quimis y la miel que sale de las colmenas
En los puestos de venta que aparecen junto a la carretera Montecristi-Jipijapa, la miel es el producto más visible de una actividad que tiene detrás un proceso que depende directamente de la naturaleza.
Villamil explica que la producción cambia según la floración.
Quimis es una de las zonas e Manabí donde se trabaja con apicultura y se procesa la miel. Cortesía
Una colmena puede generar entre 10 y 15 litros de miel por cosecha, mientras que un apiario conformado por seis colmenas puede alcanzar volúmenes mayores.
Esto depende también de la condiciones de la vegetación que determinan cuándo las abejas pueden recolectar néctar. Entre las especies que favorecen la actividad en la zona están el guachapelí, algarrobo y ceibo, árboles que forman parte del entorno donde se desarrollan los apiarios.
El aprendizaje también llega a quienes empezaron solos
Jairo Macías lleva cerca de cinco años dedicado a la apicultura. A diferencia de quienes heredaron el oficio dentro de sus familias, él aprendió de un vecino y de un familiar que ya tenía experiencia.
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Actualmente trabaja de manera independiente y vende la miel directamente desde su casa.
Utiliza WhatsApp y redes sociales para promocionar su producción, aunque todavía no cuenta con una marca ni un logotipo propio.
Para Macías, la escuela representa una oportunidad para completar conocimientos que adquirió por cuenta propia. “Hay cosas que yo las aprendí solo y hay cosas que yo no las sé”, explica al referirse a las capacitaciones.
Macías asegura que durante el primer mes de clases en este programa del Gobierno Provincial ya ha aprendido nuevos procedimientos.
El curso, además, continuará durante un año, lo que permitirá profundizar en diferentes aspectos de la producción apícola.
Una provincia con dos escenarios para las abejas
Para Walter Bravomalo, técnico del programa Fortalecimiento Apícola, el punto de partida está en reconocer el potencial de la provincia.
“Manabí tiene un potencial apícola increíble”, sostiene.
El potencial que identifica Bravo Malo está relacionado con la diversidad de ecosistemas de Manabí.
La provincia tiene zonas de bosque seco y áreas de bosque húmedo, una combinación que permite aprovechar distintas floraciones durante el año.
En la temporada lluviosa, el bosque seco cambia. Las primeras precipitaciones generan nuevas floraciones que proporcionan alimento para las abejas.
Entre ellas aparece la del ceibo, una de las más importantes para la producción de miel en la provincia.
Cuando termina ese ciclo, los apicultores pueden trasladar sus colmenas hacia zonas de mayor humedad y aprovechar otras especies.
Bravomalo menciona entre ellas el pechiche, guachapelí y laurel.
A esta práctica se la conoce como trashumancia apícola: el traslado de las colmenas hacia lugares donde existen condiciones favorables para que las abejas continúen recolectando néctar.
Esa característica, según el técnico, diferencia a Manabí de otras provincias y abre posibilidades para mantener una producción más prolongada. Sin embargo, el clima también puede limitar las cosechas.
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Macías lo ha comprobado directamente. Este año, según él, solo ha podido realizar una cosecha debido a las condiciones climáticas.
“El clima ha influido bastante”, señala. Las lluvias, el viento y los cambios en las floraciones pueden modificar la producción de las colmenas.
De la miel a otros productos de la colmena
La miel concentra actualmente la mayor parte de la producción, pero no constituye el único producto que pueden generar los apiarios. De las colmenas también se obtienen propóleo, polen, cera y jalea real, afirma el técnico.
Bravomalo explica que la extracción y aprovechamiento de estos productos forma parte de una etapa posterior de capacitación. La intención es que los productores puedan ampliar su oferta y generar nuevas fuentes de ingresos.
La tecnificación también busca mejorar las condiciones de extracción. En el modelo que plantea la Prefectura, los productores utilizarán marcos estandarizados y equipos como centrífugas, ahumadores y trajes apícolas.
La centrifugación permitirá extraer la miel sin recurrir a métodos rudimentarios.
El objetivo, según el técnico, es avanzar hacia procesos que permitan garantizar la inocuidad del producto y facilitar que los productores puedan acceder posteriormente a un registro sanitario.
Las zonas con mayor presencia apícola, según Bravomalo son Tosagua, Chone, Portoviejo, Rocafuerte, Jipijapa y Santana. (I)
fuente el universo