Betty Boop: la estrella caniche que venció a Disney y la censura

En los albores de los años treinta, la animación apenas daba sus primeros pasos y solía exhibirse como un breve preludio antes de los largometrajes con actores reales. Las cintas eran cortas, de tramas sencillas y reiterativas, y dos estudios dominaban la escena: uno era Disney, hoy un coloso del entretenimiento; el otro, casi olvidado, respondía al nombre de Fleischer Studios. La pugna entre ambos era feroz, aunque cada uno seguía su propio rumbo: en California, Disney apostaba por cuentos de hadas que pronto serían su sello inconfundible; en Nueva York, Fleischer construía un universo citadino, sórdido y a menudo peligroso para sus criaturas. Fue precisamente en 1930 cuando Max Fleischer logró una hazaña única frente a su rival: convertir a un personaje animado en una celebridad tan magnética que el público acudía a las salas únicamente para verla. Ese fenómeno era Betty Boop.

Betty Boop le dio a Fleischer Studios su gran triunfo sobre Disney en 1930, cuando se convirtió en una estrella de la animación capaz de llevar público al cine por sí sola

La Betty Boop que todos recuerdan hoy es una flapper de la era del jazz: vestido corto sin tirantes, liga asomando sobre la rodilla y enormes aretes. Sin embargo, su origen fue muy distinto. Debutó el 9 de agosto de 1930 en el corto Dizzy Dishes como un caniche francés antropomórfico, de actitud provocativa, creado por Fleischer para satirizar a las divas de la pantalla. En aquella séptima entrega de la serie Talkartoon, era apenas un papel secundario: la pareja de Bimbo, un perro igualmente humanizado. Se rumoreó que los artistas se habían basado en Clara Bow, estrella del cine mudo de los años veinte, pero la verdad es que el personaje era una caricatura de Helen Kane, cantante y actriz que se hizo célebre en la cultura flapper por su frase “boop-oop-a-doop”, un tipo de scat —improvisación vocal con sílabas sinsentido— que popularizó en el tema That’s My Weakness Now. Betty lucía orejas caídas de perro y una voz chillona al entonar, casi idéntica a la de Kane.

Tras diez cortos con esa estética animal, el éxito la llevó a evolucionar: Max Fleischer la transformó en una figura humana. Las orejas de perro se convirtieron en aros circulares, y su nariz oscura dio paso a una pequeña y fina. A diferencia de Minnie Mouse, su contemporánea, Betty dejó de ser una mera compañera para convertirse en la dueña absoluta de su propia historia. En 1932, el diario The New Herald la definió así:

“Betty tiene dos protagonistas masculinos en cada película. Cuando eso le sucede a la mayoría de las estrellas femeninas, se sienten halagadas. Pero Betty Boop da por sentado que Bimbo y Koko servirán de telón de fondo para su talento en cada producción. Betty tiene, además otro motivo de fama. Es la única estrella de cine que usa menos ropa que Jean Harlow”.

Inocente y sensual

En las tramas, Betty era un personaje plenamente consciente de su poder sensual, que lo usaba a su favor sin abandonar del todo su candor. Un artículo de Film Daily, también de 1932, retrataba esa dualidad:

“El señor Fleischer le dio un rostro de muñeca con esos ojos de niña, pero también una figura madura con curvas sensuales y una languidez de tocador en su andar”.

Esa sensualidad a menudo se volvía un arma de doble filo, pues los hombres la acosaban sin cesar, buscando relaciones que ella no deseaba. En Boop-Oop-a-Doop (1932), título que hace eco a su famosa frase, Betty interpreta a una artista circense que, al volver a su camerino, se encuentra con su jefe, quien intenta abusar de ella. Logra escapar gracias a Koko el Payaso y entona: “No pudo quitarme mi boop-oop-a-doop”, una clara referencia a su virginidad. En She Wronged Him Right (1934), aparece con los ojos llorosos ante su casero, a quien no puede pagar el alquiler. “Pagame o casate conmigo”, exige el hombre, y en un aparte hacia el público, añade: “Ahora la tengo en mi poder”. En Chess-nuts, un rey la lleva a una habitación con claras intenciones, pero ella vuelve a zafarse.

Los cortos de Betty Boop combinaron inocencia y sexualidad, y mostraron tramas de acoso masculino

Aunque Betty siempre escapaba, estas historias se apoyaban en el humor de ver a una mujer perseguida por un hombre. La historiadora de medios del MIT, Heather Hendershot, lo analiza así:

“La idea es que en esa época resultaba intrínsecamente gracioso que las mujeres de dibujos animados fueran agredidas o perseguidas. En ese sentido, Betty es un personaje más desarrollado que otros personajes femeninos de la época, pero su desarrollo no es necesariamente positivo. Es estupendo que sea un personaje real, pero es un personaje problemático”.

Dos años antes de que Disney estrenara Blancanieves (1937), Fleischer incluyó a Betty en una versión del cuento en un corto de siete minutos, repleto de imágenes oníricas: el rostro de la malvada reina que se convierte en huevos fritos en una sartén, un tocón de árbol que pelea con Bimbo y Koko, y a Betty dentro de un ataúd de hielo que los siete enanos en esquís transportan montaña abajo. En la mitad del filme, la leyenda del jazz Cab Calloway, asiduo musicalizador de estos dibujos, interpreta un tema inquietante, apareciendo primero como Koko y después como un fantasma.

