Por primera vez, un equipo científico ha logrado reconstruir la historia completa del cráter de gas de Darvaza, en Turkmenistán, conocido como la ‘Puerta del Infierno’, y ha medido, gracias a observaciones satelitales directas, la cantidad de metano liberada a lo largo de más de cincuenta años. El trabajo está liderado por investigadores del grupo Land and Atmospheric Remote Sensing (LARS), adscrito al Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA) de la Universitat Politècnica de València (UPV).
Publicado en la revista ‘Geophysical Research Letters’, el estudio calcula que este enclave único ha expulsado a la atmósfera más de 900.000 toneladas de metano desde su origen, lo que lo posiciona entre las fuentes persistentes de este potente gas de efecto invernadero más relevantes jamás registradas.
El equipo investigador está encabezado por Adriana Valverde (primera autora), con la participación de Javier Gorroño, Javier Roger y Luis Guanter, todos del IIAMA-UPV. También han colaborado Itziar Irakulis-Loitxate, quien formaba parte del IIAMA durante la investigación y ahora trabaja en UNEP-IMEO, y Zhipeng Pei, de la Universidad de Wuhan, en China.
Además de medir las emisiones, el estudio da respuesta a una de las grandes preguntas sobre este lugar: el momento exacto en que empezó a arder.
Analizando imágenes históricas del programa Landsat, que opera desde 1972, los investigadores establecieron que el incendio se inició entre septiembre de 1987 y febrero de 1988, muchos años después de que el cráter se formara. Es la primera ocasión en que se logra precisar con tanto detalle el comienzo de la quema.
«Hasta ahora existían numerosas incógnitas sobre la historia del cráter. La combinación de imágenes históricas y satélites hiperespectrales de última generación nos ha permitido reconstruir su evolución y cuantificar, por primera vez mediante observaciones directas, el impacto climático de sus emisiones de metano», explica Adriana Valverde, primera autora del estudio.
El trabajo también aporta claridad sobre otro tema debatido durante años: cuándo se formó el cráter. Hay versiones que lo ubican en 1963 y otras en 1971.
«Lo que sí podemos afirmar con certeza es que el cráter ya existía el 25 de octubre de 1972, tal como lo demuestra una imagen del satélite Landsat 1. Sin embargo, con la información disponible no es posible determinar si se formó poco antes de esa fecha o varios años antes», añade la experta del IIAMA.
CINCO SATÉLITES
Con el fin de cuantificar las emisiones, el equipo examinó información recopilada entre 2020 y 2025 por cinco misiones hiperespectrales: EnMAP, PRISMA, EMIT, GF-5A y ZY-1E. En total, detectaron 44 columnas de metano, con tasas de emisión que van desde 0,6 hasta más de 3 toneladas por hora.
En ese lapso, el cráter liberó cerca de 71.000 toneladas de metano, lo que equivale a unos 6 millones de toneladas de CO2 equivalente si se toma un horizonte de 20 años.
Esta cantidad posiciona a Darvaza entre las mayores fuentes continuas de metano detectadas vía satélite.
Los científicos confirmaron que, pese a que la intensidad del fuego ha menguado desde 2023 gracias a las acciones implementadas por Turkmenistán para recortar sus emisiones, estas no han disminuido en la misma proporción. Esto sugiere que una porción relevante del gas aún se fuga directamente a la atmósfera por diversas fracturas subterráneas, sin quemarse, lo que pone en tela de juicio la efectividad de las medidas tomadas.
«Nuestros resultados muestran que parte del metano evita la combustión y continúa liberándose directamente a la atmósfera, lo que pone de manifiesto la complejidad geológica del sistema», señalan desde el grupo LARS.
Este caso pone de relieve el enorme potencial de la teledetección para localizar y dar seguimiento a grandes fuentes de metano en zonas remotas, donde casi no hay mediciones de campo. Los autores subrayan que estas emisiones persistentes siguen estando subrepresentadas en muchos inventarios internacionales, por lo que la combinación de satélites hiperespectrales e imágenes antiguas resulta clave para entender mejor las emisiones globales y diseñar estrategias de mitigación.
«La observación de la Tierra está transformando nuestra capacidad para detectar emisiones invisibles hasta hace poco. Esta información resulta esencial para apoyar políticas climáticas, verificar medidas de mitigación y avanzar hacia una gestión más eficiente de uno de los gases de efecto invernadero con mayor impacto a corto plazo», concluyen los investigadores del grupo LARS-IIAMA.
La investigación contó con el apoyo de científicos de la Universidad de Wuhan, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP-IMEO) y la Environmental Defense Fund, lo que refuerza el papel pionero del grupo LARS del IIAMA-UPV en la creación de metodologías para vigilar emisiones de metano desde el espacio.
Fuente: Infobae