Renato Cisneros: cómo transformó su apellido para librar a sus hijas de secretos

En la novela “Dejarás la tierra”, el escritor Renato Cisneros se sumerge en los recovecos de su árbol genealógico, explorando cartas, mitos y silencios que han marcado a su familia durante generaciones. A través de una minuciosa arqueología íntima, el autor reconstruye fragmentos de la historia de su linaje, logrando que la sexta edición de esta obra demuestre el creciente interés por los relatos de origen. La memoria se convierte en un campo de batalla donde se decide qué secretos permanecen ocultos y cuáles salen a la luz. En esta travesía, la historia familiar se transforma en una pregunta vital: ¿qué verdades decidimos desenterrar y a qué costo se transmite el apellido?

Nicolasa, la verdadera fundadora

La genealogía de Cisneros guarda una figura central: Nicolasa, su tatarabuela, quien, ante la imposibilidad de reconocer al sacerdote como padre de sus hijos, inventó para ellos un progenitor ficticio. El escritor relata cómo, al principio, la leyenda del tatarabuelo sacerdote le pareció una simple curiosidad, pero años de indagación le permitieron comprender el verdadero alcance de esa ficción fundacional.

La invención de Nicolasa no solo protegió a sus hijos del estigma social de la época, sino que instauró una tradición narrativa que él reconoce como el origen mismo de su vocación literaria.

“Ella, en el momento en que inventa un padre figurado para esos siete hijos, que son hijos del sacerdote, y rellena partidas de bautizo con el nombre de ese hombre que no existía, empieza, sin saberlo, a construir el legado de la ficción. Un legado que siglos más tarde yo recojo sin habérmelo, sin haberlo buscado, pero que lo encuentro ahí”.

En este universo, las mujeres adquieren un protagonismo central. Nicolasa, al inventar una historia para sus hijos, funda la tradición de la ficción familiar y sostiene, con su silencio y su valentía, la continuidad del linaje.

“Las familias terminan saliendo adelante gracias a las mujeres… no gracias a, sino a veces a pesar de los hombres”.

La novela rinde homenaje a esas figuras invisibles que, desde la sombra, han tejido las verdaderas historias de la familia.

La investigación genealógica se convierte así en un gesto literario y vital. Cisneros anima a los lectores a incomodar el relato heredado, a preguntarse por los orígenes y a leer la historia personal con la misma seriedad que la historia universal.

“Sabemos muy poco de la gente que más amamos… Si rascamos un poco más en ese territorio, encontramos a un abuelo, una abuela, que también tenían sus propias dificultades. Me he reconocido en algunos gestos de mi abuela, de mi bisabuela, en decisiones, conductas de gente a la que no conocí, pero a la que estoy íntimamente ligado por pertenecer a un mismo clan”.

Escribir para sanar: la paternidad y “la vida en gerundio”

Al reconstruir su genealogía, el autor no solo busca comprender el pasado, sino cortar el círculo de secretos y dolores que se repiten de generación en generación. “Las heridas se van repitiendo porque se heredan, hasta que alguien viene y las pone por escrito un poco para cortar ese círculo vicioso de la repetición”, afirma. Poner en palabras los traumas permite ejercer una autoridad sobre ellos y transformar el dolor en entendimiento.

La herencia que Renato Cisneros desea dejar a sus hijas no es material, sino narrativa. “Creo que todo libro le traslada a sus lectores preguntas incómodas, o así debería ser… Espero que mis hijas en el futuro sepan leer estas dos novelas, y espero que las perturben un poco, que se hagan esas preguntas que yo me hice en su día de exactamente de dónde vengo, porque esa pregunta me parece central”.

Años de cartas antiguas, partidas de nacimiento y relatos silenciados. Así se gestó Dejarás la tierra, la precuela de La distancia que nos separa con la que Renato Cisneros consolidó su propuesta de literatura sobre la memoria. (Diego Casimiro)

La familia, en la visión de Renato Cisneros, no es un bloque de certezas inmutables, sino un espacio de transformación donde cada generación tiene derecho a volver sobre su historia y a reescribir su propio relato. La escritura, en este sentido, es una forma de liberar a los hijos del peso de los secretos y de permitirles construir una identidad propia, en movimiento.

El autor rechaza las etiquetas fijas y prefiere definirse en gerundio, en tránsito: “Defínete en gerundio… Ahora mismo soy escritor, ahora estoy siendo más hijo, ahora estoy siendo más padre, ahora estoy siendo más esposo… La familia, para mí, es una trama en la que cada generación puede interrogar, reescribir y sanar”.

Este diálogo refleja la herencia que desea dejar Cisneros: entregar a sus hijas —y a los lectores— la libertad de indagar y de transformar el linaje, con la certeza de que la memoria, lejos de ser un peso, puede convertirse en el lugar donde la verdad y la diferencia educan para la vida.

Fuente: Infobae

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