Betty Boop debutó en Dizzy Dishes como un caniche francés antropomórfico y tomó rasgos de la cantante Helen Kane, incluida la frase “boop-oop-a-doop”

Hacia 1934, Betty Boop brillaba con luz propia en el firmamento animado, pero también se había convertido en un dolor de cabeza para Fleischer Studios. Ese año, Helen Kane demandó al estudio por plagio, alegando que le habían copiado su apariencia, su voz y su estilo. La batalla legal se resolvió a favor de Fleischer, quien presentó pruebas de que ese estilo ya era usado por otras cantantes antes de Kane.

Helen Kane demandó a Fleischer Studios en 1934 por plagio de la voz, la apariencia y el estilo de Betty Boop, pero el estudio evitó una condena con pruebas previas

Acosada por la censura

Pero el mayor reto llegó en 1935 con la implementación del Código Hays para las películas animadas, que imponía estrictas reglas sobre sexo, baile, drogas, vulgaridad y crimen. El código estipulaba:

“No se permiten besos excesivos ni lujuriosos, ni abrazos lascivos, ni posturas ni gestos sugerentes”

y en cuanto al vestuario prohibía “exposición indecente o inapropiada”.

Para sortear la censura, el personaje y sus historias tuvieron que mutar. Betty pasó a ser una mujer mayor —en sus inicios era una adolescente de inaceptables 16 años—, más alta y recatada, con vestidos que cubrían las rodillas y sin la liga que hasta entonces era su sello distintivo. Un artículo del Central New Jersey Home News lo resumía así:

“Los estudios Fleischer habían renovado a su estrella. Ha perdido la mayor parte de sus rizos, las joyas y las curvas. Se viste de forma más recatada; ya sabes, por la censura”.

De esta manera, las aventuras de Betty perdieron su creatividad, su extravagancia y su riesgo, volviéndose historias domésticas y moralistas. Koko el Payaso fue reemplazado por el excéntrico inventor Grampy, y Bimbo dio paso a Pudgy, un cachorro. Ya no tenía que esquivar las insinuaciones masculinas; ahora batallaba por bañar a un Pudgy travieso o atendía las mil demandas de un hotel.

Fue el principio del ocaso para Betty Boop. Aquella versión correcta y apocada perdió el favor del público, y el problema se agravó con la irrupción de otra estrella del estudio: Popeye el marino, un personaje mucho menos conflictivo y enormemente popular. En 1939, Fleischer Studios fue vendido a Paramount y la producción de Betty Boop llegó a su fin. Parecía el cierre definitivo de una carrera breve pero intensa: Betty había sido el primer personaje de animación reconocido como ícono femenino. Pasarían años para su resurrección.

El Código Hays de 1935 obligó a cambiar a Betty Boop, suavizó su vestuario y sus historias, y aceleró la caída del personaje frente al ascenso de Popeye

La tele, el cine y el musical

En 1955, una nueva generación redescubrió a Betty. Paramount vendió la mayoría de sus cortos anteriores a los años cincuenta a una distribuidora televisiva, y así las aventuras de la estrella comenzaron a emitirse en las pantallas estadounidenses a través de U.M.&M. T.V. Corp. y, posteriormente, de National Telefilm Associates (NTA). Los cortos también llegaron a la Argentina, donde se volvieron furor entre los niños.

Los tiempos habían dado un giro: el Código Hays había desaparecido y Betty recuperó la esencia de sus orígenes, convirtiéndose en un símbolo del movimiento contracultural de los años sesenta. En 1974, Ivy Films compiló varios cortos en una película titulada The Betty Boop Scandals, y después NTA lanzó otra recopilación, Hurray for Betty Boop. Al mismo tiempo, la figura de Betty se multiplicó en el merchandising, con vestimentas que reaparecían en cada época pero manteniendo la sensualidad original. En 1985, la cadena CBS emitió el especial The Romance of Betty Boop, protagonizado por ella. Tres años más tarde, la animación dio el gran salto a la pantalla grande con una breve pero inolvidable intervención en la ganadora del Oscar ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

En 2025, la criatura de Max Fleischer dio un nuevo paso al frente en un terreno inexplorado: el teatro. El escenario fue el Broadhurst Theatre de Broadway, con el musical ¡Boop! El Musical, compuesto por David Foster (música), Susan Birkenhead (letras) y Bob Martin (libreto). El espectáculo consiguió 11 nominaciones a los premios Drama Desk, la cifra más alta para una producción de 2025, de las cuales ganó tres, y también fue candidato a tres premios Tony. La obra está repleta de guiños para los seguidores de la animación y, a la vez, introduce con sutileza los avatares históricos de Betty para los recién llegados.

En el musical, Betty aparece más humana que nunca. Al inicio, se rehúsa a hablar sobre sus comienzos como aquella caniche francesa antropomórfica de orejas caídas que debutó en un corto de siete minutos el 9 de agosto de 1930. Cuando alguien menciona el tema, ella se limita a responder:

“Fue hace mucho tiempo. No me gusta hablar de eso”.

Fuente: Infobae

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