Greenpeace hizo un llamado a las autoridades para que respondan de manera «urgente y ambiciosa» ante el nuevo récord de temperatura del mar Mediterráneo, que alcanzó los 33°C la semana pasada en la boya de Sa Dragonera, en Mallorca.
Según la organización ecologista, esta respuesta debe incluir una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), acelerar el abandono de los combustibles fósiles y reforzar la protección y restauración de los ecosistemas marinos.
«Estamos llevando al Mediterráneo a una situación sin precedentes. Cada décima de grado que gana el mar supone más energía disponible para alimentar fenómenos meteorológicos extremos y un mayor impacto sobre los ecosistemas marinos»
señaló Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace.
La organización advirtió que todas las aguas que rodean la Península ibérica y las islas se están calentando un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25°C por década. En el otro extremo de España, la boya de Bilbao-Vizcaya ha registrado temperaturas récord mensual desde abril y superó los 25,2°C en el mes de julio.
Además, los ecologistas subrayaron que la temperatura global de los océanos batió su récord histórico por segundo mes consecutivo, de acuerdo con Copernicus. La actual ola de calor marina en el Mediterráneo ha sido clasificada en categoría 4 (extrema) por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Esto refleja la situación crónica de calor que sufre este mar, donde el 100% de sus aguas han estado en situación de ola de calor marina en algún momento del año desde 2022, con temperaturas por encima de la media de forma casi continuada desde 2023. Para Greenpeace, estos récords son «una consecuencia directa» del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y del progresivo calentamiento de los océanos.
«Los océanos absorben más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático, amortiguando el aumento de la temperatura del aire. Sin ese papel regulador, las temperaturas en tierra serían aún más extremas. Sin embargo, ese ‘escudo’ está llegando a sus límites»
advirtió la ONG.
Efectos directos en el clima y la biodiversidad marina
El calentamiento del mar tiene consecuencias directas sobre el clima. Un agua más cálida evapora más humedad hacia la atmósfera, lo que proporciona combustible adicional a tormentas y episodios de lluvias torrenciales, que pueden ser más intensos y destructivos.
El cambio en la densidad del agua y la pérdida de gradientes de temperatura alteran las corrientes oceánicas. Esto contribuye a una mayor inestabilidad climática, ya que estas corrientes son fundamentales para distribuir el calor por el planeta.
El aumento de la temperatura del agua también acelera la subida del nivel del mar por expansión térmica, agravando la erosión del litoral y el riesgo de inundaciones costeras. Los ecosistemas marinos son grandes sumideros de carbono, capaces de absorber un 30% del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera.
Por otro lado, las especies adaptadas a aguas templadas encuentran cada vez más dificultades para sobrevivir y migran a aguas más frías. Las que no pueden desplazarse sufren impactos en sus ciclos vitales e incluso mortandades.
Con mayor temperatura del agua, especies propias de mares más cálidos colonizan nuevos espacios, generando un fenómeno de tropicalización, como el que se experimenta en el Mediterráneo. A ello se suma la reducción del oxígeno disponible en agua más caliente, lo que incrementa el estrés sobre los ecosistemas.
La actividad pesquera se ve alterada, especialmente las pesquerías artesanales que dependen de caladeros cercanos. Además, aumenta la presencia de especies invasoras que desplazan a la fauna autóctona, y organismos vulnerables como los corales o las praderas de Posidonia oceánica pueden superar sus límites de tolerancia térmica y sufrir episodios masivos de mortalidad.
«La degradación de estos ecosistemas marinos supone también una amenaza para miles de personas que dependen de ellos para su sustento, desde el sector pesquero hasta las comunidades costeras, cuya economía está ligada a la salud del mar»
resumió la ONG.
Fuente: Infobae