Las investigaciones más actuales respaldan que beber café de forma moderada podría estar vinculado con efectos positivos para el organismo. Durante años, tanto especialistas como pacientes vieron esta infusión con recelo, pero ese panorama está cambiando.
Trabajos recientes y revisiones exhaustivas presentadas en los últimos años sugieren que el café podría tener un efecto protector frente a la demencia, las afecciones hepáticas, los desequilibrios en la microbiota intestinal y los problemas cardiovasculares. Asimismo, se observa un giro en la postura de entidades y expertos que antes evitaban emitir valoraciones favorables.
El debate sigue abierto. Científicos y cardiólogos subrayan que el vínculo entre café y salud no es una fórmula única: influyen la dosis, el modo de preparación y las características particulares de cada individuo.
Un cambio en un debate histórico
A lo largo del siglo XX, el café fue visto con desconfianza en las consultas médicas y en la investigación epidemiológica. Farin Kamangar, epidemiólogo de Morgan State University, recuerda que cuando estudiaba medicina en los años 80 preguntaba a sus pacientes por el alcohol, el tabaco y el café, aunque esta última bebida no despertaba la misma alarma que las otras dos. La noción imperante era que no se trataba de una opción sana, señaló.

El panorama empezó a cambiar gracias a estudios más rigurosos. Kamangar participó como coautor de una revisión publicada en 2025 que analizó más de un centenar de investigaciones y determinó que tomar café con moderación aporta más ventajas que inconvenientes en una amplia variedad de indicadores de salud.
Esta revisión coincidió con otros avances recientes. El año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) incluyó al café negro en su listado de alimentos saludables. Además, nuevas investigaciones difundidas en los últimos tiempos hallaron una relación entre el consumo de café y un menor riesgo de deterioro cognitivo, una protección adicional para el hígado y una composición más favorable del microbioma intestinal.
La evidencia acerca del corazón
Uno de los apoyos más recientes proviene de la American Heart Association (AHA). Hace apenas unas semanas, esta organización indicó que consumir hasta cinco tazas de café con cafeína al día se asocia con una reducción del riesgo de infarto, diabetes, accidente cerebrovascular y arritmias.

El cardiólogo Gregory Marcus, de la Universidad de California en San Francisco, quien lideró ese análisis, admitió que su equipo se sorprendió ante la magnitud de los beneficios detectados en los estudios. “Es notable cuán protector es”, sostuvo Marcus.
Las razones detrás del cambio
La genetista Marilyn Cornelis, de Northwestern University, considera que los avances metodológicos explican en buena medida esta transformación. Hace veinte años, el área presentaba serias contradicciones y numerosos estudios de los años 70 y 80 habían hallado vínculos perjudiciales entre el café y la salud.
Uno de los ejemplos más mencionados es un trabajo de 1981 que relacionaba el café con el cáncer de páncreas. Ese estudio entrevistó a cerca de 1.000 pacientes en un hospital y detectó que aquellos con la enfermedad consumían más café. El inconveniente, como se determinó después, era que parte del grupo de control padecía otras afecciones que les impedían beber café, lo que distorsionó la comparación.
Investigaciones posteriores, incluso una del mismo equipo, no pudieron repetir esos resultados. Con el tiempo, los científicos mejoraron sus métodos estadísticos para aislar el efecto del café de otras variables. El tabaquismo, el estrés elevado o un estilo de vida poco saludable suelen aparecer junto a un mayor consumo de café y a resultados clínicos más desfavorables.
La importancia de los estudios de cohortes

Gran parte de la evidencia actual surge de los estudios de cohorte prospectivos, que siguen a decenas de miles de personas durante años o décadas para anotar sus costumbres y su estado de salud. En opinión de Marcus, ese enfoque permitió modificar la perspectiva sobre la cafeína y entender mejor cómo los hábitos diarios inciden en la salud.
Sin embargo, estos estudios no responden a todo. La mayoría de los datos se refieren al café, ya que muchas más personas lo consumen frente a otras bebidas con cafeína. Esto restringe las inferencias generales sobre la cafeína como categoría y plantea interrogantes acerca de productos que han crecido en popularidad, como las bebidas energéticas.
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ya había tocado este tema en 2016, cuando modificó su postura sobre la cafeína. Después de revisar cientos de investigaciones, eliminó la etiqueta de “posiblemente carcinógena” y la trasladó a una categoría donde no se puede clasificar su carcinogenicidad en humanos.
Las limitaciones de una visión positiva
Los expertos consultados insisten en que la correlación no significa causalidad. Por más que los estudios actuales traten de minimizar la interferencia de factores externos, no se descarta que algunos beneficios se deban a las características de quienes beben café y no a un efecto directo de la bebida.
Las diferencias entre personas también cuentan. La rapidez con que cada cuerpo procesa la cafeína, los antecedentes médicos y la tolerancia individual afectan la manera en que se experimenta. Marcus alertó sobre la costumbre de etiquetar los alimentos y bebidas como buenos o malos, cuando la información disponible casi nunca encaja en clasificaciones tan rígidas.

El propio informe de la AHA incluyó advertencias. Agregar azúcar o crema incrementa las calorías e incluso puede anular algunos de los beneficios encontrados. Diversas investigaciones también señalaron que superar las cinco tazas diarias ya no reporta el mismo efecto positivo.
Preguntas que la ciencia aún intenta resolver
Los próximos estudios tratarán de identificar qué componentes del café producen cada uno de los efectos observados. Esta infusión alberga miles de elementos químicos, y los investigadores pretenden saber cuáles inciden en el corazón, el hígado, el cerebro o el intestino.
Otra cuestión clave es qué pasa con quienes no consumen café. Los científicos desean conocer el efecto de incorporar esta bebida a una alimentación donde antes no estaba, un reto mayor que simplemente observar a los bebedores habituales.
Kamangar resumió esta evolución con una metáfora: la ciencia no cambia de dirección de inmediato, sino de manera gradual y acumulativa. Tras décadas de investigaciones, revisiones y ajustes metodológicos, la cantidad de datos empezó a decantar la balanza hacia una visión más optimista sobre el consumo moderado de café.
Fuente: Infobae