Corría el mes de octubre de 2019 en Sartell, Minnesota, cuando Kade Lovell, un pequeño de apenas 9 años, vivió una experiencia que jamás olvidará. Desde los 6 años participaba en carreras populares, y aquella mañana su meta era clara: completar los 5 kilómetros de la St. Francis Franny Flyer, una prueba organizada por una parroquia local. La lluvia torrencial y los truenos retrasaron la salida una hora, pero nada desanimó al menor, quien se ubicó en la primera fila, listo para liderar el pelotón como solía hacerlo.
La jornada incluía simultáneamente pruebas de 5 y 10 kilómetros, con rutas que compartían gran parte del trayecto. En un desvío, Kade creyó que debía girar para completar los 5 km, pero una voluntaria en el recorrido le indicó que siguiera recto. Sin dudarlo, obedeció.
“Estaba corriendo. En cuanto vi el giro de los 5 km, una señora me dijo que siguiera recto. Así que seguí recto”, relató al medio St. Cloud Times. “Estaba un poco confundido”, confesó.
Durante buena parte del trayecto, el niño corrió sin nadie cerca y empezó a sospechar que algo no andaba bien. La certeza llegó al ver un cartel que marcaba el giro del recorrido de 10 kilómetros: había recorrido el doble de la distancia prevista, más de lo que jamás había corrido, ni siquiera en entrenamiento.
“Pensé: ‘Esto no es una carrera de 5 km’”, explicó. También imaginó la reacción de su madre: “Mamá me va a regañar”.
A pesar del agotamiento y la incertidumbre, decidió seguir adelante.
“Estaba un poco nervioso. Solo pensaba que tenía que llegar a la meta. No sabía muy bien qué hacer. Estaba muy cansado y solo quería terminar”.
La angustia de una madre que no encuentra a su hijo
Mientras tanto, en la meta de los 5 kilómetros, Heather Lovell, la madre de Kade, comenzó a vivir momentos de pánico. Los competidores de su hijo iban llegando uno tras otro. Al principio creyó que solo era un mal día, pero la preocupación creció al ver cruzar la línea a otros niños con quienes su hijo solía competir. Heather pidió a su madre que recorriera el circuito en auto buscándolo, pero no lo encontraron. Lo intentaron de nuevo y tampoco hubo rastro. La situación escaló a tal punto que un bombero se preparó para ayudar en la búsqueda.
“Todo el mundo lo estaba buscando”, recordó Heather.
La solución llegó de manera inesperada: el cuñado de Heather participaba en los 10 kilómetros cuando un espectador le avisó que había un niño pequeño con camiseta roja corriendo la prueba, y que lo hacía realmente bien. Era Kade.

“Estás en un buen lío”
Cuando el pequeño finalmente apareció cerca de la meta, visiblemente agotado, Heather aún ignoraba lo sucedido. Lo vio acercarse solo y, tras los minutos de angustia, su primera reacción no fue de celebración.
“Ahí viene, entre 8 y 10 minutos después, y le grito: ‘¡Estás en un buen lío!’”, relató la madre.
El niño rompió en llanto y le explicó que una mujer le había dicho que siguiera recto. Los organizadores comunicaron a Heather que su hijo había terminado primero. Ella, pensando que se referían a la categoría infantil, preguntó si era el primero de su grupo de edad.
“Yo le pregunté: ‘¿Primero en su grupo de edad?’. Y ella me respondió: ‘¡No, primero en la clasificación general!’”, contó.
Kade completó los 10 kilómetros en poco más de 48 minutos. El siguiente corredor cruzó la meta aproximadamente un minuto después: un participante de 40 años. La edad media de los 10 primeros clasificados de la general era de 38 años. Kade les sacaba tres décadas a sus rivales.
“Estaba muerto de miedo. Pero ahora nos reímos de ello. Probablemente será una anécdota que les contará a sus hijos”, dijo su madre.
Fuente: Infobae