La productora y guionista Cris Morena compartió en sus redes sociales un mensaje especial para rememorar el nacimiento de la famosa serie infantil Chiquititas.
«Había una vez… Y así empieza la historia de ‘Chiquititas’ y la llevo en mi memoria…»
En su publicación, Morena destacó el valor sentimental que el proyecto sigue teniendo en su vida:
«Había una vez una familia grande, un cuento viejo con mucho gusto a besos. Había una vez, un mundo de ‘te quieros’… Había una vez, una historia, Chiquititas»
. De esta manera, la autora volvió a expresar la esencia de la tira que marcó una época en la televisión argentina y fue exportada a diferentes países.
El mensaje de Morena coincide con el 31 aniversario del estreno de la serie. La creadora recordó:
«Y hace 31 años abríamos su libro de la vida por primera vez»
, en referencia al debut televisivo que inició un fenómeno cultural y musical que trascendió generaciones.
Chiquititas fue una telenovela infantil argentina creada por Cris Morena, emitida por primera vez en Telefe en 1995. El programa mostraba la vida de un grupo de niños en un hogar, tratando temas de amistad, familia y superación a través de la fantasía y la música, convirtiéndose en plataforma de lanzamiento para muchos actores jóvenes.
El aniversario fue conmemorado por la autora con palabras que resumen nostalgia, cariño y agradecimiento por la historia que, según ella misma expresó, permanece viva en la memoria colectiva.
En el centro de la tira estaba Belén, interpretada por Romina Yan, quien irrumpía en el orfanato como una adulta diferente: la que podía escuchar los secretos bajo la almohada, la que leía cuentos en voz baja y repartía sonrisas en vez de castigos. A su lado, Agustina Cherri, Facundo Arana, Gabriel Corrado, Grecia Colmenares, Romina Gaetani, Iván Espeche y Gastón Ricaud tejían la trama de los adultos, mientras que los chicos —Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Benjamín Rojas, María Jimena Piccolo, Daniella Mastricchio, Santiago Stieben, Georgina Mollo, Ezequiel Castaño, Guillermo Santa Cruz, Diego Mesaglio, Marcela Kloosterboer, Celeste Cid, Sebastián Francini, Agustín Sierra y tantos más— le daban voz a las preguntas sin respuesta.

La historia recorría los pasillos del hogar, donde la ausencia era rutina y la esperanza, un acto de rebeldía. Los niños aprendían a buscarse unos a otros, a inventar juegos para espantar el miedo, a transformar la tristeza en canciones que rodaban por el patio.
«Todo, todo, todo el mundo tiene un rincón de luz»
, cantaban juntos, abrazados, como si la letra pudiera abrir ventanas en las paredes más grises.
Chiquititas no era solo una novela infantil; era la cita diaria de miles de niños que encontraban en la pantalla lo que faltaba en casa: un abrazo, una mesa llena, la certeza de que siempre hay alguien esperando. Por las tardes, los recreos se llenaban de coreografías improvisadas, los cumpleaños repetían los temas de la tira y los cuadernos se cubrían de stickers y sueños con forma de familia elegida.

En cada episodio, la dulzura se mezclaba con la ternura: una merienda compartida, un secreto contado al oído, la complicidad de un abrazo bajo la lluvia. Los personajes no eran héroes ni perfectos; eran chicos desbordados de preguntas. El orfanato se volvía refugio y trinchera, con adultos que a veces lastimaban, pero también aprendían a querer.
En el teatro, la magia se multiplicó. Las funciones de Chiquititas rompieron todos los récords: más de un millón de espectadores colmaron las salas año tras año. Las canciones pasaron de la televisión a las butacas, y de ahí, directo a la memoria de una generación.
La dulzura de Chiquititas no se apagó con el último capítulo. Su éxito derivó en discos, productos y giras. En 2001, la historia llegó al cine con Chiquititas, rincón de luz, protagonizada por Romina Yan y Facundo Arana. En 2003, Rincón de Luz llevó la fantasía a una nueva generación, y en 2006, Chiquititas sin fin reescribió la esperanza para quienes recién descubrían la serie.

Chiquititas atravesó fronteras. Fue emitida en más de 36 países, conquistando a chicos de Latinoamérica, Israel, Portugal, Rumania y Brasil, donde tuvo dos adaptaciones propias. El fenómeno fue pionero: nunca antes una telenovela infantil de habla hispana había logrado tanto reconocimiento internacional.
Los premios acompañaron el camino: Premios Martín Fierro, Premios Gardel, un Grammy Latino y el cariño incondicional de quienes crecieron con la certeza de que nadie debería quedarse sin familia, sin canción ni abrazo.

El último capítulo no cerró ninguna herida. Solo dejó la puerta entreabierta para quienes, alguna vez, buscaron refugio en la ficción. En el silencio posterior, la promesa seguía viva:
mientras exista un rincón de luz, ningún niño estará solo.
Fuente: Infobae