Uno de los instantes más breves y llamativos del eclipse total de Sol ocurrido este miércoles fue el protagonizado por las perlas de Baily. Se trata de una cadena de puntos brillantes que aparecen justo antes y después de la totalidad, cuando la luz solar atraviesa los valles del borde de la Luna.
¿Qué son exactamente las perlas de Baily?
El fenómeno fue descrito por primera vez en detalle por Francis Baily ante la Royal Astronomical Society en diciembre de 1836. Según recoge la revista Quo, estas luces surgen en los segundos previos a que el disco solar quede completamente cubierto, y también cuando el Sol comienza a reaparecer al final del eclipse. La explicación se basa en el relieve irregular del satélite natural de la Tierra. La silueta lunar no tiene un borde uniforme, sino una sucesión de montañas, cráteres y depresiones que dejan pequeños pasos para la luz, tal como indica la Encyclopædia Britannica.
¿Cómo se forman durante el eclipse?
La superficie de la Luna condiciona directamente el aspecto de este episodio. Cuando la cobertura del Sol se acerca al 100%, la franja de luz visible se reduce al mínimo y solo logra pasar por los puntos más bajos del perfil lunar. Cada destello corresponde a un rayo solar que atraviesa uno de esos valles, mientras las zonas elevadas bloquean el resto de la radiación. Un estudio conjunto de la NASA y la Unión Astronómica Internacional señala que la topografía 3D de la Luna determina con precisión la distribución de esos destellos.

Ese patrón produce una hilera de brillos separados sobre el contorno oscuro del satélite. La imagen recibe el nombre de perlas de Baily, en honor al astrónomo inglés Francis Baily. El efecto dura apenas unos segundos, ya que desaparece a medida que la Luna completa su avance sobre el disco solar. La revista Quo indica que el episodio alcanza uno de sus momentos más conocidos cuando queda un solo punto de luz, dando lugar al llamado anillo de diamante, que combina el último destello solar con el resplandor exterior de la corona. La secuencia se repite en sentido inverso tras la totalidad, cuando vuelven a abrirse pasos de luz por el lado opuesto del borde lunar.
¿Qué información aporta a observadores y astrónomos?
Además de su valor visual, las perlas de Baily funcionan como una referencia precisa para quienes siguen el eclipse total desde la franja adecuada de observación. Su aparición señala el llamado segundo contacto, el instante que anticipa la entrada en la totalidad. A partir de ese momento, en los puntos donde el Sol queda cubierto por completo, el fenómeno puede contemplarse de forma directa durante un lapso muy breve. Cuando las luces reaparecen, el eclipse entra en el tercer contacto. Ese cambio actúa como una señal de cierre de la totalidad y obliga a retomar de inmediato el uso de protección ocular homologada. Quo subraya que ese margen dura solo unos segundos, de modo que la identificación de estos destellos resulta útil tanto para la observación segura como para la lectura exacta de las fases del evento.

El patrón no se repite de la misma manera. La disposición de los brillos depende del sector del relieve lunar que se alinea con el Sol y también del lugar desde el que observa cada persona en la Tierra. Cada eclipse ofrece una configuración distinta del borde iluminado, condicionada por la geometría entre ambos astros y por la posición del observador dentro de la trayectoria del fenómeno.
¿Por qué el relieve lunar convierte este efecto en una herramienta científica?
Según publicó Quo, el interés de las perlas de Baily no se limita al impacto visual. El registro preciso de su aparición y desaparición ayuda a los astrónomos a medir con exactitud los momentos de contacto entre la Luna y el Sol. Ese seguimiento también aporta datos para ajustar cálculos sobre el tamaño aparente del disco solar y sobre la topografía del borde lunar visible durante el eclipse, según la Asociación Internacional de Cronometraje de Ocultaciones (IOTA).
La utilidad científica del fenómeno se apoya en una relación directa entre luz y relieve. Cada punto brillante revela un valle concreto del perfil lunar, de modo que la cronología de esos destellos permite comparar observación y modelos astronómicos, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Roma La Sapienza publicado en arXiv. Las perlas aparecen dos veces en cada eclipse total, antes y después de la totalidad, y por eso constituyen una referencia breve, pero valiosa para el estudio del evento.
El efecto muestra a la Luna como un cuerpo rocoso con accidentes, no plana. Las perlas de Baily resumen el rasgo preciso del eclipse total: los últimos hilos de luz solar filtrados por montañas y valles, visibles solo unos segundos.
Fuente: Infobae