Lago Mead marca mínimo histórico en 90 años y agrava crisis del río Colorado

El lago Mead descendió a su cota más baja en casi nueve décadas, evidenciando una vez más la profundidad de la crisis del río Colorado en el oeste de Estados Unidos. Esta situación impacta directamente en el suministro de agua, la generación de energía hidroeléctrica y las conversaciones entre los estados que dependen de este sistema hídrico.

De acuerdo con información de Associated Press, el embalse registró 317,1 metros sobre el nivel del mar —equivalentes a 1.040,4 pies—, una cifra inferior al récord negativo previo, del 28 de julio de 2022. Según la Oficina de Reclamación de Estados Unidos (Bureau of Reclamation), se trata del punto más bajo desde que el lago comenzó a llenarse hace aproximadamente 90 años.

Este nuevo descenso ha vuelto a poner al lago Mead en el centro del debate sobre la sostenibilidad del río Colorado. El reservorio, ubicado en la frontera entre Arizona y Nevada, cerca de Las Vegas, provee agua a millones de personas y constituye una de las reservas hídricas más importantes del suroeste estadounidense.

La caída ocurre en un escenario de sequía prolongada, temperaturas elevadas y una demanda de agua que supera desde hace años la capacidad real del sistema. Además, el embalse es vital para más de 20 millones de personas, mientras que todo el sistema abastece a unos 40 millones en siete estados de Estados Unidos, comunidades indígenas y parte de México.

La Oficina de Reclamación de Estados Unidos informó que el lago Mead descendió a 317,1 metros sobre el nivel del mar, por debajo del mínimo de 2022 (REUTERS/Caroline Brehman)

Un sistema bajo presión por sequía, calor y menor nieve

La situación del lago Mead no es un hecho aislado. CNN destacó que el río Colorado arrastra más de dos décadas de retroceso, impulsado por una combinación de alto consumo humano, menor escorrentía y condiciones más cálidas y secas asociadas al cambio climático.

En la cabecera del río, en las Montañas Rocosas, la acumulación de nieve es fundamental para recargar el sistema cada año.

Ese aporte fue especialmente débil durante el último invierno. Associated Press informó que la cuenca del río Colorado presentó el peor nivel de manto nivoso del que se tenga registro, un hecho que incrementó la presión sobre agricultores, industrias, fauna silvestre y empresas hidroeléctricas. La escasez de nieve redujo el agua disponible para el deshielo y limitó el caudal que alimenta a los grandes embalses del oeste.

La red hídrica se extiende por unos 2.250 kilómetros (1.400 millas) y riega más de 2 millones de hectáreas de cultivos, según CNN. También genera electricidad suficiente para cerca de 700.000 hogares y sostiene actividades turísticas en torno a los lagos y cañones de la región. Esta multiplicidad de usos explica por qué cada retroceso de los embalses tiene repercusiones que van mucho más allá de la línea de costa.

Kathryn Sorensen, directora de investigación del Kyl Center for Water Policy de la Arizona State University, señaló en declaraciones recogidas por CNN que el lago Mead y el lago Powell funcionan como la “cuenta de ahorros” de la región, pero que ese capital hídrico se ha consumido durante años en un sistema sobreasignado y afectado por 25 años de sequía persistente.

El lago Mead, ubicado entre Arizona y Nevada, abastece a millones de personas y ocupa un lugar central en la sustentabilidad del río Colorado (REUTERS/Caroline Brehman)

El impacto sobre energía, turismo e infraestructura

La caída del agua ya ha provocado efectos visibles y operativos. En 2022, la sequía severa en el lago Mead, contenido por la represa Hoover, dejó al descubierto restos humanos y obligó a los administradores del agua en Las Vegas a bombear desde zonas más profundas del embalse para mantener el suministro a la población, recordó Associated Press.

En el lago Powell, el segundo mayor reservorio del país, el problema también ha alterado actividades básicas. El retroceso del agua dificultó el acceso desde algunas rampas para embarcaciones, que debieron ser trasladadas, cerradas o reconstruidas. La marca del descenso quedó visible en las llamadas “bathtub rings”, las franjas claras sobre la roca que muestran antiguos niveles del lago.

La tensión también alcanza a la producción hidroeléctrica y a la gestión ambiental. Funcionarios federales informaron esta semana que no liberarán agua fría desde la represa Glen Canyon, en el norte de Arizona, para proteger a una especie nativa amenazada, el pez jorobado conocido como humpback chub. La decisión busca preservar la capacidad del sistema para seguir produciendo electricidad ante niveles cada vez más ajustados.

El deterioro no se limita a estos dos reservorios. De los 54 embalses del oeste que monitorea la Oficina de Reclamación, nueve registraron recientemente su nivel más bajo en tres décadas, una señal de que la presión hídrica se extiende a buena parte de la región.

La cuenca del río Colorado registró el peor nivel de manto nivoso del que se tenga registro y redujo el aporte de deshielo a los embalses (REUTERS/Caroline Brehman)

La disputa entre estados y los recortes en discusión

El nuevo mínimo histórico llega además en medio de una negociación trabada entre los siete estados que dependen del río Colorado: California, Arizona y Nevada en la cuenca baja, y Colorado, Utah, Wyoming y Nuevo México en la cuenca alta.

Desde hace años, esos gobiernos intentan acordar cómo repartir un recurso que ya no alcanza para cubrir las asignaciones históricas.

Como no hubo consenso, el gobierno federal avanzó con una propuesta transitoria. La Oficina de Reclamación de Estados Unidos planteó un marco de operación de 10 años bajo el cual los estados de la cuenca baja podrían enfrentar recortes conjuntos de hasta 3 millones de acre-pies por año, una cantidad que, según CNN, bastaría para abastecer a unas 9 millones de familias promedio en Estados Unidos.

El secretario del Interior, Doug Burgum, sostuvo que el esquema ofrece flexibilidad para responder a cambios en las condiciones hidrológicas y al mismo tiempo deja margen para que los estados continúen buscando una solución de consenso más estable. Según ese reporte, en los próximos días se conocerían pautas operativas para los siguientes dos años, con reducciones cercanas al 20% para la cuenca baja hasta 2028.

J.B. Hamby, presidente del Colorado River Board of California y directivo del Imperial Irrigation District, declaró en Associated Press que el nuevo piso del Mead resulta “extremadamente significativo” y “extremadamente preocupante”, y remarcó que unos 30 millones de habitantes de la cuenca enfrentan riesgos directos por la situación del embalse.

Modelos elaborados en julio por autoridades federales anticipan que el lago podría seguir bajando durante buena parte de lo que resta del año.

Fuente: Infobae

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